No puede haber día que no actualice, ése es uno de mis objetivos en este viaje. De momento, un objetivo se ha cumplido: hacerme una foto con un Shiba. Mucho perrete, mucho perrete, pero no tenía foto con él. Ahora ya lo he tachado de la lista. Y encima un cachorro estrujable, aunque a duras penas se dejaba tocar. ¿Qué lavado de cerebro les hacen a estos perros japoneses para que se dejen acariciar por mí tranquilamente? Ya van dos shiba a los que me acerco y que no me dejan. Entiendo que la ardua vida del mochilero a veces pueda apestar, pero somos mochileros aseados, vamos , de muda diaria. El problema no debería ser ése...
La cuestión es que plantearse objetivos está bien: grabar el semi-videoclip de "We Are!" de One Piece, que va por buena marcha; que los que se estrenan en Japón prueben el natō ( muchas vacaciones gastronómicas, pero no creo que se atrevan a probarlo), conseguir un yukata... Muchas cosas, poco tiempo.
Pese a no haber andado mucho durante el día de hoy, no hay día que no acabemos agotados. Hoy nuestro destino ha sido Kamakura, Enoshima y Yokohama. La primera fue capital durante un tiempo, al igual que Nata y en ella hemos ido a visitar tres templos. Luchando contra viento y marea (ojalá fuera así y tuviéramos unos grados menos) llegamos al primero de ellos.
Pienso que debería sentarme a estudiar las diferencias entre jinja y tera, sintoísmo y budismo y empaparme un poco más de aquello que visito...
El sol apretaba, pero no por ello íbamos a dejar de ver dos templos más que nos han sugerido. Uno de visita obligada: con el gran buda en el recinto. Al primero dee ellos se llegaba tras 900 metros de cuesta. ¿Para qué? Para verlo desde la puerta. Nosotros no vamos a dar estrellas Michelín, pero si nos quitan a nosotros alguno, pues bienvenida sea la caminata. Vuelta al punto de partida para ir a ver al gran buda de Kamakura: un gran bicho donde los haya hecho de bronce. En su día hubo un edificio sobre él, pero un tifón se lo llevo y acabaron construyéndolo en otro lado. El edificio, en buda lo dejaron ahí por no mover 21 toneladas de cobre. Ahí es nada...
Cogimos el trenecito de Enoden para acercarnos hasta el punto de la costa frente a la isla de Enoshima. Pero era hora de comer. ¿Dónde? Aquí os parece bien, pues para dentro. El gran restaurante del ramen más insípido jamás tomado. A partir de ahora, restaurante vacío, restaurante que no probamos, como bien dice Gema siempre.
Armados de valor, cruzamos un puente bajo los halcones para llegar a Enoshima. Una bonita isla con templitos y miradores. Una pena que haya habido calima y no se vean el monte Fuji o la isla de Izu. Tampoco ha habido arañas gigantes ni gatos gordos, sin embargo, hemos descubierto unos bichos que en forma de plagan pueblan la costas bajas de la isla. Asumo que ese bicho mutará en halcón o gato en algún momento de su vida para regular la biodiversidad.
Poco más quedaba en Enoshima (el sueño hace su trabajo y escribir bajo presión horaria no ayuda), así que tras andar por la playa unos minutos (por cierto, qué caca de playa tienen los japos) nos hemos vuelto al Enoden para ir al tren de Yokohama.
Yokohama fue uno de los grandes puertos japoeneses, y no ha perdido la intensa vida del puerto desde entonces, ahora está lleno de color y de luz que hacen de Yokohama una ciudad genial para ver, si tienes el JR Pasa y no importa ver la zona en poco más de hora y media.
Mañana Nikko, según los japoneses no puedes decir que algo es precioso si no has visitado este lugar.
Recuerdo Nikko con el momiji (cedeo japonés), todo el monte rojo, salpicado con nubes bajas y chispeando. Simplemente, maravilloso.
Para todos aquellos que temen que mi avión se estrelle, que me muera comiendo "rata" o que nos rapten los tibetanos para pedir su independencia... ¡Aún sigo viva!
jueves, 31 de julio de 2014
Osaka. Castillo, calor y tiburones ballena...
Ya de vuelta a la cosmopolita Tokyo. A la gran ciudad de los neones. Aún quedan dos días de excursiones, pero sentimos las recreativas, las luces y los karaokes muy cerca. Dejamos atrás la tierra del yaki por la tierra que vio a la primera generación Pokemon: Kanto.
Tras un relajante baño en el hotel, dormirmos como pudimos con la cabeza apoyada en un "saco de canicas" (Leed el libro, fin del spam).
Nos quedaba ver Ōsaka con la luz del sol. El castillo de la ciudad sería la primera visita. Dejando las maletas en el hotel, cogemos el JR (jei ar, como bien dice nuestra smsble recepcionista) para ir hacia el monumento. Al llegar a la estación central y situarnos frente al vagón, descubrimos que a nuestro destino son 90 minutos. ¿,Tanto? Algo no me cuadra... No recordaba que fuera un viaje tan largo, pero la memoria de una puede fallar... Entonces Hernán, da con la solución del evidente problema. Pretendíamos ir a Himeji, pero nuestro verdadero destino era Ōsakajō... Aún estaríamos en el tren si lo hubiéramos cogido. Pero no os creáis que no nos ha gustado la experiencia de los trenes...
Sin dificultad expresa (más allá de casi recorrernos medio kansai por confusión), hemos llegado al castillo de Ōsaka. Para ello, el espíritu de los Tokugawa nos ha hecho atravesar una dura prueba: conseguir pasar a través de un bosque con cientos de chicharras. Una party todo loca tenían montada. Una vez dejada de lado la maldición de los 10.000 bichos, hemos bordeado el castillo hasta llegar a su imponente base. No contento con verlo, Hernán nos ha hecho buscar una supuesta torre no para conseguir hacer la foto del castillo con la torre a su lado tal y como internet mostraba. A nosotros nos ha parecido harto complicado conseguir tal vistas, pero hemos seguido a Hernán para que lograra su caprichito. Obviamente no lo ha logrado, pero que luego no diga que ha sido porque no le hemos seguido. Ha resultado ser, que al igual que yo me iba a Himeji (por puro renombre), Hernán había visto fotos de este castillo en el bendito Google. Si lo que yo os cuente de Ōsaka es poco...
| !locura de calor! |
Nuestro siguiente destino era kaiyukan, el acuario. Y
viendo que eran casi las once, hemos parado a comprar onigiri en un
conbini para hacer el recorrido del acuario sin pasar hambre. ¡Quién
sabía cuánto tiempo íbamos a estar contemplando al gran tiburón ballena,
la gran atracción de este lugar! Aquí ha comenzado nuestro periplo por
las lineas de ferrocarril japonesas: Hernán ha ido a preguntar cómo
llegar, pero ha desconectado - según él- porque el trabajador del JR le
hablaba del metro. Vamos a la vía uno, comenta. Bien, allá vamos,
tiburón ballena.
