viernes, 14 de noviembre de 2014

Donde el sol nace

Hace más de tres meses de nuestro regreso a España. Si bien aún me quedan cientos de fotos que editar, no pude esperar para editar el vídeo del que os hablé en la última entrada.
¡Enamorada he quedado de mi Nikon!

Aquí os dejo el resumen de quince días de nuestro viaje al país "Donde el sol nace"


jueves, 7 de agosto de 2014

Parque de Ueno, museos y Onsen

Creo que como Mamá Pato he llevado a mis patitos por todos aquellos buenos lugares que he conocido en anteriores  versiones de Aún sigo viva. Hoy, como día extra, hemos ido a recrearnos al Parque de Ueno. 

Gema y Raúl han ido al zoo a ver animalitos (vivos), Hernán y Pablo a ver animalitos (muertos) y yo al Museo Nacional, que es el que me restaba por ver. Que menuda colección tienen estos japos en el Museo. Una pena que tenga tan poca idea de arte e historia asiática, porque lo hubiera disfrutado mucho más. Desde muñecos de terracota japoneses, armas koreanas, la primera katana curva de Japón, Kimonos o estampas del ukiyo-e.

¿Qué hubiera mejorado? Pues el no ir durmiéndome por las esquinas. Entre el ir sola, el sueño acumulado y la iluminación "única" de las piezas en el museo (que no ayudaba nada), he tenido un par de momentos que me veía durmiendo en el suelo tirada. A lo mejor no se enteraba nadie, porque los japoneses se duermen en cualquier lugar ( haré una entrada con aquellos a los que Pablo ha fotografiado durante el viaje). ¿Consecuencia? Otra foto a nuestro álbum de "españoles dormidos en Japón. Grandes cazadas del ayer y del hoy". Yo dormida en unas escaleras esperando a que nos encontráramos.

Después de la mañana lúdico educativa, hemos ido (a la otra punta de Tokyo ciudad) a relajarnos. Un merecido onsen para finiquitar este viaje. Al entrasr en la sala para cambiarnos, una señora me ha comentado que la toalla que llevábamos no podíamos pasarla, así que han llamado a recepión para que nos trajeran una más pequeña que pudiéramos pasarla a las piscinas. Tampoco teníamos champú y gel, pero una señora mayor me ha dado dos botecitos. Cómo se nota que no ven a occidentales por allí. Amabilidad ante todo, excepto la mujer del mostrador que parecía que no nos miraba con buena fe.
Una vez dentro, nos hemos enjabonado, duchado y a las piscinas. Aguas con minerales la mar de relajantes. La caliente con chorritos, 45 y 40 grados, La helada a unos supuestos 21 (que una vez que te metes en el agua de Gredos, y la comparas, asumes que no son 21). Por supuesto, y tal y como el sueño de Hernán requería, el onsen tenía que tener piscinas al descubierto. Si bien, no eran las típicas con jardincito, estar en una piscina de agua termal caliente, mientras te da la semi brisita se agradece.
Allí dentro nos hemos encontrado con una japonesa que ha comenzado a hablar español porque de pequeña vivió en Madrid. Curioso cuanto menos. La gente que conoces en un onsen. Ha sido divertido cuando al salir de una piscina he pedido a dos niñas de unos 8 años que me dejaran salir y se me han quedado mirando- Quizá porque nunca habían visto a una occidental en pelotahh (en un onsen vas desnudo) o porque les he hablado en japo. La cuestión es que se me han quedado mirando y al rato han aparecido en mi misma piscina fuera. Me miraban y cuchicheaban (a 50 cm. de mí) han hecho una cuenta atrás y se han lanzado las dos a lavez a preguntarme que de qué país era. Más graciosas.... Una de las grandes pruebas de fuego en un idioma; los niños. 
Acabado nuestro tiempo hemos vuelto al albergue para hacer el checking del avión y comenzr a recoger. Hemos cenado en nuestro restaurante de Akiba, que no defrauda nunca. Cerrando el ciclo.
Mañana nos despediremos de la ciudad y volveremos a la nuestra... 


Parece que este viaje se ha acabado, pero aún quedan por editar mis mal de 1,000 fotografías (literalmente), las mismas de Hernán. Ordenar, ver vídeos y montar el gran vídeo de nuestro viaje. Prometo subir a los dormilones japoneses y espero también hacer lo propio con el vídeo reportaje.


Escribo el final del blog 4.0 con los openings de One Piece de fondo que ha puesto el chico de recepción de Ninja. Al final sale la lagrimilla que no se escapó ayer en Odaiba...


Hasta la próxima Japón

またね!

Cumpleaños en Tokyo ¡felices 26!

Pese a que el día 6 de agosto no es plato de buen gusto para los japoneses, nosotros hemos dejado el pabellón bien alto.

Por la mañana nos hemos acercado al Palacio Imperial, allí donde juega al golf el emperador. Y sí que tiene que jugar a menudo porque vimos a unos cuantos operarios cambiando el césped. Qué bien se lo monta el Emperador.


Con un calor terrible, tan terrible que había lombrices secas en el camino, caminamos entre los cuatro árboles que hay alrededor de la llanura y luego por un jardincito japonés con sus linternas de piedra, su estanquito con carpas y su puentecico. Descubrimos un riego automático y no tardamos ni una vuelta en meter la cabeza en su territorio. Raúl salió bien parado, pero al resto apenas nos mojó. Así que, en un alarde de clarividencia divina, Pablo "taponó" el pitorrillo de una fuente para mojarnos a todos. Frescos por un rato, menos mal.
Hay que decir, que antes habíamos ido a la estación central de Tokyo para verla. Una estación que parece sacada de finales del siglo XIX entre rascacielos por todos lados.
Pero con todo y esto, y pese a ser un recorrido bonito (con calor no gana puntos), mis acompañantes tienen ya el callo de visitar Japón y no se sorprenden tan fácilmente.
Nuestro siguiente destino era el edificio Shueshia, donde está la sede de la Shonen Jump. Lo intentamos buscar antes, pero no hubo manera de encontrarlo y retrasamos el plan. No lo habíamos encontrado porque mi memoria sitúa edificios manzanas más adelante de su situación real, y así, pues no se pueden encontrar la edificios, claro.  La cuestión es que entramos en una tienda o empresa (realmente en este país no sabes de qué va el asunto hasta que te has metido en la tienda, porque en muchos casos los escaparates brillan por su ausencia) y un vez dentro, muy majos (como todos en este país, excepto el japonés que pegó a Pablo en el pie) nos imprimieron un mapa para que llegáramos al destino.


