sábado, 27 de octubre de 2012

Museo Ghibli

De nuevo varios acontecimientos en una entrada...
Que si la pre-boda de Sho y Sayaka, bolera, estudio Ghibli...

El día de la pre-boda llegó. Y pese a no traer ropa para ocasiones como ésta, fui muy apañada a la fiesta. Luciendo mi nuevo haori, del cual estoy enamoradísima.
Mine me dijo que debía un par de horas antes para ver las tiendas que hay bajo el Sky Tree. A mí me sobró una hora. Mientras que vas y vienes entre las tiendas tienes una hora asegurada, pero como no me detuve en tiendas de ropa (precios estratosféricos que no tenía ni planteado mirar si quiera), pues fue todo más rápido.
Así que me tocó esperar fuera un poco a que los novios llegaran. Muy guapos ellos dos con trajes tradicionales japoneses.
Una vez dentro Mine, Kumiko y Natahn nos encontramos. Era un pequeño restaurante, pero la verdad que muy acogedor. Sho y Sayaka direon un discurso y luego un pequeño concierto (ella canta y él es batería, pero toco la caja, acompañados por un amigo guitarrista). Con su "somewhere over the rainbow" entre otras, y canciones propias. Muy emotivo.

Nathan y yo esperando a la comida... qué hambre teníamos, dioses

Bueno, y qué comida. Nos pusimos los cuatro las botas, entre tomate con mozarella; chocolate blanco, paella, tapas super ricas, carne, y fondeau de queso... y tarta de crepes de postre. Muy rico todo...

Nos fuimos un poco antes de que acabara la fiesta, a las once, porque era, a su vez, la fiesta de despedida de Adrièn, nuestro compi francés que se va mañana domingo.

Un Akachan de lo más mono: Ito

¡Qué globo más kawaiiiiii!

El siguiente lunes teníamos una fiesta de los staff en la bolera, en Tokyo Dome. T.Dome tiene el estadio de baseball más grande de todo Japón (y techado ,del mundo dicen algunos), y un parque de atracciones (en plena ciudad).
Y bueno, algún pleno cayó, pero por supuesto cayeron 0 bolos tirados más de una vez... 
La vuelta fe a patita, porque justo en ese momento, salían no sé qué X% de las 55.000 personas que puede albergar el estadio... pero vamos, 40 minutos andando no está tan lejos.
Al llegar a Akiba, Max, un chico francés me dijo que si nos quedamos. Al principio acepté, claro, Akiba... pero luego le dije que las cosas iban a estar cerradas a las diez que eran. Así que varios hemos quedado este domingo para que les enseñe la ciudad de las luces.

ya os digo yo que no estoy perdiendo peso 
Y por fin llegó el día en que Sayaka y yo íbamos a ir al Museo Ghibli.
Ambas quedamos en la estación de Kichijouji, un nombre la mar de gracioso cuando lo dicen por el altavoz del tren. "kichiyoooooyi, kichiyoooyi des" (así lo dice el altavoz) porque Sayaka tenía que dar una clase antes.
Teníamos el pase comprado para las dos, el museo sólo admite cierto número de personas al día para que no hay aaglomeraciones y tienes que llegar a la hora y comprar el ticket días antes. Así que estuvimos dando un paseo por el parque en donde se sitúa el museo durante un rato antes.
Es increible, verdaderamente increible, el tamaño de algunas arañas de este país. El otro día vi una pequeñaja, como la moneda de un céntimo, ¡pero daba unos brincos muy interesantes! Y en el parque vimos más de dos más grandes que una galleta María... daban un poco de mediti... te pica eso y tenías que morirte seguro porque tenían unos colores...
Al llegar al museo te dan en la entrada un pase con una tira de film de una de las películas producidas por el estudio. Creemos que a mí me tocó el inicio de "La bruja Kiki" y a Sayaka estoy segura de que le tocó "Ponyo". Con ella puedes entrar al cine a ver un cortometraje del estudio.
Dentro del museo no se pueden hacer fotos. Según Miyazaki evitamos aglomeraciones y que al gente sólo se dedique a sacar fotos en vez de prestar verdadera atención al museo en sí (que también es cierto).
Sin embargo, el Museo, como algunos pueden pensar, no tiene muñecos y esculturillas de los personajes para que puedas fotografiarte con ellos (a excepción de un par en el tejado). Sin embargo, tiene una sensibilidad artísitica que me encantó.
Se puede ver cómo serían los estudios, llenos de libros de referencia,  no sé cuántos botes de pinturas diferentes, bocetos, fondos originales de películas... Muy interesante.
Por otra parte ves cómo hicieron, por ejemplo, la animación del gatobús de Totoro. Para poder recrear genial el movimeinto de las ¿8? patas que tiene, hicieron la animación en diferentes modelados del gatobús cambiando el movimeinto de las patas, y así obtuvieron un movimiento fluido. A mí me apreció increible esta parte. A través de una luz parpadeante, y un movimiento muy rápido de las figuras ¡se mueven!
Os pongo un vídeo para que os hagáis mejor idea del museo por dentro. 


