Sería más un "como decíamos hace más de mes y medio", pero como a Fray Luis de León le sirvió, pues a mí también... Aunque también nos puede servir la fórmula "Érase una vez", porque Disney fue un total cuento de hadas (aunque sin cursilerías)...
Con toda la niñería y emoción que podía contener, creo recordar que un par de veces me desperté esa noche para ver la hora. Aunque también hay que decir que era semi-normal que abriera los ojos una vez por la noche cada día... o bueno, no tan noche, porque a las seis de la mañana el sol ya lucía interesantemente.
La noche anterior habíamos quedado en salir del albergue a las 9,30 (para salir más tarde, porque si se queda a esa hora, pues no se sale a esa hora...). Yo quería estar en el parque a las 10, cuando abrieran, pero Mine dijo que era muy pronto despertarse a las ocho para salir a las nueve, así que cedí un poco, con cierta reticencia, no os creáis. Decía ella "es que luego nos volveremos a la hora de cierre, y más de doce horas es cansado". Yo, como llevaba las pilas Duracel de niña de siete años, me daba igual las horas que pasáramos allí dentro.
A nuestra agradable compañía formada por Mine, Ettiene, Megumi, Jamie, y la servidora; se añadieron una pareja de australianos, y un estadounidense. Todo multicultural y esas cosas típicas, en plan la ONU, pero llevándonos bien y todo eso.
Mine, sin embargo, tuvo trabajo la noche anterior y no lo pudo acabar, así que nos dijo que se iría por su cuenta luego. Lo dicho, acabamos saliendo unos quince minutos después de lo previsto. Pero ir a DisneLand en Tokyo es chachi, porque en metro no se tarda más de 40 minutos desde nuestro albergue hasta la puerta del parque. A mí me pareció como increible, ¡a tiro de piedra!
Megumi, que había trabajado allí vendiendo helados, nos contó que al ser el primer día de Navidad (sí, lo elegimos a conciencia), el parque se llenaría de frikis de Disney. Yo tenía mis dudas, porque mucho Disney, mucho Disney, pero luego no sabían diferenciar de la princesa Aurora de Blancanieves. A ver, que yo lo veo lógico, que no han crecido con ello, pero había quien no tenía mucha idea... Bueno, pues eso, frikis de Disney. Ése fue un handicap, hubo gente, pero al no ser fin de semana no estaba a rebosar. Aún así, yo no lo vi tan lleno... Pero me llamó la atención la cantidad de críos que había. En fin, eso siempre me había llamado la atención, la cantidad de adolescentes, que en horario de clase, estaban por la calle en Tokyo.
Yo me imagino a los padres poniendo excusas a los profesores y luego se van toda la familia feliz a Tokyo... o la madre y los críos, porque el padre no va a poner excusas moñas por ir a este parque. O a lo mejor, simplemente le dice a la profesora que se van a DisneyLand y punto. A saber... Además, más de uno iba disfrazado, pero con todo el disfraz de cuerpo entero (críos). Aunque muchos muchos adultos con sus orejitas de Minie, que si sombreritos que si todas esas cosas que te cuestan un riñón (un riñón de la cara iba a decir... Ya no sé qué cuesta más un riñón o un ojo de la cara, así que mezclo conceptos) y luego se lo ponen sólo en Disney.
La cuestión es que en metro da gusto viajar por Tokyo y que en un periquete teníamos el castillo de Cenicienta delante de nuestros ojos.
¡Qué emoción al entrar! Yo casi lloraba,no sabíamos a dónde ir, muchos sitios a los que visitar y muchas atracciones a las que subirse...
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| ¡la entrada añorada! |
| Ninja Khaosan crew llegó |
España, cómo no, estaba representada por un Don Quijote y Sancho entre molinos.
Como necesitábamos un chute de adrenalina nos dirigimos hacia la zona Toon, con Rogert Rabbit y sus amigos, bromas y esas cosas que explotan. Ya esperar en la cola era gracioso. Andabas por un pasadizo oscuro con objetos y pasajes de la película de este conejo. La atracción en sí era divertida: unos coches por unos carriles te mostraban escenas de la película, trampas, bolas que casi te dan, ácidos que casi te destruyen y esas cosas que casi casi... pero la emoción estaba en el volante, a cada giro tú girabas... Así que era una mezcla de tazas locas con cochecitos...
Nada más salir y hacernos las fotos de rigor, encontramos a los tres cerditos, Daisy, Goofy y Max. Estos últimos me dijeron que llevaban guantes y que no me podían firmar, los cerditos tenían a tanta madre japonesa alrededror metiendo a los críos a cholón para que les firmaran que sólo me pude hacer una foto, y Daisy sólo me pudo firmar. ¡Qué gañanes estas madres! No respetaban el turno ni nada. Me daba igual ser adulta, yo también tenía mi derecho a foto y firma... Ay, los modales japoneses, qué rápido desaparecen cuando quieren...
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| ¡Goofy, pero qué majo! |
La cabalgata, una preciosidad, con sus bailarines, sus carrozas, sus muñequitos: que si Donald, Winnie the Pooh, Peter Pan y su barco, los Increibles en deslizantes, las princesas... Faltaron muchos clásicos, pero los niños de hoy día no conocen a Mowgli, qué vamos a hacer... Y yo, cómo no, lloré. Esa emoción y deseo de haber querido ir, al menos, en los últimos 20 años de mi vida, estaba ahí, claro. Y lloré.