Y allí estábamos nosotros, frente al edificio de la Shonen Jump que tantas alegrías y penas nos ha dado. Yo tenía que entregar un dossier de Expomanga allí, pero como en este país nadie hace nada si no lo tiene en su agenda, no me dejaron entregarlo. De hecho, ni el de seguridad de la puerta me dejó acercarme a la mujercilla de secretaría para preguntar si lo podían coger. Vamos, que tenía que pedir una cita para poder dejar un sobre. Un poco de locos el asunto, pero cualquiera les hace entrar en neurosis. Quita, quita... A estos japos les sacas de sus quehaceres y se descuadran. Pero la visita fue productiva: entramos en una galería de la empresa en la que había un par de estatuas y dibujos originales de la Shonen.


Aún era pronto para comer, y teníamos que llegar a Odaiba, así que decidimos acabar en un restaurante de sushi antes de coger el autobús que nos llevara a Odaiba. Otro objetivo tachado de la lista.
Cogimos un bus hacia Odaiba la mar de fresquito. Y al llegar a la "casa" de los Niños Elegidos, sólo hubo momentos de admiración. Mi recuerdo de Odaiba era, en resumen, Gundam Gigante, bonito atardecer, mucho calor y Miraikan (museo de robótica con el gran Asimo), pero esta visita aumentó el ranking de la isla artificial. La feria que nos encontramos, con una parte dedicada a One Piece pudo con nosotros. Banderas ondeantes, esculturas al máximo detalle, y una película holográfica que hacía ver reales a nuestros amigos de One Piece interactuando con el entorno (real) que había, como escalersa o toneles. Aquí os dejo un ejemplo, de una diva virtual en su concierto (que creo que en su día ya os mostré).




Después de casi echar una lagrimita en la película, fuimos a ver el puente Arcoiris (suena todo tan ñoño como parece) y la Bahía de Tokyo. Cuando os decimos que es la ciudad de los niños elegidos de Digimon es que los escenarios son tal cual.




Como no podía ser de otra forma, después de haber grabado todos nuestros vídeos, tuvimos que hacernos la foto que tocaba para acabar este viaje.

Tras este periplo, al que sumamos una vuelta por el Aquacity (un gran centro comercial que tiene durante estos días una tienda de Shonen Jump, y en la que encontré mi caprichito de cumpleaños - un Merry más majoooo...-) volvimos al albergue para cenar con mis amigos. Pese a que los quesos se echaron a perder (es uan historia que no quiero revivir, porque la pérdida de un queso es muy dolorosa), pudimos cenar tortilla de patata y unos ricos postres que trajo Sayaka.
Y como la noche es larga (y somos jóvenes, como siempre nos dice Uramoto-san) nos fuimos a darlo todo al Karaoke. MariCarmen, tienes un hijo y un sobrino que podrían hacer un festival del humor.
Unas  horas tremendas entre risas y canciones.


Definitivamente, un cumpleaños inolvidable :D ¡GRACIAS, CHICOS!











cumpleaños en Tokyo

3,29 a.m. stop
Acabamos de llegar del karaoke. Stop.
Cumpleaños inolvidable. Stop.
Mañana se reportará el informe detallado. Corto y cierro.


martes, 5 de agosto de 2014

Hakone: ¿vistas al Fuji?

Para apartarnos un poco del mundano ruido de la gran Tokyo, hoy hemos visitado Hakone. Siendo una de las grandes excursiones que se recomiendan desde la capital nipona por visitar zona de onsen, de aguas termales, uno de los cinco lagos del Monte Fuji y unas vistas increíbles del mismo.

A las siete menos cuarto ha sonado el reloj. Hay que tener en cuenta que hasta llegar a Hakone hay que ir un cercanías, tren, funicular y teleférico; toda una odisea. Lo primero, coger la línea que más se llena a diario en Tokyo: Sobu line. Por suerte, a las 8'15 ya no había mucha gente, y además se bajaba una gran cantidad en Akihabara (la estación siguiente a la nuestra). Desde Shinjuku, donde hemos comprado un pase de transporte para movernos en Hakone, hemos ido en tren. Más de una hora. Suma y sigue.

Por si fuera corto todo este trayecto, durante el mismo, Pablo ha ido a dar con el único japonés agresivo: el pegador. Pablo se ha cruzado de piernas con un sutil movimiento, y al subir el pie sobre la rodilla rozaba el pantalón de nicho nipón. Con un rápido gesto, no sólo le ha chistado, sino que el japonés le ha dado un guantazo con la palma abierta al pie de Pablo como si fuera un mosquito.
 Por si fuera poco, pese a que la aplicación del tiempo nos había dicho lo contrario, comienza a chispear según llegamos a la primera estación de la montaña. Porque montaña era: hemos ido a una combini, para no perder las costumbres, y el pueblo nos ha acogido con una cuesta la mar de hermosa. Después de tener la barriga llena, nos hemos subido al funicular hasta la parte alta.

De nuevo, una parada sin mucho más que hacer que seguir ascendiendo. Las aguas termales naturales, donde cuecen unos huevos llamados "onsen tamago" o "kuroi tamago" nos esperaban después de subirnos al teleférico. Problema, escrito decía que por viento fuerte podían cortar en cualquier momento el servicio. ¿Quedarnos nosotros sin el barquito, sin los huevos oscuros y las vistas al monte Fuji? Jamás de los jamases. Así que metimos a tres con vértigo en el trasto y tiramos para abajo. Unas vistas espectaculares, las nubes bajitas y un viento no demasiado fuerte. Entonces alcanzamos la cima de la primera de las montañas y la nada apareció. Realmente era eso, la nada. Tal niebla que no se veían los árboles ni cuatro metros más allá de la cabina del teleférico.

Esperando que Fuyur viniera a por nosotros


 Con una llorando y con otro agarrado al asiento como si le fuera la vida en ello, seguimos avanzando hacia ninguna parte. Y a ninguna parte llegamos, una estación en lo alto de una montaña. En medio de una nube y con un viento importante (muy intenso todo) llegamos a un museo de Geología donde nos a indican dónde están las aguas termales en las que se hacen los huevos cocidos famosos. Unos minutos de subida, dejando a los lados riachuelos de agua tibia y blancuzco... ¿sales minerales? ¿cal? Fuera lo que fuere veíamos como el vapor de agua salía de entre las piedras del camino. Al llegar arriba, unos minutos después, nos encontramos con un par de fuentes termales que emanaban de la tierra. Un tipo metía los huevos en cajas en el agua y al cabo de un rato los sacaba cocidos. ¡Estaban negros! Entre el azufre, el calor cogían ese aspecto. Science, Mister White! Por supuesto, hemos tenido que probarlos. Eran más suaves que los que conocemos, pero un huevo duro al fin y al cabo.