  

En el minuto 1.20 se muestra lo que os comento de la animación. Una pena que el vídeo se vea tan mal, pero en la realidad además de caérseme la mandíbula inferior... no podía dejar de mirar. Creo que estuvimos mirando Sayaka y yo alrededor de 6 veces... gira, para, gira, para...

En este vídeo hablan de "La Tumba de las luciérnagas", si no la habéis visto deberíais. Aunque no creo que me hagáis caso la mayoría...
Os dejo el trailer, a ver si os entran las ganas... 



Algunas de las fotos aquí van


arañas gigantes


en la azotea encuentras esto...


son los bichitos del polvo de Totoro

con una llama/alpaca la mar de maja
Después del Museo fuimos a visitar tiendas, que a Sayaka le apetecía y al final de la tarde fuimos a cenar a un restaurante de comida thai y de esta parte del pacífico.

Hoy hemos empezado a abrir las ganas de halloween. En el bar khaosan nos íbamos a reunir varios staff disfrazados y hacer una"procesión" hasta Senso-ji (el templo de la sandalia).
La verdad es que no tenía ni idea hasta media hora antes que Mine me ha preguntado si tenía plan. "¿No? Pues vamos a una fiesta".
Así que me ha pedido que fuéramos de Osos amorosos, y a eso que hemos ido.
ya vestida con el oso amoroso hasta los tobillos

en el metro nos preguntaban. Halloween, halloween

Intento de corazón amoroso birrioso

¡todos los participantes juntos!

Y dentro de poco ... Kamakura, Nikko... y clase de Kendo...







viernes, 19 de octubre de 2012

Ronin, Arquitectura y Nakano

Menos mal que voy apuntando lo que voy haciendo cada día, porque sino, llegados a este punto, sería incapaz de recordarlo y contároslo.

Nos quedamos en Shinjuku... pero bien es cierto que no recuerdo qué hice los días siguientes ni lo tengo apuntado... (si antes abro la boca...). Así que supongo que me quedaría estudiando o algo similar.

Aún así, no os voy a dejar sin nada que leer.
El sábado tenía una cita, muy pronto. Una cita con el korokoro y con la mopa para limpiar baños a las 8 de la manaña: me tocaba el turno madruguil.
Aunque pensándolo bien, a mí me gustó. Trabajé con una paz tremebunda, porque así me lo dijeron, y las tres horas se me pasaron en nada. Cuando me di cuenta, eran las once y ya tenía el día libre para mí. Así que es un buen trato. Sí.
"Señorita", dice el conductor
Después de esta cita, tenía otra mucho más interesante. Mika se había prestado a enseñarme Iidabashi. Un lugar que no era frecuentado por turistas. Así que , con guía y todo, ya tenía el plan hecho.


La salida de la estación

¿A que es mu' salado?

