Gema y Raúl han ido al zoo a ver animalitos (vivos), Hernán y Pablo a ver animalitos (muertos) y yo al Museo Nacional, que es el que me restaba por ver. Que menuda colección tienen estos japos en el Museo. Una pena que tenga tan poca idea de arte e historia asiática, porque lo hubiera disfrutado mucho más. Desde muñecos de terracota japoneses, armas koreanas, la primera katana curva de Japón, Kimonos o estampas del ukiyo-e.
¿Qué hubiera mejorado? Pues el no ir durmiéndome por las esquinas. Entre el ir sola, el sueño acumulado y la iluminación "única" de las piezas en el museo (que no ayudaba nada), he tenido un par de momentos que me veía durmiendo en el suelo tirada. A lo mejor no se enteraba nadie, porque los japoneses se duermen en cualquier lugar ( haré una entrada con aquellos a los que Pablo ha fotografiado durante el viaje). ¿Consecuencia? Otra foto a nuestro álbum de "españoles dormidos en Japón. Grandes cazadas del ayer y del hoy". Yo dormida en unas escaleras esperando a que nos encontráramos.
Después de la mañana lúdico educativa, hemos ido (a la otra punta de Tokyo ciudad) a relajarnos. Un merecido onsen para finiquitar este viaje. Al entrasr en la sala para cambiarnos, una señora me ha comentado que la toalla que llevábamos no podíamos pasarla, así que han llamado a recepión para que nos trajeran una más pequeña que pudiéramos pasarla a las piscinas. Tampoco teníamos champú y gel, pero una señora mayor me ha dado dos botecitos. Cómo se nota que no ven a occidentales por allí. Amabilidad ante todo, excepto la mujer del mostrador que parecía que no nos miraba con buena fe.
Una vez dentro, nos hemos enjabonado, duchado y a las piscinas. Aguas con minerales la mar de relajantes. La caliente con chorritos, 45 y 40 grados, La helada a unos supuestos 21 (que una vez que te metes en el agua de Gredos, y la comparas, asumes que no son 21). Por supuesto, y tal y como el sueño de Hernán requería, el onsen tenía que tener piscinas al descubierto. Si bien, no eran las típicas con jardincito, estar en una piscina de agua termal caliente, mientras te da la semi brisita se agradece.
Allí dentro nos hemos encontrado con una japonesa que ha comenzado a hablar español porque de pequeña vivió en Madrid. Curioso cuanto menos. La gente que conoces en un onsen. Ha sido divertido cuando al salir de una piscina he pedido a dos niñas de unos 8 años que me dejaran salir y se me han quedado mirando- Quizá porque nunca habían visto a una occidental en pelotahh (en un onsen vas desnudo) o porque les he hablado en japo. La cuestión es que se me han quedado mirando y al rato han aparecido en mi misma piscina fuera. Me miraban y cuchicheaban (a 50 cm. de mí) han hecho una cuenta atrás y se han lanzado las dos a lavez a preguntarme que de qué país era. Más graciosas.... Una de las grandes pruebas de fuego en un idioma; los niños.
Acabado nuestro tiempo hemos vuelto al albergue para hacer el checking del avión y comenzr a recoger. Hemos cenado en nuestro restaurante de Akiba, que no defrauda nunca. Cerrando el ciclo.
Mañana nos despediremos de la ciudad y volveremos a la nuestra...
Parece que este viaje se ha acabado, pero aún quedan por editar mis mal de 1,000 fotografías (literalmente), las mismas de Hernán. Ordenar, ver vídeos y montar el gran vídeo de nuestro viaje. Prometo subir a los dormilones japoneses y espero también hacer lo propio con el vídeo reportaje.
Escribo el final del blog 4.0 con los openings de One Piece de fondo que ha puesto el chico de recepción de Ninja. Al final sale la lagrimilla que no se escapó ayer en Odaiba...
Hasta la próxima Japón
またね!