Una tras otra las paradas pasaban, incluso el parque temático de la Universal. ¿Os he dicho ya que si vuelvo a esta ciudad es para ir a este lugar? Bien, pues ninguna era la del acuario. El tren se para. Mucho tiempo. Y más. Bien, lógicamente ése no era nuestro tren. Pero como de todo se sacan momentos divertidos, Raúl os cuenta éste:
Una tras otra las paradas pasaban, incluso el parque temático de la Universal. ¿Os he dicho ya que si vuelvo a esta ciudad es para ir a este lugar? Bien, pues ninguna era la del acuario. El tren se para. Mucho tiempo. Y más. Bien, lógicamente ése no era nuestro tren. Pero como de todo se sacan momentos divertidos, Raúl os cuenta éste:
Perdidos de camino al acuario. El metro parado. Solos en el vagón, salvo por tres japos
más dormidos que despiertos. Grandes bolas de.pelusa rdsndo desde hace
rato por el andén.
Raul y Pablo intercambian miradas y palabras. Desafiantes, se ponen en sus marcas con el temor de no poder volver. Tensan sus músculos y el caer sordo de una gota de sudor de la salida. Se lanzan raudes como el viento, paso a paso compitiendo por ver quién es el mejor. Sus zapatillas resuenan, enmascaradas por el zumbar del aire al pasar y el chirrido de sus dientes por el hercúleo. Entregan el testigo y vuelven patinando sobre sus suelas mientras hacen acopio de sus últimas fuerzas. El calor golpea inclemente mienta que el sudor nubla su vista. ¡Pum! El golpe de sus pies contra el suelo del vagón y el aire frío les da la bienvenida a la seguridad del tren. Quién ha ganado da igual. Quién empujó a quién n importa. Sólo no haber perdido el tren con un portazo en las narices. Lograron recorrer cinco metros con éxito hasta una papelera, tirar dos bolsas de basura antes de que el tren se fuer. ¡qué gran proeza! Luego hubo que esperar otros diez minutos, pero ¿quién cuenta eso?
Raul y Pablo intercambian miradas y palabras. Desafiantes, se ponen en sus marcas con el temor de no poder volver. Tensan sus músculos y el caer sordo de una gota de sudor de la salida. Se lanzan raudes como el viento, paso a paso compitiendo por ver quién es el mejor. Sus zapatillas resuenan, enmascaradas por el zumbar del aire al pasar y el chirrido de sus dientes por el hercúleo. Entregan el testigo y vuelven patinando sobre sus suelas mientras hacen acopio de sus últimas fuerzas. El calor golpea inclemente mienta que el sudor nubla su vista. ¡Pum! El golpe de sus pies contra el suelo del vagón y el aire frío les da la bienvenida a la seguridad del tren. Quién ha ganado da igual. Quién empujó a quién n importa. Sólo no haber perdido el tren con un portazo en las narices. Lograron recorrer cinco metros con éxito hasta una papelera, tirar dos bolsas de basura antes de que el tren se fuer. ¡qué gran proeza! Luego hubo que esperar otros diez minutos, pero ¿quién cuenta eso?
Ya de vuelta a Betenchō y luego pillando el metro,
alcanzamos nuestra meta bajo un terrible penar por el pesado calor. Todo
sea por el mayor pez del mundo.
El acuario, una belleza. Entramos y encontramos unas mandíbulas que nos dan una pista de cómo es un tiburón ballena. Todo muy intenso. Subimos, como una atracción, una larga escalera mecánica para comenzar a descender alrededor de agua. Muchas zonas climáticas a nuestro alrededor, la tropical, japonesa, el fondo del océano... Peces, más peces, una pedazo de tortuga marina, delfines, pingüinos, focas... Y un enorme contenedor de 30 metros de largo con chorrocientas toneladas de agua. Por mi parte, mejor no pensarlo.
En el suelo mostraban cifras descendentes de los metros que quedaban... 500m, 300m. Y pasamos por la sala del "toqui-toqui". Cómo me gustan nos museos japoneses, dioses. En éste nos han dejado tocar dos tiburones prototípicos (uno de ellos musculoso y otro bastante áspero) y una raya. Experiencia que debería exportarse (como que te den vasitos con hielo y agua al entrar a comer, los mangas de segunda mano a un precio alucinante y muy bien cuidados, la educación de la gente...). Pablo ha tocado a un pingüino, hasta que le han dicho que estaba prohibido. Raúl ha ido detras , pero no ha tenido tanta suerte. ¡¿A quién se le ocurre meter a pingüinos que no se pueden tocar en la sala de "toqui-toqui" y con un cristal que llegaba hasta el techo? Los japoneses tienen cada idea...
El acuario, una belleza. Entramos y encontramos unas mandíbulas que nos dan una pista de cómo es un tiburón ballena. Todo muy intenso. Subimos, como una atracción, una larga escalera mecánica para comenzar a descender alrededor de agua. Muchas zonas climáticas a nuestro alrededor, la tropical, japonesa, el fondo del océano... Peces, más peces, una pedazo de tortuga marina, delfines, pingüinos, focas... Y un enorme contenedor de 30 metros de largo con chorrocientas toneladas de agua. Por mi parte, mejor no pensarlo.
En el suelo mostraban cifras descendentes de los metros que quedaban... 500m, 300m. Y pasamos por la sala del "toqui-toqui". Cómo me gustan nos museos japoneses, dioses. En éste nos han dejado tocar dos tiburones prototípicos (uno de ellos musculoso y otro bastante áspero) y una raya. Experiencia que debería exportarse (como que te den vasitos con hielo y agua al entrar a comer, los mangas de segunda mano a un precio alucinante y muy bien cuidados, la educación de la gente...). Pablo ha tocado a un pingüino, hasta que le han dicho que estaba prohibido. Raúl ha ido detras , pero no ha tenido tanta suerte. ¡¿A quién se le ocurre meter a pingüinos que no se pueden tocar en la sala de "toqui-toqui" y con un cristal que llegaba hasta el techo? Los japoneses tienen cada idea...
Ahora, una sala con nutrias, perezosos y un monito. La cuenta atrás acaba. El tiburón ballena se acerca. Bajamos unas escaleras... Y sólo encontramos la tienda de la entrada. Fin del acuario. ¿Dónde se guarda un malditos tiburón de 12 metros de largo para que no lo hayamos visto? Pues se guarda bajo tierra, murió hace tres semanas. Bien, algún cartel avisando hubiera estado interesante. Apenas he podido contenerme cuando la mujer me contaba que había muerto, era como un chiste. ¡Qué bien, EH! El tiburón ballena mejor escondido de la historias. A la próxima vez a Okinawa, y si no hay tiburón hay playas paradisiacas. Mira que nos lo avisaban con la bocaza...
| Pues ya no hay... |
De vuelta al hotel a coger la mochila e irnos de esa agradable ciudad que tantos bueno momentos nos ha dejado tener. Esta vez no nos hemos perdido y ya hemos ido directamente al tren bala hacia Tokyo. Un viaje interesantisimo del que he pasado 2 horas 50 minutos durmiendo de las tres horas que duraba.
