sábado, 26 de julio de 2014

Calor, Kyoto, y... ¿calor?




Como es una verdadera pena que os perdiéseis la jugosa cena de ayer, sólo podemos acercárosla con un par de imágenes muy intensas. Como puedes observar, Mari Carmen, tus niños comen como limas, en los huesos no van a llegar...






La noche ha transcurrido con los inconvenientes previstos: 0. Pero hay que recoconcer que ya hemos tenido un sustillo: no aparecía el JRPass de Pablo. El JRPass es el abono de transporte que nos permite viajar gratis (ya nos gustaría que fuera gratis, que nuestro dinero nos costó comprarlo). El problema es que el JRPass sólo se compra fuera de las fronteras japonesas, y lo pierdes, pese a tener el ticket que lo denuestre , pues lo has perdido.Una suerte tremebunda, como veis. Al final, y tras unos minutos de histeria, el cartoncillo reapareció.
De esta forma, y tras dormir cuatro esperadas horas (excepto Pablo, que es más joven que el resto y tiene que velar por la seguirad de sus mayores) nos levantamos apra poner dirección a Bakurocho y de ahi a Tokyo. Una vez allí, tomamos un tren bala hasta Kyoto.
Hernán y yo, en un incansable cambio de asientos en otros vacío (en esos momentos) intentamos ver el Monte Fuji, y pese a que un hombre ducho en la oreografía japonesa nos ha indicado la hora exacta para ver el Fuji, otra vez, no se ha dejado ver. Ya le decía yo a Hernán que uno tenía que encontrar las 7 bolas de dragón y ser un niño elegido antes de que los dioses te den el honor de avistar el Fuji.
Los shinkansen molan

Una vez en Kyoto, y tras echar un ojillo a una exposición de miniaturas muy monas de animes y videojuegos, hemos cogido el autobús que nos dejaba relativamente cerca del albergue.Es interesante, llegado a este punto, conocer las distancias de los japoneses: para algunos, estar a un par de minutos andando parece ser considerada una distancia cercana, pese a que la realidad fuera que la distancia era relativamente mayor a lo que una persona, que no participe en los JJ.OO., pueda recorrer en tan s{olo 2 minutos desde que desciende (por la puerta delantera) de un autobús de Kyoto hasta llegar a la meta. Ah, agradecer desde aquí la ayuda recibida por una mujer que ha corrido "literalmente" para enseñarnos dónde estaba el albergue.

*Si existe algún fallo, sólo el cansancio es el culpable. Cualquier coincidencia con la realidad, es totalmente cierta.

Como no podíamos hacer el check-in hasta las tres de la tarde, dejamos las cosas para ir a visitar el templo de Kiyomizudera. Un complejo de muchos santuarios y un gran  templo sostenido en el "vacío" por unas cacho de pedazos de trozos de vigas de madera de mucho cuidado. De hecho, compiti+o junto a La Alhambra por ser Maravilla de l Mundo.
He de decir que no vengais a este país en julio,agosto (y si evitáis septiembre, pues casi que lo apoyo).Un calor agobiante y una humedad que te da un bofetón cada vez que sales de cualquier sitio cerrado.... ¡Con lo bonito que es Japón con el momiji rojo y no lleno de japoneses sudorosos con pañuelo en mano y en la boca un "atsui" quejicoso ! Ya lo sabéis, a Japón en primavera u otoño. Si venís en verano, asumid las consecuencias.

Para poder resumir la experiencia de la sensación calorífica contamos con la frase de nuestro elocuente Pablo: Que alguien me mee en la boca, por favor. Asumid en la frase que el "pisecillo" era una metáfora/metonímia de un refresco para nosotros ¿o quizá es un paralelismo? Ains las figuras retóricas...
Eso sí, precioso el lugar con su templito, sus caminitos, sus guiris, sus japoneses tapados hasta arriba para que ni un rayito de sol les queme
Kijomizudera y la construcci{on espectacular de Lego bajo su suelo

los japoneses también son humanos y sienten calor
. 

Una vez acabada la visita hemos regresado al hotel para hacer el check-in, pero nos ha tenido que tocar a la asiática más parada de todo el lugar, porque le ha costado a la pobre mujer. Y ya que estábamos tirados, pues hemos comido mientras veíamos un programa al que hemos titulado "Hombre, hombres andróginos y viceversa", pero hab{ia mucho japonés chulo-playa que nada parecía hacer con su vida.

Otra bofetada de calor al salir. ¿Nuestra dirección? El Palacio Imperial y el mercado de Nishiki. Muchas cosas, mucha comida, y muchos olores (así de rápido y eficaz describo yo este mercado). No sabíamos si habíamos traspasado o no la hora punta de calor, pero tuvimos que seguir andando para poder visitar los jardines del Palacio Imperial en esta ciudad. Ya he presentado a los españolitos a los cuervos de Japón, esos bichos grandes que podrían robar a cualquier niño.

Así luce el marcado de Nishiki y las calles colindantes
Y aquí viene la pifia del día,muy señores míos, Hernán ha visto un cangrejo de río (o langosta,como dice él) en el foso que rodea el Palacio. El pobre bicho, negro, moribundo, que se arrastraba más que otra cosa, tiene que ser la mascota del emperador o algo as{i. Ha sido acercarse Hernán y comenzar a sonar una alarma. Por suerte, no era cosa del bicho, era cosa de unos sensores que hay junto a los fosos para que nadie intente pegarse a los muros de su majestad. 
Hernán hizo pupa en el corazón de la mascota del Emperador
En contraposici{o, encontramos el criticazo del día por parte de Raúl, que se ha encontrado justo en el momento de ir a comprar la cena un billete de 1.000 yenes, por lo que nos ha salido la jugada casi gratis.
Mañana haremos un poder (y un querer) por ir a Inari con sus torii y al bosque de bamb{u al oeste de la ciudad. Eso es un deseo y obligación. También queremos acercarnos al camino de la sabiduría, que hoy, por mucho que hemos andado e intntado alcanzar, no hemos logrado. Hoy no era el día señores, quizá mañana, con la cabeza más lúcida, podamos recorrerlo.

P.D. me inquieta mucho el ordenador desde el que escribo. Se enciende en algo que se asemeja a un reproductor de  vídeo...


2 comentarios:

  1. ¡Gracias Bea, por tranquilizarme después de ver como se alimentan mis niños en Japón, pero seguro que esa comida no solo era para ellos sino que ninguno de vosotros regresareis desnutridos! Tú cuídate mucho: descansa y come lo suficiente para que tengas fuerzas de relatarnos el transcurrir de cada día. Como te imaginaras, mi hijo no me cuenta cosas como su falta de entendimiento con la azafata respecto a la comida y no es porque mi hijo no domine el inglés sino que a él se le antojaba pollo y ella "cabezota" no se lo quería servir o quizás es que ella no comprendía el perfecto inglés que habla Hernán. Respecto a lo de la alarma, no me extraña: desde pequeño, tuvo como una especie de imán para hacerlos sonar. Supongo que Pablo os dará todas las explicaciones referentes a la construcción de esos edificios que estáis conociendo.
    Besos para los cinco. MARICARMEN

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  2. ¡Claro, Maricarmen! Entre el arquitecto y el periodista, está todo controlado jajaj

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