viernes, 19 de octubre de 2012

Ronin, Arquitectura y Nakano

Menos mal que voy apuntando lo que voy haciendo cada día, porque sino, llegados a este punto, sería incapaz de recordarlo y contároslo.

Nos quedamos en Shinjuku... pero bien es cierto que no recuerdo qué hice los días siguientes ni lo tengo apuntado... (si antes abro la boca...). Así que supongo que me quedaría estudiando o algo similar.

Aún así, no os voy a dejar sin nada que leer.
El sábado tenía una cita, muy pronto. Una cita con el korokoro y con la mopa para limpiar baños a las 8 de la manaña: me tocaba el turno madruguil.
Aunque pensándolo bien, a mí me gustó. Trabajé con una paz tremebunda, porque así me lo dijeron, y las tres horas se me pasaron en nada. Cuando me di cuenta, eran las once y ya tenía el día libre para mí. Así que es un buen trato. Sí.
"Señorita", dice el conductor
Después de esta cita, tenía otra mucho más interesante. Mika se había prestado a enseñarme Iidabashi. Un lugar que no era frecuentado por turistas. Así que , con guía y todo, ya tenía el plan hecho.


La salida de la estación

¿A que es mu' salado?

Con la calle a nuestras espaldas

Unas cuantas estaciones de tren y llegamos. Una bonita estación junto al río, y una gran cuesta (es que Tokyo es muy llano) a la que enfrentarnos. De hecho, hasta encontramos un bar español que se llamaba "La cuesta".
En aquel lugar, todo eran tiendas. Que si de chuches, comida, y de objetos varios. Mika se conoce la zona gracias a su "profesor" de japonés. Lo entrecomillo, porque el tipo en sí no es más que un idol que, además, tiene un programa de televisión donde meustra lugares interesantes. Y viendo esto (y me imagino que estudiando), Mika aprendió japonés (ella es koreana). Así que recorre los sitios que su sensei la enseñó.
Primero fuimos en busca de una escalera muy acogedora, donde había gente mayor pintando. En esta ciudad crecen los señores mayores pintando como setas... aquí, en la estación central, en el parque... y madre mía, qué destreza con las acuarelas...
las escaleras famosas
También estuvimos en la tienda de Peko-chan... no sé si tiene algo que ver, pero ella es una niña golosa y cuando tienes hambres el estómago (en japonés) te hace peko-peko... ¿tendrá relación? Pues ésta tienda es la única en la que hacen unos dulces de Pekochan. Son blanditos y con crema por dentro, con forma de pez.
En Tokyo son muy típicos estos peces, y están la mar (chiste in-side) de ricos, pero en esta ocasión la cara era la de la cría.
¡Peko-chan!




Y como había que comer algo consistente, pues fuimos a la primera tienda de pan con crema de la ciudad. Una panadería la mar de cuca. Y el bollo, una maravilla, vamos.
Bueno, es que cuando hacen dulces, los japoneses se pasan. Qué ricos que están...
Encontramos una tienda de chuches muy barata, según Mika, porque yo no tengo ni idea de precios de chuches aquí. Así que también nos hicimos con unas cuantas de ellas.

Haciendo el bobo in extremis


Al fondo un templo. Se me acercó un perro y no se quería marchar de mi lado. Guau

el bollo con crema

Tras dar una buena vuelta por sitios basatante bonitos tuvimos que volver. Claro, que se hace de noche. Pero realmente llegamos a la hora exacta para tomarnos en el albergue unos buenos spaguetti a la carbonara.
Y luego para echarme una siesta, que se suponía que sería de una hora, pero resultó ser de dos y media.
En fin...

Al día siguiente tocaba trabajar, pero Uramoto-san, el señor que me regaló el repollo, los globos de papel, el bolso del oso, etc. pues nos dijo a Katrin y a mí que fuéramos a ver los Jardine Imperiales tras comer.
Qué día más espectacular.
´Partiendo de la idea de que este hombre es la mar de interesante. Tiene tres trabajos: enveroiment... no sé a qué se refiere exactamente con ello; es también dentista/odontólogo o algo así; y diseña obis (cinturones de los kimonos). Pues, partiendo de que este hombre es palífacético y pluriempleado porque le da la gana, fuimos a que nos contara cosas de los jardines. Y es que son su sitio preferido de Tokyo.
Nos invitó a comer a un restaurante aquí al lado, y luego para llegar a los jardines fuimos en taxi... ¡TAXI! En Tokyo... la bajada de bandera cuesta 7 euros para que os hagáis a la idea, pero luego no cuesta por tiempo, sino por kilómetro. No llegó a los 10 euros, pero madre mía... ¡EN TAXI!
Uramoto, Katrine y la comida