Tokyo, estar en casita al fin. Pero de nuevo otra prueba de fuego. La línea directa estaba cerrada, tenían un retraso de unos cuantos minutos o no se podía utilizar (dependiendo del revisor la info era diferente). Dando un micro rodeo hemos llegado a Asakusabashi y de ahí al albergue. ¡Qué alegría ver a Mine y a Uramoto de nuevo!
Nuestra intención mañana es ver Kamakura, Enoshima y Yokohama (ésta de noche). Esperemos que el plan no nos salga rana como hoy..
miércoles, 30 de julio de 2014
Hiroshima, el día histórico. Ōsaka, la cena histórica
Lo hemos llamado Histórico porque hemos aprendido un poco más de la vida. Y en varios aspectos: historia mundial, a hacer grullas japonesas, a usar taquillas electrónicas...
Con un despertar en el tatami, muy descansados por cierto, el mundo se ve de otra manera: medio metro por debajo.
Si ayer apagaron las luces de la habitación del albergue a las once de la noche, hoy no las encendían hasta las ocho de la mañana. Nosotros, como bueno mochileros-aprovechadores-del-día-en-curso a esa hora solemos estar en la calle. Pero nadie nos quita nuestro desayunito rico.
Antes de seguir, os cuenta Raúl dos grandes anécdotas que no deben perderse las siguientes generaciones:
En el tren, camino s los 1.000 toriis de Fushimi Inari; el metro estaba hasta arriba, cada uno a lo suyo. Todos hablando animada mente y... de pronto, Pablo lo ve. Rollizo. Encogido. Abstraído con su móvil a menos de cinco centímetros de su cara...
Pablo parpadea a cámara lenta, con si de un flechazo Disney se tratara. El hombre no parecía advertirlo. Sus ojos rasgados tras gruesos cristales... Esa cara regordeta de Bull dog francés... "Es tan adorable que le abrazaría..."- al final, sólo se llevó una foto. Lo que guarde para él, sólo Pablo lo sabe ¡Amores de tren japonés!
Kyoto. Domingo. Saliendo de un templo Pablo y Bea ven a un niño moreno. "Míralo, tiene las marcas de las gafas del moreno" dice él. Bea mira. El niño la mira. Se miran. El semáforo se pone en verde. Corremos sudando, desencajados del cansancio. Hernán en cabeza, sólo con el niño por delante. Pobre niño... "¡Páralo, Hernán, páralo!- grita Pablo. El niño se gira. Cara de terror. Aprieta el paso. - ¡¡PÁRALO!! - vuelve a gritar. El niño se gira de nuevo y echa a correr pensando tal vez "Que me viola ese "gaijin"" y se resguarda en un portal.
Al final Hernán lo para... Para el autobús que teníamos que coger. El niño, aún con miedo, parece que esa noche tocará cambiarse los calzones...
Con las mochilas a cuestas, nos hemos despedido de Miyajima. Todo muy diferente a como es de noche, claro. Ni color. Digo que ni color porque se genera una neblina blanquecina que impide la visión (lo que viene a ser calima). Bien, una vez en Hiroshima, hemos guardado los bultos en las taquillas electrónicas para ir más ligeros. Son taquillas modernas que te dan una clave para abrirla de nuevo.
Hirohima, para qué mentir, es una ciudad fea. Pero como cuando a una chica la dicen a la cara "pero qué fea eres", pues igual con Hiroshima, fea, fea. Eso sí, la hemos disfrutado de lo lindo.
Hemos cumplido el sueño de Hernán de visitar el castillo de Hiroshima con la música de Samurai Champloo. Dicho esto, hemos asumido que este viaje es el viaje de Hernán. Él es el soñador, luego está Raúl como el porteador de su agua, Gema que le da la información del tiempo y Pablo que es su cómico particular.
El castillo de Hiroshima con su preciosa madera oscura
Con un calor bastante interesante, hemos ido hacia la cúpula Gembaku (que significa bomba nuclear en japonés y que ha sido el único edificio que se mantuvo en pie tras el impacto). Muy grande y fantasmagórico, realmente. Apenas queda en pie una sombra de lo que fue. Junto a él estaba la escultura dedicada a la Paz donde se colocan miles de grullas japonesas en ristras de colores. Cómo no, nosotros hemos hecho la nuestra (cada uno a su ritmo) y la hemos colocado junto a las demás. Todo muy emotivo, claro. Tras visitar la llama que nunca se apaga (hasta que las armas nucleares desaparezcan del mundo), ver cómo montaban carpas para la gente para la celebración del aniversario el próximo 6 de agosto y el memorial de los niños, hemos entrado al museo de la paz. El plato fuerte del día y no el takoyaki que hemos comido por la noche.
Un museo donde se ha hablado de la evolución de la historia de la ciudad, de cómo esta fue elegida y por qué por los mandos aliados para que la bomba nuclear explotara a seiscientos pies sobre la misma, las consecuencias que hubo y las armas nucleares hoy día.
Maquetas de la ciudad, cartas de los niños, el famoso reloj parado a las 8'15 de la mañana, figuras a tamaño real de la gente deshaciéndose como cera por las calles tras el calor y la luz cegadora, pelo, piel y uñas reales... Vamos, que te quedas con el estómago como para ponerte a comer. Una delicia de museo.
Pero no vamos a mentir, comer comimos: un buen plato de udón. Dioses, recuerdo la primera vez que me sirvieron el udón frío y me sorprendió, teniendo la oportunidad, hoy no he podido dejarla pasar. El udón, sus cositas verdes, su huevo... Buah, la mar de satisfactoria la comida.
Y para seguir con buenas sensaciones hemos ido a un Daiso, tienda de 108 yenes que enamora a cualquiera con las mil historias que tiene. Y por supuesto, que ya iba siendo hora, a los recreativos. Mi sesioncita de Taiko. Oh, a puntito de abrazar los taiko al verlos... Cuánto tiempo separados...
Hiroshima, como hemos hablado antes es fea, pero fea. Sin embargo, hoy nos hemos ido con un buen sabor de boca, hemos aprendido y hemos disfrutado, que es lo esencial.
Saltamos en el tiempo hacia delante, lo que viene a ser un flash forward, que para algo tengo la Licenciatura de Comunicación Audiovisual, para decir nombres raros como flashback, McGuffin, música extradiegética, hacer un barrido, que si el fade in... Esas cosas.