Oh, alabado seas, kuroi tamago

De nuevo nos esperaba el teleférico, pero esta vez la impresión no ha sido tan fuerte como encontrarte en cuestión de dos minutos que todo el paisaje ha desparecido.
Ya bajábamos al lago Ashi, veíamos el galeón que nos llevaría al otro lado. Pero para nuestra non grata sorpresa, por el viento y las nubes el barco no daba servicio. Vamos a buscar información, a ver si un meteorólogo o el de la taquilla, aunque hubiera estudiado ADE, nos pudiera indicar cuándo volvería a zarpar el barco. Nada, nadie sabía nada. El barco se quedaría amarrado durante el día. Pues la gracia ha sido mínima. El barquito era un gran aliciente, pero contra viento y marea poco se puede hacer, así que hemos cogido un autobús que nos llevaba al otro lado del lago. Pero parece que hoy no es nuestro día, por delante de nosotros aparece el galeón español atravesando el lago. Es como el Show de Truman queriendo ponernos a prueba en cuanto a desesperación y a cordura (no ha sido tan exagerado, claro).



El susodicho galeón

Un poco resignados, hemos pasado por el torii y el templo famosos del sureste del lago. Entre acres que se plantaron hace unos cuatrocientos años para hacer más llevadero el camino. Y es que, en Hakone había un paso de aduanas que en la época Edo cubrió la ruta entre la actual Tokyo y Kyoto. De nuevo otro barquito , y esta vez ya n nos hace ninguna gracia. Seguimos avanzando hasta el lugar donde íbamos a coger el barco, pero apenas media hora antes ya no daban pases. Damos por descontado ver el Fuji, por supuesto. La niebla cubre todo el lago. Sólo nos podemos reír al ver un cartel que dice " éste es el mejor lugar para hacer una fotografía al Monte Fuji por estos lares".



Por la puerta grande...

¿Aún hay tiempo de ir a un onsen? Por qué no. Esperamos a un autobús y una vez subidos nos damos cuenta de que nos llevaría en el sentido contrario. Bajar y esperar a otro. Ya es tiempo perdido. Descubrimos que a partir de las cinco de la tarde, algunos autobuses no ofrecen servicio. En este país hay que levantarse a las cinco si te vas de excursión, esta visto...  Siendo un poco pragmáticos, decidimos dejar la misión onsen para otro día. Volver a Asakusa bashi nos va a llevar más de dos horas y media...

lunes, 4 de agosto de 2014

Día de metro

Si bien he podido decir en otros viajes que me conocía la ciudadde sde la superficie, el metro de Tokyo apenas lo había pisado en más cinco ocasiones en la suma de las otras ocasiones que estuve en la ciudad. Teniendo el JR para las largas distancia, no me planteé coger el transporte subterráneo.

Sin embargo, hoy las distancias que íbamos a recorrer eran inviables a pie, así que ayer decidimos coger el pase de un día de metro para que no nos saliera por un ojo de la cara y poder atravesar Tokyo sin ningún problema. Hay que destacar que el metro de esta ciudad lo tienen dividido entre dos empresas, por lo que tuvimos que hacer cálculos antesde comrpar el billete combinado para saber si merecía o no la pena. Por supuesto, compensaba.

Nuestra primera parada ha sido la tumba de los 47 ronin, el templo de Sengakuji. Un lugar que no aparece en las guías (quizá ahora, con la película que lleva el mismo nombre se ha hecho más famoso). Una pequeña parcelita con 47 tumbas de aquellos que estuvieron años planeando la venganza hacia un hombre que deshonró a su señor. Todo acabó con el sepukku, y de ahí a la tumba.
Como voy con unos cuantos que tienen el volumen un par de tonos por encima de la media japonesa, les he pedido que me respeten a mí y que se comportaran en el lugar. Objetivo cumplido, una carita sonriente para ellos. Ya he desistido de hacerles callar en el metro, son españoles, no puedo cortarles los siglos de evolución gutural. Darwin es fuerte en ellos.
Tras colocar mi inciensito reglamentario en las tumbas y presentar los respetos, hemos vuelto a sacar el ticket de metro para nuestro siguiente destino: la Torre de Tokyo.
Que desde el templo se podía ir andando, sí; que hemos pagado por el metro de hoy, también. Así que no íbamos a gastar las suelas de las zapatillas (que también las pagamos en su tiempo) y hemos vuelto a bajar a las profundidades.
La Torre de Tokyo es alta, muy alta y no hemos podido evitar (como buenos turistas) acercarnos hasta la base para hacer unas cuantas fotografías. Con sus singulares muñecotes mascota, en forma de caracono, y unas flores indicando el aniversario, la Torre nos ha dicho hola. ¿Qué pasa? que nosotros no le hemos devuelto el saludo. Su prima, el Tokyo Metropolitan Hall, nos había acogido en sus alturas, gratuitamente ayer. Torre de Tokyo, molas desde abajo, pero no nos interesas mucho más.
Mientras íbamos hacia ella, hemos pasado por un templo bastante grande. Las vistas eran muy interesantes: un gran templo tradicional de madera con la Torre de Tokyo a sus espaldas. Además, un pasillo con figuras de niños arropados con trapitos de crochet y molinillos a los lados (¿tumbas de bebés?). Quizá triste, pero una estampa muy muy bonita.

Preparando nuestros vídeos en la Torre de Tokyo


Cuando ya hemos grabado nuestros usuales vídeos bajo la Torre, hemos girado 180 grados en dirección al centro Pokemon; no sin antes parar al McDonalds a por unas bebidas (he creado un monstruo con Pablo...). Realmente el centro Pokemon es una tienda con cincuentamil chuminadas. He de decir que es una pena que no guarden más amor en forma de merchandising de los pokemon de primera o segunda generación (toda mi decepción al coger un peluche que parecía Ampharos y ha resultado ser su súper evolución). Aún así no han faltado las fotos reglamentarias, Pokeball en mano con Charizard, Pikachu abrazable, Charmander abrazable... Todo muy "able".

La masterball que la pifió al no capturar a Mewtwo


Y tras que el oni-consumista acabara con nuestra alma, hemos vuelto al metro de Tokyo. Ikebukuro, here we go!. Nuestra visita al simulador de terremotos era visita obligada, Ikebukuro (tras conocer Akihabra, no tanto). Tras un vídeo con la profundidad temática y moralista (aunque más práctico) que un capítulo de Teo, hemos pasado a aprender a utilizar un extintor, cómo salir de una casa en llamas y qué hacer en caso de terremoto. Pese a ser mi segunda vez en este lugar, no me dejo de sorprender por la impresión que da ver cómo una mesa agarrada por cuatro adultos puede moverse y deslizarse por el suelo con tanta facilidad por la fuerza de la tierra.

¿Dónde hemos comido hoy? Nuestras vacaciones gastronómicas nos han llevado a un restaurante en el que hemos disfrutado (al menos yo) con un plataco de comida muy interesante. Además, nos han dado una sopade miso. ¡Madre de dios! Eso es otra de las cosas que se deberían exportar.
Por la tarde, obviamente llegando en metro, hemos ido a ver una escultura que han plantado (va sin comillas porque es literal, el bicho sale del suelo, como una seta) en una esplanada: Godzilla. Un bicharraco de 6 metros de altura en conmemoración de la película. Comparado con el mierdi bicho de medio metro de Ginza, esto es un Kaiju en toda regla.