Un japo-taxi (pero éste no abría automáticamente la puerta, cachis)

Así que pudimos disfrutar de los jardines un poco más apaciblemente. Nos contó qué era antes cada cosa.
Aunque hablaba en japo, Katrin, que tiene bastante nivel le seguía; yo en algunas cosas sí, y en otras me las imaginaba porque ya me sabía la historia del lugar...
Y a la vuelta fuimos dirigiéndonos hacia Ginza por una calle llena de luces en los árboles. Bueno, no sé si las quitan, porque hace dos años ahí estaban...
Entramos en la tienda de un museo, el Mitsubishi, y vimos que se vendían cosas por valor de 7.000 euros... madre mía. Nunca había visto nada tan caro en una tienda de museo...

pero qué majos somos


ese es el banco donde todos los días se para a leer cuando está en Tokyo

y al fondo , el campo de golf imperial

Con nuestra bebida calentita

Y por si fuera poco... no, no compró nada ahí, tranquilicémonos. Pero nos invitó a un Sturbucks la mar de rico y qué bien vino leche calentita, porque comenzaba a llover y a levantarse un poco de fresco...
Y la vuelta pretendía hacerla en taxi, pero ya le dije yo que eran dos paradas de tren (que yo me conozco bien ya todo eso), y que era directo. Así que en 9 minutos estábamos ya en la puerta del albergue plantados.
"Fernando", decía Uramoto-san. Fernando y Juan son dos karatekas que han venido a dar un curso hiper importante (sólo vienen unas 400 personas de todo el mundo) en Tokyo, y a éste hombre le han hecho gracia los dos andaluces.

Con los dos españoles super karatekas
La verdad es que son un espectáculo, uno en japonés, y los otros dos en andaluz-castellano, pero se entendían entre copas de sake y de vino español. Auqneu a veces me tocaba mediar.
Pues esa noche, compró un buen sake para los tres y un tipo de sushi compacto muy especial. Y entre todos que nos lo comimos.

Como había sido un día de trote decidí que al siguiente día sería mejor trabajar el estudio y no el cuerpo. Pero ya lelgaban lso días libres y tenía planeado irme lejos...
Bueno, no era muy lejos; era por la zona de las Geishas. ¿Os acordáis?

EL martes fui a ver la tumba de los 47 ronin. Una historia que Mariajo me contó hace tiempo y que me pareció muy interesante.
Pero yo ahora no tengo para nada fuerzas para contarla. Eso sí, os dejo el link de la wikipedia para que lo leáis y os entretengáis un rato. Aunque no creo que lo hagáis.
http://es.wikipedia.org/wiki/47_r%C5%8Dnin

Mostrando mis respetos a Oishi
Tengo que añadir libélulas al manga.

Oishi tenía una cantidad de incienso ingente...


Estos tipos me sirvieron de inspiración para el manga que estoy haciendo con Alberto, "Bushidou"; así que ir a rendirles un poco de culto creo que no sobraba.
En llegar apenas tarde 30 minutos hasta la puerta, pero la vuelta fue otro cantar.
Me resultó un lugar muy austero. Mucha gente va a rezarles, como héroes patrios o algo similar. Por suerte, ese día no estaba lleno, pero siempre había gente. Como vi que se les podía dejar incienso prendido, compré una vara y fui dejándoles uno a uno el inciensito.
Tras esto, poco más allá de la una de la tarde me pregunté ¿y qué hago con mi vida ahora?. Tenía pensado ir a Nyngyocho, que Uramoto me había dicho que era un bonito distrito a media hora andando del nuestro. Y como tenía que volver, pues decidí hacerlo andando.
Bueno, luego me di cuenta que había vuelto andando desde Shinagawa. Mis compañeros del albergue me decía, pero ¿es posible volver desde Shinagawa? Pues claro, pero creo que mis cinco horas y algo tardé.
En el camino me topé con el mercado de pescado, que de madrugda es todo un espectáculo, con la torre de Tokyo (cuando estaba casi a sus pies me fijé que era la Torre y pensé, madre del amor hermoso qué lejos estoy, qué hago aquí), y despue´s de comre seguí andando.
¿Cómo narioces he llegado HASTA AQUÍ?
Me paré en un par de tiendas a mirar cositas y a seguir mi camino.
Llegué a Ningyocho bien. Realmente nunca estuve cansada, pero fue un poco raro andar tanto sin música (no porque no tuviera), sin nadie con quien hablar (que no me molesta) y todo recto (eso es un poco cansino porque es aburrido). Un templo la mar de majo y pequeño donde creo que hay algo relacionado con los lazos vinculantes de madres e hijos, o algo así.
Allí me encontré el triforce de Zelda, pero es que es el símbolo del clan japonés de los Hojo. Las cosas que se aprenden.
El clan Hojo se acerca...