Ya nos encontramos en un tiempo futuro, en Ōsaka. Tras volver sobre nuestros pasos, nos hallamos en otra ciudad fea, pero con cierto encanto que, pese a que la primera vez no aprecié, la segunda me llamó más la atención. Y es que la calle de Dotombori, donde hemos cenado, tiene una atmósfera inigualable, y fíjate que no creo que ni Tokyo pueda llegar a esto. El neón, las grandes reproducciones de la comida y los animaluchos en los edificios pegados... Que si el pulpo que echa humo, el cangrejo que se mueve... Los neones, el olor a comida de la rica rica (hay que ver cómo de bien hacen el "yaki" en Kansai, dioses), y que no sea una calle ni estrecha ni ancha, hacen de éste un lugar recomendable al 100%. Si vienes a Ōsaka, ven a comer aquí, por los dioses. Luego visita , si quieres, el castillo, y mañana os comentaremos qué opinión merece el acuario. Conociendo el de Tokyo, no pongo en duda que va a ser una experiencia de las buenas buenas. Ah, y si por algo volvería a Ōsaka además de por la comida, es para visitar los Universal Studios, un parque de entretenimiento que tiene una pinta más que asombrosa... Ahí queda.
Pese a que no tengo las fotos, el baño calentito ha hecho su trabajo,como ayer os advertí; y no he podido seleccionarlas personalmente (y luego se me ha ido de la cabeza, pedírselas a Hernán), hoy tenemos fotos de la niña de The Ring en el metro, del culito de Flanders japonés "como si no llevara nada" entre otras. Son las dos de la mañana y no quiero quedarme dormida frente a un tiburón ballena.
También ha cogido Pablo cierto deseo en el metro por grabar a un borracho muy borracho. Si Hiroshima era fea, fea; éste era borracho, borracho. Y es que para ir y volver a Dotombori hemos cogido el metro. Más fácil la ida que la vuelta, que he ido a coger otra compañía de trenes y así poco íbamos a hacer. El revisor número uno me contestaba mal a las preguntas sin mirarme a la cara, pero como buen trabajador japonés, el segundo revisor nos ha devuelto el dinero por la equivocación. Tras recorrernos la estación a por la otra compañía de trenes, caemos en la cuenta de que no estábamos equivocados. Qué cosas más interesantes cuento, madre, deberían darme el Pulitzer.
Y por supuesto, la experiencia del baño japonés. Calentito, muy calentito, es perfecto para irse a dormir. Pero la maldita responsabilidad no ha permitido que me fuera sin antes poder comentaros (con muchas historias que se me olvidan a estas horas en las que ni las chicas monas de Odombori están en las calles) lo bien que nos había ido el día.
¿Mañana cogeremos el tren en cuasi hora punta? ¿Podré tocar a un bichito del acuario a parte de los tiburones que ya toqué? ¿Llegaremos al concierto de Sayaka? Cuántas cosas nos depara el destino, y yo despierta y con estos pelos...
P.D. Fotitos que os debíamos
Amores que pueden no matar, pero sí
morder
El ferry con mijayima el fondo
El ciervo enajenado que me quería arrebatar mi mapa
Contra viento y marea (nunca mejor dicho) conseguimos abrazar el torii
Gema no quiso abrazar el sueño de Hernan, pero las fotos siempre son bienvenidas
lunes, 28 de julio de 2014
Nara y Miyajima: ciervos everywhere
Día de montaña y mar. Hemos amanecido en una antigua capital del Japón para viajar a otra: Nara.
Dejamos atrás nuestra habitación con tatami y echamos a andar a las 7 y poco de la mañana hacia la Estación mientras agradecíamos a los dioses que la temperatura volviera a ser tolerada por el humano medio.
Y en Nara, ¿qué es lo que se hace? Pues fotos a los ciervos, para arriba para abajo, besito al ciervo, abrazo al ciervo, juego con el ciervo... Hasta que topas con un ciervo soso que te corta el rollo. Pero también hemos hecho visita cultural, no os creáis. Un templo en la montaña en el que no había nadie, sólo los cuatro turistas que nos rodeabamos. Hemos pasado por una pagoda de cinco pisos y un hombre japonés se ha acercado. Un ancianito muy majo que nos quería hacer de guía sin cobrarnos ni un duro. Tan majo como cansino. Veníamos a nuestro aire. Lo mejor sería que ayudara a gente que no lo conociera, le comento; pero erre que erre. No había manera de hacerle entrar en razón.
Al fin hemos entrado al fin en el bosque de los ciervos asesinos. Que ojo, parecen inocentes, se te acercan con ojos brillantosos de manga "da me comida, humanooo" (todo muy kawaii); pero si no redpetas sus órdenes, se vuelven muy muy agresivos.
AQUÍ FALTA UNA FOTO DE UN CIERVO EN ESTADO DE ENAJENACIÓN QUE SERÁ MOSTRADA MAÑANA. en el albergue de hoy parece que la conexión es de 256 kb/s. ...
Lo dicho, ciervitos majos, abuelo tos majos limpiando con escoba de palos, linternas a los lados del camino,bosque, ciervos, guiris, templos y ciervos.
Hemos visto el edificio de madera más grande del mundo. Se supone que contiene al mayor Buda de Japón, y nosotros, que somos muy creyentes, pues nos lo creemos. Y como es bienaventurado el que cree, y no necesitamos ver para creer, pues hemos decidido no entrar, sino a dar media vuelta para regresar al tren dirección Hiroshima.
Por el camino hemos parado a comer. A las 12'51 horas de la mañana del día de hoy nos estábamos metiendo entre pecho y espalda un plataco de arroz con curry y carne. Madre del amor hermoso.
Luego, sí que sí, al tren. En la estación he vivido lo que suele ocurrir a la inversa: el japonés me hablaba y yo sólo confirmaba. Ya nos podía haber enviado a Sapporo que yo hubiera dicho que sí, porque sólo pillaba ideas sueltas, pero así una queda redicha y el otro no queda como un bobo. Aún así, el trayecto estaba claro y hemos llegado a Hiroshima en el tiempo estimado, que era lo que perseguíamos.
Durante el viaje en el tren bala, me he sentado junto a una mujer japonesa que tendría que hacer los anuncios de las farmacias de la tv japonesa, ¡qué velocidad! Impresionante... He vuelto a hacer la técnica del entendimiento cognoscitivo éste, pero con la cantidad de palabras que metía en un segundo no ha servido de mucho. Que si emigró a Brasil unos años, que si hoy ha cogido el tren desde Tokyo hasta no sé dónde porque se ha levantado a las 3'30 para ir a un onsen y luego volverse... Cosas japonesas. De todas formas, a saber qué me ha dicho y qué me estoy inventando yo.
Ya en Hirsohima nos hemos acercado a Miyajima, donde tenemos el albergue, con muchos surferos surfistas hippies que pese a que nos han invitado a una barbacoa, Hernán se ha negado porque no le gustan los surferos surfistas hippies. Pero ha tenido su parte positiva, porque hemos acabado en un pedazo de restaurante donde hemos comido la mar de bien. Pero la mar española que la japonesa está sucia.