Con la calle a nuestras espaldas

Unas cuantas estaciones de tren y llegamos. Una bonita estación junto al río, y una gran cuesta (es que Tokyo es muy llano) a la que enfrentarnos. De hecho, hasta encontramos un bar español que se llamaba "La cuesta".
En aquel lugar, todo eran tiendas. Que si de chuches, comida, y de objetos varios. Mika se conoce la zona gracias a su "profesor" de japonés. Lo entrecomillo, porque el tipo en sí no es más que un idol que, además, tiene un programa de televisión donde meustra lugares interesantes. Y viendo esto (y me imagino que estudiando), Mika aprendió japonés (ella es koreana). Así que recorre los sitios que su sensei la enseñó.
Primero fuimos en busca de una escalera muy acogedora, donde había gente mayor pintando. En esta ciudad crecen los señores mayores pintando como setas... aquí, en la estación central, en el parque... y madre mía, qué destreza con las acuarelas...
las escaleras famosas
También estuvimos en la tienda de Peko-chan... no sé si tiene algo que ver, pero ella es una niña golosa y cuando tienes hambres el estómago (en japonés) te hace peko-peko... ¿tendrá relación? Pues ésta tienda es la única en la que hacen unos dulces de Pekochan. Son blanditos y con crema por dentro, con forma de pez.
En Tokyo son muy típicos estos peces, y están la mar (chiste in-side) de ricos, pero en esta ocasión la cara era la de la cría.
¡Peko-chan!




Y como había que comer algo consistente, pues fuimos a la primera tienda de pan con crema de la ciudad. Una panadería la mar de cuca. Y el bollo, una maravilla, vamos.
Bueno, es que cuando hacen dulces, los japoneses se pasan. Qué ricos que están...
Encontramos una tienda de chuches muy barata, según Mika, porque yo no tengo ni idea de precios de chuches aquí. Así que también nos hicimos con unas cuantas de ellas.

Haciendo el bobo in extremis


Al fondo un templo. Se me acercó un perro y no se quería marchar de mi lado. Guau

el bollo con crema

Tras dar una buena vuelta por sitios basatante bonitos tuvimos que volver. Claro, que se hace de noche. Pero realmente llegamos a la hora exacta para tomarnos en el albergue unos buenos spaguetti a la carbonara.
Y luego para echarme una siesta, que se suponía que sería de una hora, pero resultó ser de dos y media.
En fin...

Al día siguiente tocaba trabajar, pero Uramoto-san, el señor que me regaló el repollo, los globos de papel, el bolso del oso, etc. pues nos dijo a Katrin y a mí que fuéramos a ver los Jardine Imperiales tras comer.
Qué día más espectacular.
´Partiendo de la idea de que este hombre es la mar de interesante. Tiene tres trabajos: enveroiment... no sé a qué se refiere exactamente con ello; es también dentista/odontólogo o algo así; y diseña obis (cinturones de los kimonos). Pues, partiendo de que este hombre es palífacético y pluriempleado porque le da la gana, fuimos a que nos contara cosas de los jardines. Y es que son su sitio preferido de Tokyo.
Nos invitó a comer a un restaurante aquí al lado, y luego para llegar a los jardines fuimos en taxi... ¡TAXI! En Tokyo... la bajada de bandera cuesta 7 euros para que os hagáis a la idea, pero luego no cuesta por tiempo, sino por kilómetro. No llegó a los 10 euros, pero madre mía... ¡EN TAXI!
Uramoto, Katrine y la comida


Un japo-taxi (pero éste no abría automáticamente la puerta, cachis)

Así que pudimos disfrutar de los jardines un poco más apaciblemente. Nos contó qué era antes cada cosa.
Aunque hablaba en japo, Katrin, que tiene bastante nivel le seguía; yo en algunas cosas sí, y en otras me las imaginaba porque ya me sabía la historia del lugar...
Y a la vuelta fuimos dirigiéndonos hacia Ginza por una calle llena de luces en los árboles. Bueno, no sé si las quitan, porque hace dos años ahí estaban...
Entramos en la tienda de un museo, el Mitsubishi, y vimos que se vendían cosas por valor de 7.000 euros... madre mía. Nunca había visto nada tan caro en una tienda de museo...

