jueves, 7 de agosto de 2014

Cumpleaños en Tokyo ¡felices 26!

Pese a que el día 6 de agosto no es plato de buen gusto para los japoneses, nosotros hemos dejado el pabellón bien alto.

Por la mañana nos hemos acercado al Palacio Imperial, allí donde juega al golf el emperador. Y sí que tiene que jugar a menudo porque vimos a unos cuantos operarios cambiando el césped. Qué bien se lo monta el Emperador.


Con un calor terrible, tan terrible que había lombrices secas en el camino, caminamos entre los cuatro árboles que hay alrededor de la llanura y luego por un jardincito japonés con sus linternas de piedra, su estanquito con carpas y su puentecico. Descubrimos un riego automático y no tardamos ni una vuelta en meter la cabeza en su territorio. Raúl salió bien parado, pero al resto apenas nos mojó. Así que, en un alarde de clarividencia divina, Pablo "taponó" el pitorrillo de una fuente para mojarnos a todos. Frescos por un rato, menos mal.
Hay que decir, que antes habíamos ido a la estación central de Tokyo para verla. Una estación que parece sacada de finales del siglo XIX entre rascacielos por todos lados.
Pero con todo y esto, y pese a ser un recorrido bonito (con calor no gana puntos), mis acompañantes tienen ya el callo de visitar Japón y no se sorprenden tan fácilmente.
Nuestro siguiente destino era el edificio Shueshia, donde está la sede de la Shonen Jump. Lo intentamos buscar antes, pero no hubo manera de encontrarlo y retrasamos el plan. No lo habíamos encontrado porque mi memoria sitúa edificios manzanas más adelante de su situación real, y así, pues no se pueden encontrar la edificios, claro.  La cuestión es que entramos en una tienda o empresa (realmente en este país no sabes de qué va el asunto hasta que te has metido en la tienda, porque en muchos casos los escaparates brillan por su ausencia) y un vez dentro, muy majos (como todos en este país, excepto el japonés que pegó a Pablo en el pie) nos imprimieron un mapa para que llegáramos al destino.


Y allí estábamos nosotros, frente al edificio de la Shonen Jump que tantas alegrías y penas nos ha dado. Yo tenía que entregar un dossier de Expomanga allí, pero como en este país nadie hace nada si no lo tiene en su agenda, no me dejaron entregarlo. De hecho, ni el de seguridad de la puerta me dejó acercarme a la mujercilla de secretaría para preguntar si lo podían coger. Vamos, que tenía que pedir una cita para poder dejar un sobre. Un poco de locos el asunto, pero cualquiera les hace entrar en neurosis. Quita, quita... A estos japos les sacas de sus quehaceres y se descuadran. Pero la visita fue productiva: entramos en una galería de la empresa en la que había un par de estatuas y dibujos originales de la Shonen.


Aún era pronto para comer, y teníamos que llegar a Odaiba, así que decidimos acabar en un restaurante de sushi antes de coger el autobús que nos llevara a Odaiba. Otro objetivo tachado de la lista.
Cogimos un bus hacia Odaiba la mar de fresquito. Y al llegar a la "casa" de los Niños Elegidos, sólo hubo momentos de admiración. Mi recuerdo de Odaiba era, en resumen, Gundam Gigante, bonito atardecer, mucho calor y Miraikan (museo de robótica con el gran Asimo), pero esta visita aumentó el ranking de la isla artificial. La feria que nos encontramos, con una parte dedicada a One Piece pudo con nosotros. Banderas ondeantes, esculturas al máximo detalle, y una película holográfica que hacía ver reales a nuestros amigos de One Piece interactuando con el entorno (real) que había, como escalersa o toneles. Aquí os dejo un ejemplo, de una diva virtual en su concierto (que creo que en su día ya os mostré).




Después de casi echar una lagrimita en la película, fuimos a ver el puente Arcoiris (suena todo tan ñoño como parece) y la Bahía de Tokyo. Cuando os decimos que es la ciudad de los niños elegidos de Digimon es que los escenarios son tal cual.




Como no podía ser de otra forma, después de haber grabado todos nuestros vídeos, tuvimos que hacernos la foto que tocaba para acabar este viaje.

Tras este periplo, al que sumamos una vuelta por el Aquacity (un gran centro comercial que tiene durante estos días una tienda de Shonen Jump, y en la que encontré mi caprichito de cumpleaños - un Merry más majoooo...-) volvimos al albergue para cenar con mis amigos. Pese a que los quesos se echaron a perder (es uan historia que no quiero revivir, porque la pérdida de un queso es muy dolorosa), pudimos cenar tortilla de patata y unos ricos postres que trajo Sayaka.
Y como la noche es larga (y somos jóvenes, como siempre nos dice Uramoto-san) nos fuimos a darlo todo al Karaoke. MariCarmen, tienes un hijo y un sobrino que podrían hacer un festival del humor.
Unas  horas tremendas entre risas y canciones.


Definitivamente, un cumpleaños inolvidable :D ¡GRACIAS, CHICOS!











2 comentarios:

  1. Bea, el día de tu cumpleaños merecía que te tomaras un descanso y no escribieras en el blog, pero tú –fiel cumplidora a la cita diaria- nos contaste con todo detalle y tu gracia a la que ya nos hemos acostumbrado, cómo transcurrió el día. Los que estamos pendientes de tus relatos te lo agradecemos enormemente.
    Lo que me sorprende es que cenasteis tortilla de patatas. ¿Cómo saben hacer en Japón una tortilla española?............... ¿Estaba rica?.
    Habrá que animar a Pablo y Hernán para que formen un dúo cómico, a lo mejor tienen más éxito que con la arquitectura y el periodismo.


    Besos, un montón de besos para los cinco. Maricarmen

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  2. Guao ha sido fantástico tu blog Bea, felicidades retrasadas, me encanta como escribes, estoy deseando escuchar las historias por mi hermano y mi primo. Me ha emocionado vuestra foto final, qué bonito. Os deseo buen viaje, y si hay otro blog con anécdotas del avión y aeropuerto estaré enganchada jaja aunque debes de estar agotada, y los demás también ojalá conciliéis el sueño. Un beso para todos :) . Silvia.

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