El bicho que se comió al tiburón ballena

Nuestra última parada ha sido el Tokyo Sky Tree, el pirulí de Tokyo. Obviamente proporcional en tamaño a la extensión y a la población de la ciudad, como supondréis. Un cacho de pirulí, vamos.
A la vuelta, nos hemos encontrado con Sayaka y hemos ido a cenar al Yakiton, una tasca (pero bareto cutroso japonés súper rico) donde se sirve todo tipo de carnes. Tenía yo ganas de volver...

Y como viene siendo usual, las fotos serán mañana. Ahora a dormir, queda un largo día a Hakone. Esperamos volver renovados con las aguas termales y con unas preciosas vistas del Fuji.







domingo, 3 de agosto de 2014

Hoy hemos tocado el cielo. Incluso, casi casi, hemos ascendido más allá de la nube de polución que cubre Tokyo.
Hoy hemos subido en ascensor la friolera de 45 pisos en "apenas" unos segundos y hemos tenido una de las ciudades más pobladas del mundo a nuestros pies.
Hoy hemos atravesado el cruce más transitado de la tierra y hemos admirado pantallas que recorren edificios.
Hoy hemos andando por las calles de la locura de la moda y por el pulmón de Tokyo.
Hoy hemos conocido a cazadores de bichos y fotografiado a una novia japonesa.
Hoy me he reencontrado con la gran Sayaka.


Hoy.



La pequeña calle de Takeshita dori que no decepciona

Menuda panda de cíclopes

Estos aparatitos son la mar de útiles. ¡Te limpian las gafas que da gusto!

Tras una larga caminata, llegamos al Tokyo Metropolitan Hall

Tokyo a nuestros pies

La marabunta se prepara para cruzar... 3,2,1...



Asakusa, Ueno y Akihabara

El calor que tenemos por Tokyo es de manual. Abres la RAE buscando calor y dicta así: Dícese del bochorno y las altas temperaturas que se vven en Tokyp a inicios del mes de agosto.

Hemos conseguido secar la ropa tras metrla de nuevo en la secadora (por separado) y luego dejarla todo el día colgada para que el calor terminara su tarea.

Hoy ha sido día de andar. Nos hemos movido por un área pequeña de Tokyo (teniendo en cuenta que el área metropolitana -que no la ciudad.- ocupa lo mismo que el País Vasco) y en media hora recorríamos las distancias enter espacios. El primer punto de partida era, como no iba a ser de otra manera, el albergue (aunque casi nos quedamos ayer durmiendo en la lavandería). A partir de aquí, y en menos de media hora, llegaríamos a Asakusa, al famoso Templo de Sensoji conocido por su enorme linterna de la ¨Puerta del Trueno". Tuvo que ser muy espectacular hace tan sólo cien años, con su musiquita, la gente atabiada con sus yukatas de verano, y los puestecillos de comida alrededor del templo mientras sonaban las chicharras. Qué idílico. Ahora hya muchos puestos, mucha mpusica, pero también mucho guiri (donde nos incluimos) que se acerca a los puestecillos a olisquear qué´se vende.

Nuestro siguiente destino ha sido Ueno, que siempre es accesible en JR, pero nosotros, como mochileros, lo hacemos a pie (hasta que se ordene lo contrario). Aún no pegaba el sol en lo alto, pero para evitar algunos minutos de solanera hemos entrado a "Don Quijote" un gran centro comercial donde puedes encontrar de todo. Desde zapatillas de plástico blando con forma de garra de dinosaurio, hasta calcetines con dibujos de arroz. Pintoresco lugar donde los haya.
Aún así no nos encontrábamos con la valía suficiente como para afrentar el siguiente tramo de sol de media hora y hemos pasado a nuestro querido Daiso a comprarme una gorrita la mar de mona que conoceréis en la siguiente fotografía, y posteriormente a un McDonalds a por un buen batido. Sin mbargo, al ver un gran vaso de 660 ml, de Fanta (de mora) la decisión ha cambiado, Gorra y refresco en vena, todo lo que se necesita para llegar a Ueno de una sola pieza.

La gran linterna de la puerta del trueno en nuestras manos

Desde Asakusa con amor

Viva la fanta de mora

Ueno es un parque la mar de tranquilo donde hay algunos de los museos más importantes de la ciudad, así como el zoo (barajamos la posibilidad de ir si tenemos tiempo). La verdad, el zoo de esta ciudad es una gozada por tener a los animales tan cerca de ti, sólo con la distancia de un cristal ( http://aunsigoviva.blogspot.jp/2012/09/zoo-de-ueno.html  , mi experiencia hace dos años). Además, en primavera es un parque que tiene que ganar mucho al tener los cerezos en flor. Sin mucho más qu ver, y difrutando del paseo, hemos ido hacia Akihabra donde pasaríamos la tarde.

Akihabara, ese lugar donde puedes echar las horas muertas en cada una de sus tiendas: muñecos, figuras, manga, tecnología, chicas disfrazadas... No hay mucho que contar de esta tarde. Tarde de compras, llena de nuevos descubrimientos para los novatos en Japón.
Por fin, al acabar, hemos podido ir al Sega Building a hacernos unas Purikura. Otro descubrimiento para ellos. Dioses, cuánto he echado de menos estas máquinas durante estos dos años. Mi bolsillo da gracias a que no existan en España...

El paraíso de los gashapon


Rebuscando mangas


La máquina


En principio, teníamos intención de ir a ver unos fuegos artificales, pero lo hemos aplazado para verlos otro dpia y aspi ir relajados por la tarde. Aunque no hemos acabado la noche igual... Sino en un karaoke. Llegando a ser bastant frustrante al comienzo por no saber cómo manejar la tablet que busca las canciones, y siendo nulamente ayudados por los camareros del lugar, hemos conseguido descifrar la manera más rápida de añadir canciones. La próxima vez no nos vcencerá la máquina del demonio...




Resultado final... volveremos a por más









viernes, 1 de agosto de 2014

Nikkō, el gran santuario de Tokyo

Hay cosas que se deben hacer una vez en la vida. Según los japonses, no debes llamar a nada maravilloso si no has visto Nikkō. Entre las montañas (que en otoño tornan rojas - os paso el enlace para que veáis las fotografías al final de la página http://aunsigoviva.blogspot.jp/2012/11/nikko-productions-ig-kendo.html ) se encuentran una serie de santuarios y templos muy dignos de visitar. Un lugar que parece que me bendice o maldice para verlo con lluvia.