pero qué majos somos


ese es el banco donde todos los días se para a leer cuando está en Tokyo

y al fondo , el campo de golf imperial

Con nuestra bebida calentita

Y por si fuera poco... no, no compró nada ahí, tranquilicémonos. Pero nos invitó a un Sturbucks la mar de rico y qué bien vino leche calentita, porque comenzaba a llover y a levantarse un poco de fresco...
Y la vuelta pretendía hacerla en taxi, pero ya le dije yo que eran dos paradas de tren (que yo me conozco bien ya todo eso), y que era directo. Así que en 9 minutos estábamos ya en la puerta del albergue plantados.
"Fernando", decía Uramoto-san. Fernando y Juan son dos karatekas que han venido a dar un curso hiper importante (sólo vienen unas 400 personas de todo el mundo) en Tokyo, y a éste hombre le han hecho gracia los dos andaluces.

Con los dos españoles super karatekas
La verdad es que son un espectáculo, uno en japonés, y los otros dos en andaluz-castellano, pero se entendían entre copas de sake y de vino español. Auqneu a veces me tocaba mediar.
Pues esa noche, compró un buen sake para los tres y un tipo de sushi compacto muy especial. Y entre todos que nos lo comimos.

Como había sido un día de trote decidí que al siguiente día sería mejor trabajar el estudio y no el cuerpo. Pero ya lelgaban lso días libres y tenía planeado irme lejos...
Bueno, no era muy lejos; era por la zona de las Geishas. ¿Os acordáis?

EL martes fui a ver la tumba de los 47 ronin. Una historia que Mariajo me contó hace tiempo y que me pareció muy interesante.
Pero yo ahora no tengo para nada fuerzas para contarla. Eso sí, os dejo el link de la wikipedia para que lo leáis y os entretengáis un rato. Aunque no creo que lo hagáis.
http://es.wikipedia.org/wiki/47_r%C5%8Dnin

Mostrando mis respetos a Oishi
Tengo que añadir libélulas al manga.

Oishi tenía una cantidad de incienso ingente...


Estos tipos me sirvieron de inspiración para el manga que estoy haciendo con Alberto, "Bushidou"; así que ir a rendirles un poco de culto creo que no sobraba.
En llegar apenas tarde 30 minutos hasta la puerta, pero la vuelta fue otro cantar.
Me resultó un lugar muy austero. Mucha gente va a rezarles, como héroes patrios o algo similar. Por suerte, ese día no estaba lleno, pero siempre había gente. Como vi que se les podía dejar incienso prendido, compré una vara y fui dejándoles uno a uno el inciensito.
Tras esto, poco más allá de la una de la tarde me pregunté ¿y qué hago con mi vida ahora?. Tenía pensado ir a Nyngyocho, que Uramoto me había dicho que era un bonito distrito a media hora andando del nuestro. Y como tenía que volver, pues decidí hacerlo andando.
Bueno, luego me di cuenta que había vuelto andando desde Shinagawa. Mis compañeros del albergue me decía, pero ¿es posible volver desde Shinagawa? Pues claro, pero creo que mis cinco horas y algo tardé.
En el camino me topé con el mercado de pescado, que de madrugda es todo un espectáculo, con la torre de Tokyo (cuando estaba casi a sus pies me fijé que era la Torre y pensé, madre del amor hermoso qué lejos estoy, qué hago aquí), y despue´s de comre seguí andando.
¿Cómo narioces he llegado HASTA AQUÍ?
Me paré en un par de tiendas a mirar cositas y a seguir mi camino.
Llegué a Ningyocho bien. Realmente nunca estuve cansada, pero fue un poco raro andar tanto sin música (no porque no tuviera), sin nadie con quien hablar (que no me molesta) y todo recto (eso es un poco cansino porque es aburrido). Un templo la mar de majo y pequeño donde creo que hay algo relacionado con los lazos vinculantes de madres e hijos, o algo así.
Allí me encontré el triforce de Zelda, pero es que es el símbolo del clan japonés de los Hojo. Las cosas que se aprenden.
El clan Hojo se acerca...

una tienda de chuches junto al templo

Creo que buscan pareja
Se meustran platos de plástico y en la máquina compras un ticket
Y de allí al albergue.