Tras agarrar las chanclas y dejar las mochilas, henos cogido el ferry para ir a la islita. Foto para arriba, foto para abajo... Hemos abrazado el torii, a los ciervitos, a nosotros mismos... Todo muy romántico. Hernán se ha puesto muy farruco con "es mi sueño. Tenemodsque bañarnos en aguas de Hiroshima". Y aunque no teníamos intención, con la ira de diez ciervos narienses, nos ha olbigado. Y así nos ha pasado
Poco a poco la marea subía y el torii se ha anegado. Pero sin ningún problema hemos ido a dar una vuelta al pueblecito. En él nos hemos encontrado a un cangrejo al que Hernán ha intentado salvar, pero el pobre se negaba a volver a la playa, sería un cangrejo urbanita, y se ha lanzado al suelo desde una altura interesante. Se ha quedado el pobre bobico perdido, pero lo hemos devuelto al mar. Nuestra buena acción del día, qué hermoso, ¿no?
Tras anochecer tocaba regresar al albergue para dormir, pero antes la jugosita cena que no podemos olvidar el restaurante. Ya en casi ta, nos ha resultado llamativo el tatami, pero esta vez con camas de futón chapadas a la antigua, viviendo cosas nuevas.
Mañana visitaremos Hiroshima con su castillo, la zona de la bomba y el museo. Al caer la tarde esperamos estar danzando por Ōsaka, entre luces de neón y cenar por Otonbori alguna pieza de takoyaki. Ñam.
Esperamos que mañana podamos ofrecer más fotografías si hay un ordenador con conexión decente en el albergue.
Aunque he de decir que mañana tendremos onsen en el hotel por lo que no puedo poner la mano en el fuego sobre mi posibilidad de actualizar.
domingo, 27 de julio de 2014
¿Quién dijo lluvia? De visita a Inari y al Bosque de bambú
Ante todo... ¡Madre mía, Mari Carmen, cómo estaba el jamón! Obviamente ya está acabado.
Si bien ayer el parte meteorológico que dimos fue de un calor de muerte y un bochorno que haría suicidarse a los peces, según Pablo; hoy hemos tenido lluvia. Hay que decir, que en un principio ha sido relativamente intensa, pero luego ha conseguido que la temperatura fuera la mar de apetecible.
Hemos decidido llegar a la estación andando para conocer la zona de la ciudad que recorrimos en bus. Como ciudad de contrastes, Kyoto es la repera: te encuentras en una zona de casas bajas, piqui paca, y al girar la vista en un callejón te cruzas con una casa, de lo que denominaríamos, "época", o un templito la mar de majo o un jard{in. Pero, ¿la zona merece ser visitada? Pues no.
Bien, seamos honestos y maticemos esto. No merece ser visitada si tienes el tiempo justo para ver la ciudad, pero si llevas un mes viviendo en un cuarto de mala muerte, hacinado con otros cuatro compañeros en una casa a medio camino entre Fushimi Inari y Kyoto (como nos han dicho unos en lo alto de Fushimi Inari), pues claro que merece la pena. Por merecer, merece la pena hasta que te tires frente a las puertas del Palacio Imperial y que hagas la media ponderada de las mujeres mayores de 40 años que pasean en bicicleta por el Parque. Pero, ni vas a saber a ojo la edad de las japonesas, ni nuestro caso es el que tengamos mucho tiempo en esta ciudad.
Resumen: hemos ido a la estación andando, pero sin nada que destacar.
Frente a la estación, encontramos uno de los mayores (o incluso el mayor.Pero soy periodista y no voy a mentir). templo de madera de Jap{on. Es un pedazo de biho muy imponente de ver tanto por fuera (por su explanada) como por dentro, por el gran espacio diáfano que hay, con tatami en el suelo, y un techo de casetones de madera.
De ahí, directos a la estación y a Fushimi Inari. Sorpresa al llegar: ha comenzado a llover. Lo que primero eran unas gotitas, luego se han vuelto goterones y pronto todos los japoneses estaban bajo los tejadillos de los templos y de las tiendas. Antes de comenzar la caminata entre toriis, hemos mostrado nuestros agradecimientos a Inari en el templo. A partir de entonces, empezaba la caminata.
Fushimi Inari era un templo donde se pedía por las cosechas a la diosa, y poco a poco se fueron llenando los caminos de toriis con los nombres de aquellos que realizaban aportaciones al templo. Imagino que serán unas GRANDES aportaciones, porque a mí nadie me ha pedido mi nombre cuando he aportado... Un senderito a lo largo de una colina que ha resultado muy idílico con la lluvia y los bosques enrededor de él. Entre fotos, vídeos, abrazos al sueño de Hernán y más fotos hemos pasado las 1.000 puertas que conforman la primera parte. Luego, la prueba final, llegar hasta arribota del todo. Gema ha sabido retirarse a tiempo, mientras el resto mirábamos como héroes de shonen las escaleras de subida con ganas de vencer (realmente Pablo ha sacado su cacharro del asma, yo iba muertica, Raúl con nosotros y Hernán ha hecho de "tete de la course" porque le exasperaba nuestro ritmo de culos pesados. Detrás de nosotros, hemos dejado atrás unos cuantos centenares de escaleras y de toriis, y al fin hemos llegado a la cima. Hemos vuelto a agradecer a la diosa la caminata (y que no nos despeñáramos colina abajo, que yo he visto la muerte muy cerca una vez) y hemos regresado a los templos para ir a nuestro siguiente destino.
Hemos llegado a la conclusión de que con hacer dos veces por semana este recorrido, cualquiera puede acabar con unas piernas muy tochas, así que es lógico que dieran las palizas que daban. Inari es un lugar que todo el mundo debería visitar, Según mi abuelo: las puertas del Paraíso.
Ya acabada esta excursión mañanera hemos cogido un JR dirección Arashiyama, con un japonés (muy majico el hombre) que quería ir a España a ver la Sagrada familia y a comer paella (de topicazos va el asunto).
Ya estábamos junto al bosque de bambú, pero ¡dioses! hemos encontrado un restaurancillo de okonomiyaki y la tentación ha podido conmigo. Aún así, era hora de que estos 4 gaijin fueran presentados al mundo del "yaki" y qué mejor forma que con un buen pedazo de okonomiyaki y de yakisoba. Un manjar donde los haya. Benditos sean por todo el panteón de las deidades niponas. Ya con la barriga llena nos hemos metido en el bosque de bambú.Más corto de lo que creíamos, pero muy espectacular. Pero aquí hemos encontrado un problema, ¿cómo vamos al camino de la filosofía que ayer no acabamos? En Google nos indicaba que cogiendo el 93 nos quedábamos ,en la última parada´a escasos 500 metros del camino y del Ginkaku-ji.
