Hoy nos hemos despertado un poco vagotes: Elena se estaba durmiendo cada dos por tres, hecha una pelotilla. Pero el desayuno nos estaba llamando a gritos, y hemos tenido que ir a ayudarle. Eso sí, Ana se ha quemado la mano en la ducha y , la muy guarra, ha decidido no volver a ducharse hasta llegar a casa.
Así que después de des-ayunar el ayuno de la noche hemos ido a buscar el bus o autocarro que nos llevara a Ajuda. Bea, "useasé" yo, estaba convencidísima, con su gran conocimiento de portugués, que era la judería y se ha quedado tan ancha. Pero ha cambiado de idea al saber que el edificio era neoclásico.
Por el camino, hemos comprado unas magdalenas o "bolas de arroz" como en la etiqueta pone. Y en busca del bus 727. Como es costumbre aquí, cada uno te manda a un sitio diferente: que si recto, que si gira, que si mejor en metro... total, que después de bordear la estación de tren y sabiendo que podíamos haber ido recto desde el hotel, hemos encontrado el dichoso bus. Por suerte, ha llegado pronto, porque ha comenzado a chispear, pero tres gotas, como dice Laura.
Nos ha llevado por la ruta turística típica, como si fuéramos en un bus de doble pisos de esos. Y aunque Laura quiere ir en tranvía, últimamente nos tocan siempre de los nuevos; que son más un tren ligero que otra cosa dicen aquí. Así que andamos buscando las líneas antiguas.
En el bus, volviendo a la historia, hemos visto que el Palacio que íbamos a visitar cerraba justo los miércoles; así que directo a los Jerónimos. Y unas colas... qué colas...
Pero ha merecido la pena. ¡Qué bonito es el monasterio por dentro! Su jardín, sus arcos, su coro, sus vidrieras... y hemos estado junto "al cadáver" de Vasco de Gama, y Laura ha aprendido quién es.
Nada más salir, porque es en otra ala del monasterio, el museo arqueológico nacional. Elena tenía serias dudas de la "edad" de las "piedras romanas" y preguntaba si era de cuando "mamá era pequeña". Claro, que la pregunta ha ido por el estilo de una que Laura se ha marcado en el Palacio de Queluz por la tarde, luego lo contamos.
Un poco raquítico el museo es. Espero que estén en remodelación o que haya otras salas o museos más allá de Lisboa, porque no creo que sólo tengan una salita egipcia, otra de primitivos lusos y una exposición itinerante, a parte de lo latino. Espero que se nos haya olvidado algo...
Entonces , tras esta visita breve hemos puesto rumbo al museo del coche. Que si el carruaje de Felipe II, que si de la reina de Portugal, de un Papa... incluso un carruaje futurista que no pintaba nada... Eso sí, todos coches sin motor alguno. Muy bonitos ellos.
Como estábamos cerca del puerto que lleva al otro lado del río, nos hemos acercado. Pero al final no hemos ido en barquito; y como aquí se come a horas portuguesas, obviamente, pues a eso hemos ido.
Que si sardinas, que si hamburguesa... al final bocata entre palomas. Y cómo le gustaban a Ana las palomas...
Y a partir de ahí, hemos vuelto a coger el cercanías dirección a Sintra para acabar en el Palacio de Queluz.
Total, que llegamos a un barrio que parece playero. Digo parece porque no lo es.
El palacio la mar de hermoso, pijo y rococó (por dentro. Probablemente para que dijeran bah, ahí no hay na' de na' y no entraran a robar). Por dentro todo oro, cristal y azulejos. Menudos vals que nos hemos marcado Laura y yo en el salón. Nos faltaban las pelucas rocambolescas.
Una salita para cantar, otra para merendar, otra para la música. ¿Y la de hacer caca? Porque no se van a ir al jardín en invierno con el culo al aire... y por fin encontramos el trono... en serio, es un trono, pero con un agujero. Bueno, eran dos tronos dentro de un armario, porque era una sala de apenas dos metros cuadrados. Ahora que lo pienso, ni una foto... y la gran pregunta de Laura. ¿Y en este despacho dónde tienen la máquina de escribir?
Y los jardines, ¡qué jardines! Con sus esculturas y sus setos. Hemos estado imitándolas unas rato. A las esculturas, que imitar a un seto es un poco difícil. °>° algo así debería ser...
¿Qué hacemos ahora? Pues volver a Belén, todo sea por hacer tiempo. Hemos cogido un tranvía (qué raro), pero uno de los antiguos, de esos que traquetean, de los del "tren de la bruja", como dice Tía Ana, bache para arriba bache para abajo. La pretensión era conseguir subir a la torre, pero muy justos de tiempo íbamos. Luis ha echado a correr, por si llegaba, pero nada. Esta gente no espera ni a y media. Pero hemos aprovechado y nos hemos tirado al césped a merendar. También hemos intentado hacer volteretas, unos mejores que otros; y subir a los árboles. De esto sí que hay pruebas gráficas. Y ooootro eléctrico de vuelta. Esta vez, nuevo.
Hemos paseado por el centro, pero la verdad que poco se puede hacer, esto se queda sin gente a las 8.30 de la tarde...
Oish, hemos visto unas cajas más monas con formas de tranvía, oishhh. A Ana y a mí nos ha entrado la vena materialista... y a ver mañana qué sucede.
Ahora a cenar. Pronto Ana y yo bajaremos a la sala del wifi para poder enviaros esto y que sepáis de nuestras noticias.
Por cierto, sé que queda fatal poner primero las fotos y luego el texto, pero actualizar vía e-mail es lo que tiene...








