martes, 8 de julio de 2014

Por un Gundam en la Plaza de Felipe II



Apenas quedan unos días para echar el vuelo y aún restan bastantes cosas por hacer: cambiar el dinerito (viva la fuerza del euro en estos momentos), hacer un plan un poco más minucioso de los días... Esas cosas típicas.

A día de hoy, ya tenemos la mochila (gracias a las bondades de Chacón Sánchez family), y con ello se inician los "por si acaso". Pese a mi deseo a dejar todo lo que se pueda en tierra, hay que tener en cuenta cosas que una ha de llevar (pero no volver a traer): que si una botella de sangría para Mika-chan (peticiones coreanas, qué le vamos a hacer), un par de vinitos para mis Ninja y Nakamura-san (a lo mejor volvemos a pisar Studios IG, ¡y esta vez a pleno rendimiento! - ¿se cuajará algo de Attack on Titans season 2 en su interior?), que si embutido, que si una bolsa de chuches (que les hacen mucha gracia... Esa serie de cosas que abultan, pero que vamos a desempaquetar nada más pisar suelo nipón.

A esto añadimos una duda mayor... ¿nos llevamos una maleta extra para las compras? Compras ajenas, este año no. Para quince días que voy a pasar en territorio de Godzilla no voy a detenerme en buscar unos pendientes de la pokeball edición 1º con la Satoshi (a.k.a. Ash Ketchum de Pueblo Paleta) capturó a su Pidgey. Pero para compras propias, podemos llevar un portaaviones de la armada si queremos, porque lo que es llenarlo, se llena (el Gundam precioso de Odaiba quedaría precioso en la Plaza de Felipe II, estimada Ana Botella).

¡Aquí mi proyecto realizado en un par de minutos para Ana Botella! Hasta hay turistas ya...

Con esto de las tecnologías digitales, estuvimos viendo Españoles por el mundo: Ôsaka, mientras lo comentábamos a la par. Cada uno iba a lo suyo: que si la talla de sujetador de las niponas, que si la tienda de Super Potato, que si los tiburones del acuario... Yo en Ôsaka sólo tengo ojos para el okonomiyaki y el takokayi. Que me perdonen, pero podría volver redonda a base de comer -yaki.
Esto de las tecnologías me recuerda cuando María y yo veíamos Hora de Aventuras a la par, estando yo en Tokyo y ella en Madrid y lo comentábamos. Toda una experiencia, sin duda.
A lo que iba, Ôsaka: esa ciudad donde mayor número de gente borracha por metro cuadrado he visto en mi vida, donde casi sentí que nos iban a robar los riñones; pero también esa ciudad donde una familia me acogió (con su Shiba Inu adorable) y pude probar un onsen por primera vez en mi vida. Esa ciudad que tan poco me gusta, y que espero que me aporte algo en este viaje. Es tu última oportunidad para conquistarme, Ôsaka.

Madre... pero qué bonico queda el Gundam en la plaza... con sus lucecitas, y sus ruiditos... Ains... 

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