Y busca el 93 para rriba, para abajo, pregunta a gente, gente que no tiene ni idea de su ciudad, gente que te manda a otro sitios ... Esa gente.
Así que hemos acabado en el bus no sé cuántos, en el que el conductor nos ha mandadoa hacer puñetas hacer un transbordo, por lo que hemos decidido comprar la tarjeta de un día para usar el bus cuantas veces quisiéramos después de este viaje.
Hay cosas que nunca me dejan de sorprender. A mí se me acerca un extranjero hablando castellano lento y no le contesto rápido. Pues los japoneses de estos lares no sólo parecían hablarme como si fuera biling]ue, sino que el acento de kansai ha logrado retorcer un poco más la conversación.
Finalmente, y tras dos buses, hemos llegado al camino de la filosof{ia, y ha sido en ese momento cuando Hernán revela que el camino le importa dos pepinos (pero de estos que venden por aquí, fríos como una chucheria en un puesto de helados), que él quería ver el Pabellón Plateado, conocido como Ginkaku.ji.
Adiós a otro sueño del muchacho. El pobre va a acabar frustrado... Pero en compensación (que no lo ha sido) hemos caminado todo el caminito este. Es el día de los caminitos, como veis: el de los toriis, el de los bambús y el de la Filosofía empedrada.
Y como teníamos el pase de bus, pues a vivir que son dos días. Como marqueses, nos hemos dejado llevar por los autobuses para ver templos cerca de Gion, ver la preciosidad de la estación de Kyoto de noche y pasear por la "Gran Vía" de esta ciudad. Una aportación que hago es: si visitáis esta gran ciudad, tenéis que subir hasta el cielo en los infinitos tramos de escaleras de la estación. Una gran experiencia que las guías no muestran.
Mañana, una vez la maleta hecha iremos a dar un par de abrazotes a los ciervos de Nara antes de ir a Miyajima en Hiroshima a dormir. Here we go !!!
Si bien ayer el parte meteorológico que dimos fue de un calor de muerte y un bochorno que haría suicidarse a los peces, según Pablo; hoy hemos tenido lluvia. Hay que decir, que en un principio ha sido relativamente intensa, pero luego ha conseguido que la temperatura fuera la mar de apetecible.
Hemos decidido llegar a la estación andando para conocer la zona de la ciudad que recorrimos en bus. Como ciudad de contrastes, Kyoto es la repera: te encuentras en una zona de casas bajas, piqui paca, y al girar la vista en un callejón te cruzas con una casa, de lo que denominaríamos, "época", o un templito la mar de majo o un jard{in. Pero, ¿la zona merece ser visitada? Pues no.
Bien, seamos honestos y maticemos esto. No merece ser visitada si tienes el tiempo justo para ver la ciudad, pero si llevas un mes viviendo en un cuarto de mala muerte, hacinado con otros cuatro compañeros en una casa a medio camino entre Fushimi Inari y Kyoto (como nos han dicho unos en lo alto de Fushimi Inari), pues claro que merece la pena. Por merecer, merece la pena hasta que te tires frente a las puertas del Palacio Imperial y que hagas la media ponderada de las mujeres mayores de 40 años que pasean en bicicleta por el Parque. Pero, ni vas a saber a ojo la edad de las japonesas, ni nuestro caso es el que tengamos mucho tiempo en esta ciudad.
Resumen: hemos ido a la estación andando, pero sin nada que destacar.
Frente a la estación, encontramos uno de los mayores (o incluso el mayor.
De ahí, directos a la estación y a Fushimi Inari. Sorpresa al llegar: ha comenzado a llover. Lo que primero eran unas gotitas, luego se han vuelto goterones y pronto todos los japoneses estaban bajo los tejadillos de los templos y de las tiendas. Antes de comenzar la caminata entre toriis, hemos mostrado nuestros agradecimientos a Inari en el templo. A partir de entonces, empezaba la caminata.
Fushimi Inari era un templo donde se pedía por las cosechas a la diosa, y poco a poco se fueron llenando los caminos de toriis con los nombres de aquellos que realizaban aportaciones al templo. Imagino que serán unas GRANDES aportaciones, porque a mí nadie me ha pedido mi nombre cuando he aportado... Un senderito a lo largo de una colina que ha resultado muy idílico con la lluvia y los bosques enrededor de él. Entre fotos, vídeos, abrazos al sueño de Hernán y más fotos hemos pasado las 1.000 puertas que conforman la primera parte. Luego, la prueba final, llegar hasta arribota del todo. Gema ha sabido retirarse a tiempo, mientras el resto mirábamos como héroes de shonen las escaleras de subida con ganas de vencer (realmente Pablo ha sacado su cacharro del asma, yo iba muertica, Raúl con nosotros y Hernán ha hecho de "tete de la course" porque le exasperaba nuestro ritmo de culos pesados. Detrás de nosotros, hemos dejado atrás unos cuantos centenares de escaleras y de toriis, y al fin hemos llegado a la cima. Hemos vuelto a agradecer a la diosa la caminata (y que no nos despeñáramos colina abajo, que yo he visto la muerte muy cerca una vez) y hemos regresado a los templos para ir a nuestro siguiente destino.
Hemos llegado a la conclusión de que con hacer dos veces por semana este recorrido, cualquiera puede acabar con unas piernas muy tochas, así que es lógico que dieran las palizas que daban. Inari es un lugar que todo el mundo debería visitar, Según mi abuelo: las puertas del Paraíso.
| No son las puertas del Paraíso del baptisterio de Florencia, pero sí de nuestro paraíso personal |
Ya acabada esta excursión mañanera hemos cogido un JR dirección Arashiyama, con un japonés (muy majico el hombre) que quería ir a España a ver la Sagrada familia y a comer paella (de topicazos va el asunto).
| el bambú inmenso e intenso |
Ya estábamos junto al bosque de bambú, pero ¡dioses! hemos encontrado un restaurancillo de okonomiyaki y la tentación ha podido conmigo. Aún así, era hora de que estos 4 gaijin fueran presentados al mundo del "yaki" y qué mejor forma que con un buen pedazo de okonomiyaki y de yakisoba. Un manjar donde los haya. Benditos sean por todo el panteón de las deidades niponas. Ya con la barriga llena nos hemos metido en el bosque de bambú.Más corto de lo que creíamos, pero muy espectacular. Pero aquí hemos encontrado un problema, ¿cómo vamos al camino de la filosofía que ayer no acabamos? En Google nos indicaba que cogiendo el 93 nos quedábamos ,en la última parada´a escasos 500 metros del camino y del Ginkaku-ji.
Y busca el 93 para rriba, para abajo, pregunta a gente, gente que no tiene ni idea de su ciudad, gente que te manda a otro sitios ... Esa gente.