Nos hemos levantado un poco más tarde. Cuando digo un poco es un poco (15 minutos tan solo), porque si perdemos nuestra disciplina militar acabamos saliendo a la calle a las 11 de la mañana, y a esa hora casi ha anochecido en este país. Sabiendo el horario de los trenes que nos llevaba a más de dos horas de camino de la gran urbe, es todo más sencillo (bendita Hiperdia). Unos más y otros menos, dormimos en los diversos trenes que nos llevaban hasta Nikkō. 

Hasta que no llegamos a la estación de trenes principal no nos dieron información de la zona (yo tuve en su día un pase de bus y de templos que ya no se vende y no sabía llegar), y por suerte a tan sólo 20 o 30 minutos andando se encuentra el complejo de templo que comienza al cruzar un templo sagrado. Que ya puede ser sagrado de verdad, porque costaba 300 yenes llegar hasta él. Imagino que ese dinero irá destinado a comprar sal caústica para limpiar culquier residuo que los mortales dejamos en terreno sacro.

El puente sagrado
Obviando tal detalle, nos internamos en el bosque, con sus escaleras (recordemos que estamos en una montaña y que si no tienes un par de esclavos que te lleven, tendrás que subir a patita las escaleras y cuestas). Raúl, como buen ciudadano, se dedicó a limpiar el río de una asquerosa cremallera que había tirada en él. Una carita feliz para Raúl.

La mujer de información nos indicó, en un perfecto inglés, que teníamos que visitar dos templos. El complejo tiene muchos, pero esos dos eran indispensables. Al primero llegamos y nos encontramos que una parte estaba en reconstrucción (van a reconstruir cada pedazo de templo levantado en el territorio nacional para que todo esté perfecto para las Olimpiadas), pero no podíamos echarnos atrás. Era el gran templo que muchos conocen por los 3 monos que se tapan ojos, orejas y boca (vamos, los del WhatsApp, pero los genuinos) y también cuenta con una sala donde un dragón ruge si el monje se lo pide (realmente es un truco barato de física, pero los japoneses no paraban de decir "OHHH, OHHH"). Pero algo sorprendente de los japoneses es que hacen todo lo contrario que las setas, en cuanto comienza a caer la primera gota de lluvia corren como locos a soportales a guarecerse. Yo creo que la pesadilla de la lluvia negra de Hiroshima aún retumba en sus cabezas´y por si acaso, prefiren no jugársela. Nosotros, como el patio de mi casa, nos empezamos a mojar, pero nos permitió quedarnos solos en Nikkō durante unos minutos. La tormenta se acercaba y los goterones eran más grandes, y aunque no seamos japoneses no somos tontos, también fuimos a cubrirnos a la entrada de un templo. Más lluvia, más lluvia´menos japoneses y más lluvia. Calados hasta los calzoncillos (que alguno no lleva) tuvimos que salir a seguir con el recorrido cuando el tiempo nos dejó. Otro templo importante quedaba antes de volver. Los chicos subieron escaleras arriba. Y creemos que llegarían hasta el cielo, porque Hernán bajó con una flecha dorada de Buda. 

No escuches al demonio, no hables con el demonio, no mires al demonio
Empapados es poco

Ya de vuelta a la estación, comenzó a caer la de Buda y, pese a que el sitio estuviera vacío (nos habíamos jurado no volver a hacerlo) Raúl vio una carta interesante y nos metimos a comer. La primera impresión: una anciana japones, mezcla de las abuelas de Ghibli y la bruja de Hansel y Gretel nos da unas toallas para secarnos (que luego nos regala, qué mujer más maja), y nos ofrece un menú. Narices, las 4 de la tarde, eso bien podría rozar una pronta cena japonesa... No había ramen u otras comidas autóctonas, pero la comida bien buena estaba. Al acabar, nos regala papel de origami y unas grullas como las que nosotros hicimos días antes. ¿Esa mujer no había tenido clientes en meses? Y por si fuera poco, corrió detrás de nosotros bajo la lluvia para devolver las gafas a Raúl...

Casi llegamos a la estación. Calados hasta los huesos, cómo no. Zasca, meto todo el pie en un pedazo de charco (donde seguro bien podría vivir el tiburón ballena) y no sólo me empapo, sino que salpico a una guiri que estaba "secando" con esmero el paraguas". No contentos con ello, Gema se acerca "!Rodea el charco! !Por ahí no!" le gritamos Raúl y yo. Zasca, con los pies juntos se mete de lleno en el charco, del salto rompe el bolso y ducha a la guiri ya nombrada (adviértase la cara de odio infinito de la mujer). Duchados de la cabeza a los pies, esperamos al tren de vuelta. Al menos no tenía el aire acondicionado puesto. Tendemos las toallas, como si algo fuéramos a lograr; y yo, me quito con toda mi gracia la zxapatilla, el calcetin y lo escurro en el suelo del vagón. Así, como si fuera la ducha de mi casa...

Ni toallas, ni gorros nos han salvado de la ira de los dioses

Ya en Tokyo nos toca lavar la ropa, un trabajo estúpido porque no hay ni que elegir el programa de la lavadora. Igualmente, agarramos nuestra ropa y los cincuenta pantalones de Gema y los metemos a la lavadora (y punto). Bah, sin ningún problema, esto entra. Entrar entra, pero las leyes físicas de los fluidos, líquidos y similares hacen que la lavadora nos deje tirados a medio lavado. Mientras que niños de varios grupos de f{utbol (pratocinados por ASICS) van y vienen de hacer su colada, nosotros nos quedamos mirando la lavadora.

Meanwhile...
Mientras tanto... Hernán, Pablo y yo vamos a un 7Eleven. Entonces, Mika-chan aparece con una amiga !pero qué maja que es Mika! Les presento a la pareja de primos y Pablo, con toda su buena educación saluda a un chico que andaba por allí. Todo random, pero ojo, educación ante todo.

? Y cómo arreglamos la lavadora? Pues no hay más narices a sacar la ropa, enjuagarla bien y meterla en la secadora. Al menos, al llegar a un peso, ha vuelto a funcionar. Sin embargo, no hemos logrado secarla, así que nuestro cuarto parece ahora el mercadillo de los miércoles de abril, por eso de la lluvia y de la ropa mojada.

Mañana amaneceremos, esperemos que con algo seco y sin ningún resfriado después de tanta agua entre pecho y espalda. Iremos a agradecérselo a la diosa Kannon del templo de Asakusa, pasear por sus mercado, al Parque de Ueno, y esperemos, al final, ir a Akihabara. Tengo mono de Purikura.

