lunes, 4 de agosto de 2014

Día de metro

Si bien he podido decir en otros viajes que me conocía la ciudadde sde la superficie, el metro de Tokyo apenas lo había pisado en más cinco ocasiones en la suma de las otras ocasiones que estuve en la ciudad. Teniendo el JR para las largas distancia, no me planteé coger el transporte subterráneo.

Sin embargo, hoy las distancias que íbamos a recorrer eran inviables a pie, así que ayer decidimos coger el pase de un día de metro para que no nos saliera por un ojo de la cara y poder atravesar Tokyo sin ningún problema. Hay que destacar que el metro de esta ciudad lo tienen dividido entre dos empresas, por lo que tuvimos que hacer cálculos antesde comrpar el billete combinado para saber si merecía o no la pena. Por supuesto, compensaba.

Nuestra primera parada ha sido la tumba de los 47 ronin, el templo de Sengakuji. Un lugar que no aparece en las guías (quizá ahora, con la película que lleva el mismo nombre se ha hecho más famoso). Una pequeña parcelita con 47 tumbas de aquellos que estuvieron años planeando la venganza hacia un hombre que deshonró a su señor. Todo acabó con el sepukku, y de ahí a la tumba.
Como voy con unos cuantos que tienen el volumen un par de tonos por encima de la media japonesa, les he pedido que me respeten a mí y que se comportaran en el lugar. Objetivo cumplido, una carita sonriente para ellos. Ya he desistido de hacerles callar en el metro, son españoles, no puedo cortarles los siglos de evolución gutural. Darwin es fuerte en ellos.
Tras colocar mi inciensito reglamentario en las tumbas y presentar los respetos, hemos vuelto a sacar el ticket de metro para nuestro siguiente destino: la Torre de Tokyo.
Que desde el templo se podía ir andando, sí; que hemos pagado por el metro de hoy, también. Así que no íbamos a gastar las suelas de las zapatillas (que también las pagamos en su tiempo) y hemos vuelto a bajar a las profundidades.
La Torre de Tokyo es alta, muy alta y no hemos podido evitar (como buenos turistas) acercarnos hasta la base para hacer unas cuantas fotografías. Con sus singulares muñecotes mascota, en forma de caracono, y unas flores indicando el aniversario, la Torre nos ha dicho hola. ¿Qué pasa? que nosotros no le hemos devuelto el saludo. Su prima, el Tokyo Metropolitan Hall, nos había acogido en sus alturas, gratuitamente ayer. Torre de Tokyo, molas desde abajo, pero no nos interesas mucho más.
Mientras íbamos hacia ella, hemos pasado por un templo bastante grande. Las vistas eran muy interesantes: un gran templo tradicional de madera con la Torre de Tokyo a sus espaldas. Además, un pasillo con figuras de niños arropados con trapitos de crochet y molinillos a los lados (¿tumbas de bebés?). Quizá triste, pero una estampa muy muy bonita.

Preparando nuestros vídeos en la Torre de Tokyo


Cuando ya hemos grabado nuestros usuales vídeos bajo la Torre, hemos girado 180 grados en dirección al centro Pokemon; no sin antes parar al McDonalds a por unas bebidas (he creado un monstruo con Pablo...). Realmente el centro Pokemon es una tienda con cincuentamil chuminadas. He de decir que es una pena que no guarden más amor en forma de merchandising de los pokemon de primera o segunda generación (toda mi decepción al coger un peluche que parecía Ampharos y ha resultado ser su súper evolución). Aún así no han faltado las fotos reglamentarias, Pokeball en mano con Charizard, Pikachu abrazable, Charmander abrazable... Todo muy "able".

La masterball que la pifió al no capturar a Mewtwo


Y tras que el oni-consumista acabara con nuestra alma, hemos vuelto al metro de Tokyo. Ikebukuro, here we go!. Nuestra visita al simulador de terremotos era visita obligada, Ikebukuro (tras conocer Akihabra, no tanto). Tras un vídeo con la profundidad temática y moralista (aunque más práctico) que un capítulo de Teo, hemos pasado a aprender a utilizar un extintor, cómo salir de una casa en llamas y qué hacer en caso de terremoto. Pese a ser mi segunda vez en este lugar, no me dejo de sorprender por la impresión que da ver cómo una mesa agarrada por cuatro adultos puede moverse y deslizarse por el suelo con tanta facilidad por la fuerza de la tierra.

¿Dónde hemos comido hoy? Nuestras vacaciones gastronómicas nos han llevado a un restaurante en el que hemos disfrutado (al menos yo) con un plataco de comida muy interesante. Además, nos han dado una sopade miso. ¡Madre de dios! Eso es otra de las cosas que se deberían exportar.
Por la tarde, obviamente llegando en metro, hemos ido a ver una escultura que han plantado (va sin comillas porque es literal, el bicho sale del suelo, como una seta) en una esplanada: Godzilla. Un bicharraco de 6 metros de altura en conmemoración de la película. Comparado con el mierdi bicho de medio metro de Ginza, esto es un Kaiju en toda regla.

El bicho que se comió al tiburón ballena

Nuestra última parada ha sido el Tokyo Sky Tree, el pirulí de Tokyo. Obviamente proporcional en tamaño a la extensión y a la población de la ciudad, como supondréis. Un cacho de pirulí, vamos.
A la vuelta, nos hemos encontrado con Sayaka y hemos ido a cenar al Yakiton, una tasca (pero bareto cutroso japonés súper rico) donde se sirve todo tipo de carnes. Tenía yo ganas de volver...

Y como viene siendo usual, las fotos serán mañana. Ahora a dormir, queda un largo día a Hakone. Esperamos volver renovados con las aguas termales y con unas preciosas vistas del Fuji.







2 comentarios:

  1. No se si habrá sido el poder de algún espíritu en la tumba de los 47 ronin, o el abrazo a todo lo abrazable en el Centro Pokemon, o la sopa de miso que tanto te gusta o la impresión de ver resurgir a Godzilla, o la postura de cabeza hacia atrás para poder alcanzar a ver la punta del pirulí de Tokyo, o la rica carne que sirvieron en el “bareto cutroso japonés”, pero algo o alguien ha tenido que influir para que tú recargaras tus pilas y escribieras otra vez como si habrías estado todo el día descansando.
    …… Y si hoy el comentario ha sido extenso y detallado, cómo será mañana que regresareis relajados después del baño en aguas termales………..
    Que disfrutéis mucho del día de mañana y sobre todo y ante todo os deseo tengáis la suerte de poder ver al Fuji.
    Un abrazo muy fuerte para los cinco. MARICARMEN

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  2. Sacrificios que hay que hacer. El cansancio se acunula, pero ya descansaremos en el avión de vuelta :)

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