Así que hemos acabado en el bus no sé cuántos, en el que el conductor nos ha mandado
Hay cosas que nunca me dejan de sorprender. A mí se me acerca un extranjero hablando castellano lento y no le contesto rápido. Pues los japoneses de estos lares no sólo parecían hablarme como si fuera biling]ue, sino que el acento de kansai ha logrado retorcer un poco más la conversación.
Finalmente, y tras dos buses, hemos llegado al camino de la filosof{ia, y ha sido en ese momento cuando Hernán revela que el camino le importa dos pepinos (pero de estos que venden por aquí, fríos como una chucheria en un puesto de helados), que él quería ver el Pabellón Plateado, conocido como Ginkaku.ji.
Adiós a otro sueño del muchacho. El pobre va a acabar frustrado... Pero en compensación (que no lo ha sido) hemos caminado todo el caminito este. Es el día de los caminitos, como veis: el de los toriis, el de los bambús y el de la Filosofía empedrada.
Y como teníamos el pase de bus, pues a vivir que son dos días. Como marqueses, nos hemos dejado llevar por los autobuses para ver templos cerca de Gion, ver la preciosidad de la estación de Kyoto de noche y pasear por la "Gran Vía" de esta ciudad. Una aportación que hago es: si visitáis esta gran ciudad, tenéis que subir hasta el cielo en los infinitos tramos de escaleras de la estación. Una gran experiencia que las guías no muestran.
| La gran estación de Kyoto |
Mañana, una vez la maleta hecha iremos a dar un par de abrazotes a los ciervos de Nara antes de ir a Miyajima en Hiroshima a dormir. Here we go !!!
sábado, 26 de julio de 2014
Calor, Kyoto, y... ¿calor?
Como es una verdadera pena que os perdiéseis la jugosa cena de ayer, sólo podemos acercárosla con un par de imágenes muy intensas. Como puedes observar, Mari Carmen, tus niños comen como limas, en los huesos no van a llegar...
La noche ha transcurrido con los inconvenientes previstos: 0. Pero hay que recoconcer que ya hemos tenido un sustillo: no aparecía el JRPass de Pablo. El JRPass es el abono de transporte que nos permite viajar gratis (ya nos gustaría que fuera gratis, que nuestro dinero nos costó comprarlo). El problema es que el JRPass sólo se compra fuera de las fronteras japonesas, y lo pierdes, pese a tener el ticket que lo denuestre , pues lo has perdido.Una suerte tremebunda, como veis. Al final, y tras unos minutos de histeria, el cartoncillo reapareció.
De esta forma, y tras dormir cuatro esperadas horas (excepto Pablo, que es más joven que el resto y tiene que velar por la seguirad de sus mayores) nos levantamos apra poner dirección a Bakurocho y de ahi a Tokyo. Una vez allí, tomamos un tren bala hasta Kyoto.
Hernán y yo, en un incansable cambio de asientos en otros vacío (en esos momentos) intentamos ver el Monte Fuji, y pese a que un hombre ducho en la oreografía japonesa nos ha indicado la hora exacta para ver el Fuji, otra vez, no se ha dejado ver. Ya le decía yo a Hernán que uno tenía que encontrar las 7 bolas de dragón y ser un niño elegido antes de que los dioses te den el honor de avistar el Fuji.
| Los shinkansen molan |
Una vez en Kyoto, y tras echar un ojillo a una exposición de miniaturas muy monas de animes y videojuegos, hemos cogido el autobús que nos dejaba relativamente cerca del albergue.Es interesante, llegado a este punto, conocer las distancias de los japoneses: para algunos, estar a un par de minutos andando parece ser considerada una distancia cercana, pese a que la realidad fuera que la distancia era relativamente mayor a lo que una persona, que no participe en los JJ.OO., pueda recorrer en tan s{olo 2 minutos desde que desciende (por la puerta delantera) de un autobús de Kyoto hasta llegar a la meta. Ah, agradecer desde aquí la ayuda recibida por una mujer que ha corrido "literalmente" para enseñarnos dónde estaba el albergue.
*Si existe algún fallo, sólo el cansancio es el culpable. Cualquier coincidencia con la realidad, es totalmente cierta.
Como no podíamos hacer el check-in hasta las tres de la tarde, dejamos las cosas para ir a visitar el templo de Kiyomizudera. Un complejo de muchos santuarios y un gran templo sostenido en el "vacío" por unas cacho de pedazos de trozos de vigas de madera de mucho cuidado. De hecho, compiti+o junto a La Alhambra por ser Maravilla de l Mundo.
He de decir que no vengais a este país en julio,agosto (y si evitáis septiembre, pues casi que lo apoyo).Un calor agobiante y una humedad que te da un bofetón cada vez que sales de cualquier sitio cerrado.... ¡Con lo bonito que es Japón con el momiji rojo y no lleno de japoneses sudorosos con pañuelo en mano y en la boca un "atsui" quejicoso ! Ya lo sabéis, a Japón en primavera u otoño. Si venís en verano, asumid las consecuencias.
Eso sí, precioso el lugar con su templito, sus caminitos, sus guiris, sus japoneses tapados hasta arriba para que ni un rayito de sol les queme
| Kijomizudera y la construcci{on espectacular de Lego bajo su suelo |
| los japoneses también son humanos y sienten calor |
Una vez acabada la visita hemos regresado al hotel para hacer el check-in, pero nos ha tenido que tocar a la asiática más parada de todo el lugar, porque le ha costado a la pobre mujer. Y ya que estábamos tirados, pues hemos comido mientras veíamos un programa al que hemos titulado "Hombre, hombres andróginos y viceversa", pero hab{ia mucho japonés chulo-playa que nada parecía hacer con su vida.
Otra bofetada de calor al salir. ¿Nuestra dirección? El Palacio Imperial y el mercado de Nishiki. Muchas cosas, mucha comida, y muchos olores (así de rápido y eficaz describo yo este mercado). No sabíamos si habíamos traspasado o no la hora punta de calor, pero tuvimos que seguir andando para poder visitar los jardines del Palacio Imperial en esta ciudad. Ya he presentado a los españolitos a los cuervos de Japón, esos bichos grandes que podrían robar a cualquier niño.
| Así luce el marcado de Nishiki y las calles colindantes |
Y aquí viene la pifia del día,muy señores míos, Hernán ha visto un cangrejo de río (o langosta,como dice él) en el foso que rodea el Palacio. El pobre bicho, negro, moribundo, que se arrastraba más que otra cosa, tiene que ser la mascota del emperador o algo as{i. Ha sido acercarse Hernán y comenzar a sonar una alarma. Por suerte, no era cosa del bicho, era cosa de unos sensores que hay junto a los fosos para que nadie intente pegarse a los muros de su majestad.
| Hernán hizo pupa en el corazón de la mascota del Emperador |
En contraposici{o, encontramos el criticazo del día por parte de Raúl, que se ha encontrado justo en el momento de ir a comprar la cena un billete de 1.000 yenes, por lo que nos ha salido la jugada casi gratis.