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| Los fanáticos |
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| No podía faltar el rey |
Luego Meg y Mine "oh, kawaii" y yo kawaii no, qué voy a ser kawaii, lo que pasa es que tenía tal emoción que no iba a dejar de llorar. Luego, en la cabalgata de la tarde especial Navidad no lloré, para que veáis.
| Micro montaña rusa |
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| los amigos del Rey Louie |
Después de que me subiera la adrenalina con bajadas interesantes, ya casi estaba hecha a todo. Hasta incluso quería subir en la montaña rusa de madera. La del tren típico. Pero estaba cerrada ese día, una pena.
En su lugar, por la noche, nos subimos a la "Space mountain" (si pones montaña, da más emoción al asunto, por lo que veo). Una montaa rusa dentro de una cúpula, todo a oscuras... Mientras haces cola, como si estuvieras en un angar sideral, hay puertas de escape cada dos por tres "Aún puedes salir, "Sal por aquí"... y cosas del estilo "si tienes aprecio a tu vida aún estás a tiempo".
Claro, con tanto cartelito, yo decía "uy, madre, lo que será". Pero no me rajé, claro. Ya que estábamos en DisneyLand, habría que probarlo. Además, y dato muy importante, no salía ningún niño llorando, ¡había niños, por favor!
Efectivamente, no fue tan exagerado. Decían por altavoces que la atracción tenía caídas libres, movimientos bruscos bla bla bla... Pero yo creo, que al ser a oscuras y sólo ver luces simulando esterllas y alguna que otra galaxia por ahí, se hizo más llevadero. Vamos, que riéndome y todo.
Que a vosotros os parecerá una bobada, pero que yo esto de sentir en el estómago cosas, lo he lelvado mal toda mi vida.
También montamos en la "Fábrica de risas". Como no tenía la palabra montaña, pues trepidante no iba a ser. Era una atracción graciosa, más que otra cosa. Esperando en la recepción de la compañía, muy bien hecha, lo hizo más ameno. La atracción era un recorrido por la fábrica y con unas linternas tenías que apuntar al logotipo de la empresa para que los monstros salieran, pero claaaaaaro había que tener cuidado con Ralph... esas cosas que pasan.
| El coche del empleado del mes me atropelló |
También pudimos ver la cabalgata, como he dicho antes, de Navidad. Todos vestidos de rojos, muñecos de nieve saltando, Chip y Chop enseñando un baile para cuando Santa Claüs llegara al ritmo de "me-ri - cris-maaas" (con acento japonés, que se note). Y la cabalgata de la noche, la cabalgata de luces. Carrozas impresionantes llenas de led's que cambiaban de color. Muy impresionante, una detrás de otra.
Queríamos habernos encontrado con Alice, Max, Hiro y Hana, pero el teléfono de Alice no daba señal y no hubo forma hasta el final de la tarde.
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| Ya en noviembre era navidad en Disney |
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| Los leds cambiaban de color a veces |
Ya, para acabar el día, fuimos al castillo de la Cenicienta y a la atracción de Peter Pan, por donde volabas en globo por encima de los pasajes del cuento. Según subimos le dije a Mine, ¡mira, Londres! Ella no sabía que Peter Pan se desarrollaba allí, pero para mi sorpresa, la siguiente escena por la que pasamos me dijo ella "y ahora Hawaii". Claro, Hawai no era, era la Isla de los Niños Perdidos...
También entramos en la casa de Jack Skeleton, con sus fantasmas de verdad, y sus trucos oscuros... pero fantasmas,fantasmas, bailando en los salones.
Fue un ía la mar de agradable y fantástico. Yo me quedé con más ganas de ver a personajes de Disney por las calles, pero la verdad es que éramos todo la mar de majos, y nos lo pasamos tan bien, que me dio un poco igual.
| foto familiar |
Al día siguiente fue mi último día de trabajo. Yo, con mi gorrito de Pikachu, que me regalaron cuando me fui a la semana siguiente de vuelta a casa. Y también hicimos fiesta con mucha comida rica, como era habitual por aquellos lares.
Ya quedaba nada para irme una semana por ahí a conocer un poco el Japón rural... pero eso os lo contaré en otro momento...
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| un donald-ito de regalo |








No sé cuando volverás por aquí, pero para cuando quiera que sea: me asombra tu memoria y me emociona tu emociòn. Mereció la pena esperar estos 20 años. Quien te iba a decir entonces que Donald te esperaría al otro lado del planeta?
ResponderEliminarPues por aquí estoy (esto es muy chivato)
ResponderEliminarDonald está siempre donde uno quiera :D
A mi no me chiva. Es obvio. Hoy ya 10 febrero
ResponderEliminarja jaaaa
Que bonitas fotos y relatos
ResponderEliminary leyéndolo ahora después que ha pasado tiempo más bonito todavía.
No sabía que habías escrito Lo he mirado por casualidad.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho Como siempre