Inu amoroso. Objetivo cumplido







jueves, 31 de julio de 2014

Kamakura, Enoshima y Yokohama: la costa tokyota

No puede haber día que no actualice, ése es uno de mis objetivos en este viaje. De momento, un objetivo se ha cumplido: hacerme una foto con un Shiba. Mucho perrete, mucho perrete, pero no tenía foto con él. Ahora ya lo he tachado de la lista. Y encima un cachorro estrujable, aunque a duras penas se dejaba tocar. ¿Qué lavado de cerebro les hacen a estos perros japoneses para que se dejen acariciar por mí tranquilamente? Ya van dos shiba a los que me acerco y que no me dejan. Entiendo que la ardua vida del mochilero a veces pueda apestar, pero somos mochileros aseados, vamos , de muda diaria. El problema no debería ser ése...
La cuestión es que plantearse objetivos está bien: grabar el semi-videoclip de "We Are!" de One Piece, que va por buena marcha; que los que se estrenan en Japón prueben el natō ( muchas vacaciones gastronómicas, pero no creo que se atrevan a probarlo), conseguir un yukata... Muchas cosas, poco tiempo.
Pese a no haber andado mucho durante el día de hoy, no hay día que no acabemos agotados. Hoy nuestro destino ha sido Kamakura, Enoshima y Yokohama. La primera fue capital durante un tiempo, al igual que Nata y en ella hemos ido a visitar tres templos. Luchando contra viento y marea (ojalá fuera así y tuviéramos unos grados menos) llegamos al primero de ellos.
Pienso que debería sentarme a estudiar las diferencias entre jinja y tera, sintoísmo y budismo y empaparme un poco más de aquello que visito...
El sol apretaba, pero no por ello íbamos a dejar de ver dos templos más que nos han sugerido. Uno de visita obligada: con el gran buda en el recinto. Al primero dee ellos se llegaba tras 900 metros de cuesta. ¿Para qué? Para verlo desde la puerta. Nosotros no vamos a dar estrellas Michelín, pero si nos quitan a nosotros alguno, pues bienvenida sea la caminata. Vuelta al punto de partida para ir a ver al gran buda de Kamakura: un gran bicho donde los haya hecho de bronce. En su día hubo un edificio sobre él, pero un tifón se lo llevo y acabaron construyéndolo en otro lado. El edificio, en buda lo dejaron ahí por no mover 21 toneladas de cobre. Ahí es nada...
Cogimos el trenecito de Enoden para acercarnos hasta el punto de la costa frente a la isla de Enoshima. Pero era hora de comer. ¿Dónde? Aquí os parece bien, pues para dentro. El gran restaurante del ramen más insípido jamás tomado. A partir de ahora, restaurante vacío, restaurante que no probamos, como bien dice Gema siempre.
Armados de valor, cruzamos un puente bajo los halcones para llegar a Enoshima. Una bonita isla con templitos y miradores.  Una pena que haya habido calima y no se vean el monte Fuji o la isla de Izu. Tampoco ha habido arañas gigantes ni gatos gordos, sin embargo, hemos descubierto unos bichos que en forma de plagan pueblan la costas bajas de la isla. Asumo que ese bicho mutará en halcón o gato en algún momento de su vida para regular la biodiversidad.
Poco más quedaba en Enoshima (el sueño hace su trabajo y escribir bajo presión horaria no ayuda), así que tras andar por la playa unos minutos (por cierto, qué caca de playa tienen los japos) nos hemos vuelto al Enoden para ir al tren de Yokohama.
Yokohama fue uno de los grandes puertos japoeneses, y no ha perdido la intensa vida del puerto desde entonces, ahora está lleno de color y de luz que hacen de Yokohama una ciudad genial para ver, si tienes el JR Pasa y no importa ver la zona en poco más de hora y media.
Mañana Nikko, según los japoneses no puedes decir que algo es precioso si no has visitado este lugar.
Recuerdo Nikko con el momiji (cedeo  japonés), todo el monte rojo, salpicado con nubes bajas y chispeando. Simplemente, maravilloso.













Osaka. Castillo, calor y tiburones ballena...










Ya de vuelta a la cosmopolita Tokyo. A la gran ciudad de los neones. Aún quedan dos días de excursiones, pero sentimos las recreativas, las luces y los karaokes muy cerca. Dejamos atrás la tierra del yaki por la tierra que vio a la primera generación Pokemon: Kanto.
Tras un relajante baño en el hotel, dormirmos como pudimos con la cabeza apoyada en un "saco de canicas" (Leed el libro, fin del spam).
Nos quedaba ver Ōsaka con la luz del sol. El castillo de la ciudad sería la primera visita. Dejando las maletas en el hotel, cogemos el JR (jei ar, como bien dice nuestra smsble recepcionista) para ir hacia el monumento. Al llegar a la estación central y situarnos frente al vagón, descubrimos que a nuestro destino son 90 minutos. ¿,Tanto? Algo no me cuadra... No recordaba que fuera un viaje tan largo, pero la memoria de una puede fallar... Entonces Hernán, da con la solución del evidente problema. Pretendíamos ir a Himeji, pero nuestro verdadero destino era Ōsakajō... Aún estaríamos en el tren si lo hubiéramos cogido. Pero no os creáis que no nos ha gustado la experiencia de los trenes...
Sin dificultad expresa (más allá de casi recorrernos medio kansai por confusión), hemos llegado al castillo de Ōsaka. Para ello, el espíritu de los Tokugawa nos ha hecho atravesar una dura prueba: conseguir pasar a través de un bosque con cientos de chicharras. Una party todo loca tenían montada. Una vez dejada de lado la maldición de los 10.000 bichos, hemos bordeado el castillo hasta llegar a su imponente base. No contento con verlo, Hernán nos ha hecho buscar una supuesta torre no para conseguir hacer la foto del castillo con la torre a su lado tal y como internet mostraba. A nosotros nos ha parecido harto complicado conseguir tal vistas, pero hemos seguido a Hernán para que lograra su caprichito. Obviamente no lo ha logrado, pero que luego no diga que ha sido porque no le hemos seguido. Ha resultado ser, que al igual que yo me iba a Himeji (por puro renombre), Hernán había visto fotos de este castillo en el bendito Google. Si lo que yo os cuente de Ōsaka es poco...

!locura de calor!
Nuestro siguiente destino era kaiyukan, el acuario. Y viendo que eran casi las once, hemos parado a comprar onigiri en un conbini para hacer el recorrido del acuario sin pasar hambre. ¡Quién sabía cuánto tiempo íbamos a estar contemplando al gran tiburón ballena, la gran atracción de este lugar! Aquí ha comenzado nuestro periplo por las lineas de ferrocarril japonesas: Hernán ha ido a preguntar cómo llegar, pero ha desconectado - según él- porque el trabajador del JR le hablaba del metro. Vamos a la vía uno, comenta. Bien, allá vamos, tiburón ballena.
Una tras otra las paradas pasaban, incluso el parque temático de la Universal. ¿Os he dicho ya que si vuelvo a esta ciudad es para ir a este lugar? Bien, pues ninguna era la del acuario. El tren se para. Mucho tiempo. Y más. Bien, lógicamente ése no era nuestro tren. Pero como de todo se sacan momentos divertidos, Raúl os cuenta éste:

Perdidos de camino al acuario. El metro parado. Solos en el vagón, salvo por tres japos más dormidos que despiertos. Grandes bolas de.pelusa rdsndo desde hace rato por el andén.
Raul y Pablo intercambian miradas y palabras. Desafiantes, se ponen en sus marcas con el temor de no poder volver. Tensan sus músculos y el caer sordo de una gota de sudor de la salida. Se lanzan raudes como el viento, paso a paso compitiendo por ver quién es el mejor. Sus zapatillas resuenan, enmascaradas por el zumbar del aire al pasar y el chirrido de sus dientes por el hercúleo. Entregan el testigo y vuelven patinando sobre sus suelas mientras hacen acopio de sus últimas fuerzas. El calor golpea inclemente mienta que el sudor nubla su vista. ¡Pum! El golpe de sus pies contra el suelo del vagón y el aire frío les da la bienvenida a la seguridad del tren. Quién ha ganado da igual. Quién empujó a quién n importa. Sólo no haber perdido el tren con un portazo en las narices. Lograron recorrer cinco metros con éxito hasta una papelera, tirar dos bolsas de basura antes de que el tren se fuer. ¡qué gran proeza! Luego hubo que esperar otros diez minutos, pero ¿quién cuenta eso?


Ya de vuelta a Betenchō y luego pillando el metro, alcanzamos nuestra meta bajo un terrible penar por el pesado calor. Todo sea por el mayor pez del mundo.




El acuario, una belleza. Entramos y encontramos unas mandíbulas que nos dan una pista de cómo es un tiburón ballena. Todo muy intenso. Subimos, como una atracción, una larga escalera mecánica para comenzar a descender alrededor de agua. Muchas zonas climáticas a nuestro alrededor, la tropical, japonesa, el fondo del océano... Peces, más peces, una pedazo de tortuga marina, delfines, pingüinos, focas... Y un enorme contenedor de 30 metros de largo con chorrocientas toneladas de agua. Por mi parte, mejor no pensarlo.
En el suelo mostraban cifras descendentes de los metros que quedaban... 500m, 300m. Y pasamos por la sala del "toqui-toqui". Cómo me gustan nos museos japoneses, dioses. En éste nos han dejado tocar dos tiburones prototípicos (uno de ellos musculoso y otro bastante áspero) y una raya. Experiencia que debería exportarse (como que te den vasitos con hielo y agua al entrar a comer, los mangas de segunda mano a un precio alucinante y muy bien cuidados, la educación de la gente...). Pablo ha tocado a un pingüino, hasta que le han dicho que estaba prohibido. Raúl ha ido detras , pero no ha tenido tanta suerte. ¡¿A quién se le ocurre meter a pingüinos que no se pueden tocar en la sala de "toqui-toqui" y con un cristal que llegaba hasta el techo? Los japoneses tienen cada idea...


Ahora, una sala con nutrias, perezosos y un monito. La cuenta atrás acaba. El tiburón ballena se acerca. Bajamos unas escaleras... Y sólo encontramos la tienda de la entrada. Fin del acuario. ¿Dónde se guarda un malditos tiburón de 12 metros de largo para que no lo hayamos visto? Pues se guarda bajo tierra, murió hace tres semanas. Bien, algún cartel avisando hubiera estado interesante. Apenas he podido contenerme cuando la mujer me contaba que había muerto, era como un chiste. ¡Qué bien, EH! El tiburón ballena mejor escondido de la historias. A la próxima vez a Okinawa, y si no hay tiburón hay playas paradisiacas. Mira que nos lo avisaban con la bocaza...

Pues ya no hay...
Después de este duro trance, hemos tenido que reponer fuerzas. Y ya iba siendo hora de presentarles al señor Batido de chocolate del McDonalds. No falla, claro.
De vuelta al hotel a coger la mochila e irnos de esa agradable ciudad que tantos bueno momentos nos ha dejado tener. Esta vez no nos hemos perdido y ya hemos ido directamente al tren bala hacia Tokyo. Un viaje interesantisimo del que he pasado 2 horas 50 minutos durmiendo de las tres horas que duraba.
Tokyo, estar en casita al fin. Pero de nuevo otra prueba de fuego. La línea directa estaba cerrada, tenían un retraso de unos cuantos minutos o no se podía utilizar (dependiendo del revisor la info era diferente). Dando un micro rodeo hemos llegado a Asakusabashi y de ahí al albergue. ¡Qué alegría ver a Mine y a Uramoto de nuevo!
Nuestra intención mañana es ver Kamakura, Enoshima y Yokohama (ésta de noche). Esperemos que el plan no nos salga rana como hoy..

miércoles, 30 de julio de 2014

Hiroshima, el día histórico. Ōsaka, la cena histórica



Lo hemos llamado Histórico porque hemos aprendido un poco más de la vida. Y en varios aspectos: historia mundial, a hacer grullas japonesas, a usar taquillas electrónicas...

Con un despertar en el tatami, muy descansados por cierto, el mundo se ve de otra manera: medio metro por debajo.
Si ayer apagaron las luces de la habitación del albergue a las once de la noche, hoy no las encendían hasta las ocho de la mañana. Nosotros, como bueno mochileros-aprovechadores-del-día-en-curso a esa hora solemos estar en la calle. Pero nadie nos quita nuestro desayunito rico.
Antes de seguir, os cuenta Raúl dos grandes anécdotas que no deben perderse las siguientes generaciones:

En el tren, camino s los 1.000 toriis de Fushimi Inari; el metro estaba hasta arriba, cada uno a lo suyo. Todos hablando animada mente y... de pronto, Pablo lo ve. Rollizo. Encogido. Abstraído con su móvil a menos de cinco centímetros de su cara...
Pablo parpadea a cámara lenta, con si de un flechazo Disney se tratara. El hombre no parecía advertirlo. Sus ojos rasgados tras gruesos cristales... Esa cara regordeta de Bull dog francés... "Es tan adorable que le abrazaría..."- al final, sólo se llevó una foto. Lo que guarde para él, sólo Pablo lo sabe ¡Amores de tren japonés!



Kyoto. Domingo. Saliendo de un templo Pablo y Bea ven a un niño moreno. "Míralo, tiene las marcas de las gafas del moreno" dice él. Bea mira. El niño la mira. Se miran. El semáforo se pone en verde. Corremos sudando, desencajados del cansancio. Hernán en cabeza, sólo con el niño por delante. Pobre niño... "¡Páralo, Hernán, páralo!- grita Pablo. El niño se gira. Cara de terror. Aprieta el paso. - ¡¡PÁRALO!! - vuelve a gritar. El niño se gira de nuevo y echa a correr pensando tal vez "Que me viola ese "gaijin"" y se resguarda en un portal.
Al final Hernán lo para... Para el autobús que teníamos que coger. El niño, aún con miedo, parece que esa noche tocará cambiarse los calzones...