En ese momento, Mine me da una hoja con el mensaje de una mujer que es antropóloga y que está haciendo un estudio de solteros de Manchester y de Oosaka... ¿Qué tienen en relación? Pues me lo contó en un inglés del norte un poco cerrado y me enteré de la mitad.
Aún así, ella me dijo que quería ir a visitar un maid café de chicos. En un principio yo creía que era un maid para ir a concoer gente: una barra y la gente se sienta a los lados para ponerse a hablar. Ella me dijo, yo te lo pago, no quiero ir sola. Pues vale, una experiencia nueva.
Pero no, no era eso... el maid, era un maid de chicos vestidos de maid chicas. Todo muy raro o interesante, según se vea.
A mí me pareció interesante. Luego intercambiamos opiniones sociológicas (ya veis lo que puedo opinar sobre ello).
El chico que nos atendió fue super majo. Yo creía que era la única tía del local hasta que Sharon dijo, realmente pareces una chica y él contestó ¿en serio? Muchas gracias. Entonces ahí, ya fue un apga y vámonos. La voz era de chica incluso.
Lo gracioso del tema es que no son transexuales, no quieren ser chicas, sólo disfrazarse de ello. De hecho, alguno hacía gestos muy exagerados, pero no cómo gay siquiera. Creo que se asemejaba más bien a... no sé. A algo.
Tras esta experiencia, y volver andando de Akihabara, que no está lejos; pero sumado a todo el paseito del día, pues se notaba. Acabé rendida en la cama.
Pero el despertador sonó: tocaba ir al Museo de Arquitectura al Aire Libre de Tokyo. Aunque no está en la ciudad de Tokyo, sino a lo que sería las afueras. Una hora casi en transporte público y luego más de otra media hora andando.
Son tres minutos en autobús desde la estación decía el anuncio. Pues no me lo creo , fíjate tú. Pero el caso es que llegué.

Me queda sólo una zona de Tokyo por visitar Museos ¡ El de la fotografía!
Un museo que más bien... es un parque con casas plantadas. Dicen que son las casas en sí... pero yo no sé si son las originales o hechas al milímetro. La verdad es que es una gozada poder ver una calle del siglo XIX tal y como era, y las casas por dentro. Además, están los voluntarios (tres hurras por ellos) e hice con ellos una pulsera. Además, en una casa que era algo de un shogun estaban haciendo té de la forma tradicional, y ahí me senté con ellos.


calentito, calentito


mi pedazo de cacho de chocodorayaki


Al salir ya era tarde, las tres y media, pero por suerte tenía un dorayaki (de mentirijilla, porque era de chocolate) realmente gigantesco en la mochila.
Era hora de volver a la estación y luego a Nakano.
Nakano tiene un corredor con multitud de tiendas. Nakano Broadway, se llama. Espectacular. Cámaras de segunda mano, componentes informáticos y el Mandarake, entre otros. El Mandarake nació aquí, una tienda que recopila cosas otaku de segunda mano. Puedes encontrar cosas la mar de viejas y la mar de caras. Muñecos de dos centímetros de alto que valen 100 euros... a saber qué serán. Y esculturas de 7.000 euros... a tamaño real. Impresionante.
No sé cómo describirlo realmente.


no quiero saber la cantidad de dinro que hay ahí dentro
LOCURA

Esta figura más grande que yo rondaba los 7.500 euros

A lo mejor en otro momento de mi vida podría, pero son las dos de la mañana y la mente empieza a fallar.
Así que es hora ya de cerrar esto.
Al menos, tenéis una larga historia que contar a vuestros nietos. Ah,no. Ésa seré yo.



y hoy, trnaquilamente con Sayaka ¡ya tenemos entradas para el museo Ghibli!