Mañana haremos un poder (y un querer) por ir a Inari con sus torii y al bosque de bamb{u al oeste de la ciudad. Eso es un deseo y obligación. También queremos acercarnos al camino de la sabiduría, que hoy, por mucho que hemos andado e intntado alcanzar, no hemos logrado. Hoy no era el día señores, quizá mañana, con la cabeza más lúcida, podamos recorrerlo.
P.D. me inquieta mucho el ordenador desde el que escribo. Se enciende en algo que se asemeja a un reproductor de vídeo...
Llegamos
Estambul ( o Istambul, que Raúl dice que suena más exótico) ha resultado ser todo un descubrimiento. Ha sido uno de esos aeropuertos en los que te encantaría encontrarte si tu vuelo se retrasa en la ciudad de origen, si tienes una huelga de controladores aéreos o si Fuyur se mete de por medio en la ruta de tu avión. ¿Y por qué? Sencillo. Bajas del avión y a escasos 15 metros está la puerta de embarque.
Pero nuestro caso es diferente, tenemos una escala de un tiempo precioso que tendríamos que emplear en dormir para evitar el jet lag. Pero no vamos a dejar pasar esta gran oportunidad para echar una partida a las puertas de Asia, así que mientras escribo estas lineas, los hombres se entretienen jugando al Dobble.
Por supuesto, no voy a olvidar narrar las peripecias hasta este momento. Hemos encontrado al facturar la maleta, una mujer quiso (y logró) facturar una maleta de 41 kg. de peso (cuando lo permitido son 20 kg.) Así que habrá tenido que aflojar unos 500 euros... ¡Alegría!
Pese a los nervios de Hernán de querer entrar al avión antes de que estuviera colocado en su lugar, hemos dado una vueltecilla por "Alfonso Suarez". Con todo y eso, hemos llegado con tiempo suficiente como para que ensamblaran el cacharro con alas y que nos llamaran para embarcar.
He de decir que doy el visto bueno a Turkish Airlines. Pese a que Pablo se quedara con hambre con los macarrones (4), ensaladita, queso, mantequilla con sus panecillos salados y la tartita de chocolate. Además, digno de la alta cocina, en el menú encontramos exquisito yogurt de agua que mostramos en las imágenes.
También se ha de destacar el duelo entre Kaspárov y Karpov, entre risotada de Kaspárov y los sobresaltos de Karpov cada vez que el avión se meneaba más de lo debido.
¡Al fin ya en Japón! Tras estar 11 ricas horas en el avión turco, soportar a una azafata, que parecía rusa por su falta de sonrisa, y en el que Hernán nos ha mostrado su gran habilidad lingüística, hemos aterrizado en suelo nipón. Eso sí, dos puñeteras horas para salir del aeropuerto de Narita por causas ajenas, y no, a nuestras personas. Hemos logrado pasar parte de nuestro sustento, lo que viene a significar en castellano que henos pasado el embutido. Y Hernán y Pablo han logrado pasar la satisfactoria prueba de enfrentarse a un wc japonés. En contraposición, las ruedas de la maleta de Gema han desaparecido en el viaje, y muy amablemente los turcos nos la han cambiado (y encima ¡mucho mejor!). Luego hemos pasado el papeleo del JRpass y hemos pillado el Keisei hasta Asakusabashi.
Hasta aquí el primer informe. No sin antes recordar el épico momento de Hernán.
Hasta aquí el primer informe. No sin antes recordar el épico momento de Hernán.
La azafata con el carrito de la compra le pregunta:
- Beef or pasta.
Muy seguro de sí mismo, el responde:
- Chicken
Ni un pelo se le mueve a la azafata, y vuelve a preguntar lo mismo. Hernán sigue con su inquebrantable Chicken y ella con su "beef or pasta". Finalmente, el hombre ha tenido que ceder ante la señorita.
martes, 8 de julio de 2014
Por un Gundam en la Plaza de Felipe II
Apenas quedan unos días para echar el vuelo y aún restan bastantes cosas por hacer: cambiar el dinerito (viva la fuerza del euro en estos momentos), hacer un plan un poco más minucioso de los días... Esas cosas típicas.
A día de hoy, ya tenemos la mochila (gracias a las bondades de Chacón Sánchez family), y con ello se inician los "por si acaso". Pese a mi deseo a dejar todo lo que se pueda en tierra, hay que tener en cuenta cosas que una ha de llevar (pero no volver a traer): que si una botella de sangría para Mika-chan (peticiones coreanas, qué le vamos a hacer), un par de vinitos para mis Ninja y Nakamura-san (a lo mejor volvemos a pisar Studios IG, ¡y esta vez a pleno rendimiento! - ¿se cuajará algo de Attack on Titans season 2 en su interior?), que si embutido, que si una bolsa de chuches (que les hacen mucha gracia... Esa serie de cosas que abultan, pero que vamos a desempaquetar nada más pisar suelo nipón.
A esto añadimos una duda mayor... ¿nos llevamos una maleta extra para las compras? Compras ajenas, este año no. Para quince días que voy a pasar en territorio de Godzilla no voy a detenerme en buscar unos pendientes de la pokeball edición 1º con la Satoshi (a.k.a. Ash Ketchum de Pueblo Paleta) capturó a su Pidgey. Pero para compras propias, podemos llevar un portaaviones de la armada si queremos, porque lo que es llenarlo, se llena (el Gundam precioso de Odaiba quedaría precioso en la Plaza de Felipe II, estimada Ana Botella).
![]() |
| ¡Aquí mi proyecto realizado en un par de minutos para Ana Botella! Hasta hay turistas ya... |
Con esto de las tecnologías digitales, estuvimos viendo Españoles por el mundo: Ôsaka, mientras lo comentábamos a la par. Cada uno iba a lo suyo: que si la talla de sujetador de las niponas, que si la tienda de Super Potato, que si los tiburones del acuario... Yo en Ôsaka sólo tengo ojos para el okonomiyaki y el takokayi. Que me perdonen, pero podría volver redonda a base de comer -yaki.
Esto de las tecnologías me recuerda cuando María y yo veíamos Hora de Aventuras a la par, estando yo en Tokyo y ella en Madrid y lo comentábamos. Toda una experiencia, sin duda.
A lo que iba, Ôsaka: esa ciudad donde mayor número de gente borracha por metro cuadrado he visto en mi vida, donde casi sentí que nos iban a robar los riñones; pero también esa ciudad donde una familia me acogió (con su Shiba Inu adorable) y pude probar un onsen por primera vez en mi vida. Esa ciudad que tan poco me gusta, y que espero que me aporte algo en este viaje. Es tu última oportunidad para conquistarme, Ôsaka.
Madre... pero qué bonico queda el Gundam en la plaza... con sus lucecitas, y sus ruiditos... Ains...
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