Con las mochilas a cuestas, nos hemos despedido de Miyajima. Todo muy diferente a como es de noche, claro. Ni color. Digo que ni color porque se genera una neblina blanquecina que impide la visión (lo que viene a ser calima). Bien, una vez en Hiroshima, hemos guardado los bultos en las taquillas electrónicas para ir más ligeros. Son taquillas modernas que te dan una clave para abrirla de nuevo.
Hirohima, para qué mentir, es una ciudad fea. Pero como cuando a una chica la dicen a la cara "pero qué fea eres", pues igual con Hiroshima, fea, fea. Eso sí, la hemos disfrutado de lo lindo.
Hemos cumplido el sueño de Hernán de visitar el castillo de Hiroshima con la música de Samurai Champloo. Dicho esto, hemos asumido que este viaje es el viaje de Hernán. Él es el soñador, luego está Raúl como el porteador de su agua, Gema que le da la información del tiempo y Pablo que es su cómico particular.

El castillo de Hiroshima con su preciosa madera oscura

Con un calor bastante interesante, hemos ido hacia la cúpula Gembaku (que significa bomba nuclear en japonés y que ha sido el único edificio que se mantuvo en pie tras el impacto). Muy grande y fantasmagórico, realmente. Apenas queda en pie una sombra de lo que fue. Junto a él estaba la escultura dedicada a la Paz donde se colocan miles de grullas japonesas en ristras de colores. Cómo no, nosotros hemos hecho la nuestra (cada uno a su ritmo) y la hemos colocado junto a las demás. Todo muy emotivo, claro. Tras visitar la llama que nunca se apaga (hasta que las armas nucleares desaparezcan del mundo), ver cómo montaban carpas para la gente para la celebración del aniversario el próximo 6 de agosto y el memorial de los niños, hemos entrado al museo de la paz. El plato fuerte del día y no el takoyaki que hemos comido por la noche.
Un museo donde se ha hablado de la evolución de la historia de la ciudad, de cómo esta fue elegida y por qué por los mandos aliados para que la bomba nuclear explotara a seiscientos pies sobre la misma, las consecuencias que hubo y las armas nucleares hoy día.
Maquetas de la ciudad, cartas de los niños, el famoso reloj parado a las 8'15 de la mañana, figuras a tamaño real de la gente deshaciéndose como cera por las calles tras el calor y la luz cegadora, pelo, piel y uñas reales... Vamos, que te quedas con el estómago como para ponerte a comer. Una delicia de museo.
Pero no vamos a mentir, comer comimos: un buen plato de udón. Dioses, recuerdo la primera vez que me sirvieron el udón frío y me sorprendió, teniendo la oportunidad, hoy no he podido dejarla pasar. El udón, sus cositas verdes, su huevo... Buah, la mar de satisfactoria la comida.
Y para seguir con buenas sensaciones hemos ido a un Daiso, tienda de 108 yenes que enamora a cualquiera con las mil historias que tiene. Y por supuesto, que ya iba siendo hora, a los recreativos. Mi sesioncita de Taiko. Oh, a puntito de abrazar los taiko al verlos... Cuánto tiempo separados...
Hiroshima, como hemos hablado antes es fea, pero fea. Sin embargo, hoy nos hemos ido con un buen sabor de boca, hemos aprendido y hemos disfrutado, que es lo esencial.

Saltamos en el tiempo hacia delante, lo que viene a ser un flash forward, que para algo tengo la Licenciatura de Comunicación Audiovisual, para decir nombres raros como flashback, McGuffin, música extradiegética, hacer un barrido, que si el fade in... Esas cosas.
Ya nos encontramos en un tiempo futuro, en Ōsaka. Tras volver sobre nuestros pasos, nos hallamos en otra ciudad fea, pero con cierto encanto que, pese a que la primera vez no aprecié, la segunda me llamó más la atención. Y es que la calle de Dotombori, donde hemos cenado, tiene una atmósfera inigualable, y fíjate que no creo que ni Tokyo pueda llegar a esto. El neón, las grandes reproducciones de la comida y los animaluchos en los edificios pegados... Que si el pulpo que echa humo, el cangrejo que se mueve... Los neones, el olor a comida de la rica rica (hay que ver cómo de bien hacen el "yaki" en Kansai, dioses), y que no sea una calle ni estrecha ni ancha, hacen de éste un lugar recomendable al 100%. Si vienes a Ōsaka, ven a comer aquí, por los dioses. Luego visita , si quieres, el castillo, y mañana os comentaremos qué opinión merece el acuario. Conociendo el de Tokyo, no pongo en duda que va a ser una experiencia de las buenas buenas. Ah, y si por algo volvería a Ōsaka además de por la comida, es para visitar los Universal Studios, un parque de entretenimiento que tiene una pinta más que asombrosa... Ahí queda.

Pese a que no tengo las fotos, el baño calentito ha hecho su trabajo,como ayer os advertí; y no he podido seleccionarlas personalmente (y luego se me ha ido de la cabeza, pedírselas a Hernán), hoy tenemos fotos de la niña de The Ring en el metro, del culito de Flanders japonés "como si no llevara nada" entre otras. Son las dos de la mañana y no quiero quedarme dormida frente a un tiburón ballena.
También ha cogido Pablo cierto deseo en el metro por grabar a un borracho muy borracho. Si Hiroshima era fea, fea; éste era borracho, borracho. Y es que para ir y volver a Dotombori hemos cogido el metro. Más fácil la ida que la vuelta, que he ido a coger otra compañía de trenes y así poco íbamos a hacer. El revisor número uno me contestaba mal a las preguntas sin mirarme a la cara, pero como buen trabajador japonés, el segundo revisor nos ha devuelto el dinero por la equivocación. Tras recorrernos la estación a por la otra compañía de trenes, caemos en la cuenta de que no estábamos equivocados. Qué cosas más interesantes cuento, madre, deberían darme el Pulitzer.




Y por supuesto, la experiencia del baño japonés. Calentito, muy calentito, es perfecto para irse a dormir. Pero la maldita responsabilidad no ha permitido que me fuera sin antes poder comentaros (con muchas historias que se me olvidan a estas horas en las que ni las chicas monas de Odombori están en las calles) lo bien que nos había ido el día.
¿Mañana cogeremos el tren en cuasi hora punta? ¿Podré tocar a un bichito del acuario a parte de los tiburones que ya toqué? ¿Llegaremos al concierto de Sayaka? Cuántas cosas nos depara el destino, y yo despierta y con estos pelos...



P.D. Fotitos que os debíamos


Amores que pueden no matar, pero sí 
morder

El ferry con mijayima el fondo



El ciervo enajenado que me quería arrebatar mi mapa




Contra viento y marea (nunca mejor dicho) conseguimos abrazar el torii 


Gema no quiso abrazar el sueño de Hernan, pero las fotos siempre son bienvenidas