una tienda de chuches junto al templo

Creo que buscan pareja
Se meustran platos de plástico y en la máquina compras un ticket
Y de allí al albergue.


En ese momento, Mine me da una hoja con el mensaje de una mujer que es antropóloga y que está haciendo un estudio de solteros de Manchester y de Oosaka... ¿Qué tienen en relación? Pues me lo contó en un inglés del norte un poco cerrado y me enteré de la mitad.
Aún así, ella me dijo que quería ir a visitar un maid café de chicos. En un principio yo creía que era un maid para ir a concoer gente: una barra y la gente se sienta a los lados para ponerse a hablar. Ella me dijo, yo te lo pago, no quiero ir sola. Pues vale, una experiencia nueva.
Pero no, no era eso... el maid, era un maid de chicos vestidos de maid chicas. Todo muy raro o interesante, según se vea.
A mí me pareció interesante. Luego intercambiamos opiniones sociológicas (ya veis lo que puedo opinar sobre ello).
El chico que nos atendió fue super majo. Yo creía que era la única tía del local hasta que Sharon dijo, realmente pareces una chica y él contestó ¿en serio? Muchas gracias. Entonces ahí, ya fue un apga y vámonos. La voz era de chica incluso.
Lo gracioso del tema es que no son transexuales, no quieren ser chicas, sólo disfrazarse de ello. De hecho, alguno hacía gestos muy exagerados, pero no cómo gay siquiera. Creo que se asemejaba más bien a... no sé. A algo.
Tras esta experiencia, y volver andando de Akihabara, que no está lejos; pero sumado a todo el paseito del día, pues se notaba. Acabé rendida en la cama.
Pero el despertador sonó: tocaba ir al Museo de Arquitectura al Aire Libre de Tokyo. Aunque no está en la ciudad de Tokyo, sino a lo que sería las afueras. Una hora casi en transporte público y luego más de otra media hora andando.
Son tres minutos en autobús desde la estación decía el anuncio. Pues no me lo creo , fíjate tú. Pero el caso es que llegué.

Me queda sólo una zona de Tokyo por visitar Museos ¡ El de la fotografía!
Un museo que más bien... es un parque con casas plantadas. Dicen que son las casas en sí... pero yo no sé si son las originales o hechas al milímetro. La verdad es que es una gozada poder ver una calle del siglo XIX tal y como era, y las casas por dentro. Además, están los voluntarios (tres hurras por ellos) e hice con ellos una pulsera. Además, en una casa que era algo de un shogun estaban haciendo té de la forma tradicional, y ahí me senté con ellos.


calentito, calentito


mi pedazo de cacho de chocodorayaki


Al salir ya era tarde, las tres y media, pero por suerte tenía un dorayaki (de mentirijilla, porque era de chocolate) realmente gigantesco en la mochila.
Era hora de volver a la estación y luego a Nakano.
Nakano tiene un corredor con multitud de tiendas. Nakano Broadway, se llama. Espectacular. Cámaras de segunda mano, componentes informáticos y el Mandarake, entre otros. El Mandarake nació aquí, una tienda que recopila cosas otaku de segunda mano. Puedes encontrar cosas la mar de viejas y la mar de caras. Muñecos de dos centímetros de alto que valen 100 euros... a saber qué serán. Y esculturas de 7.000 euros... a tamaño real. Impresionante.
No sé cómo describirlo realmente.


no quiero saber la cantidad de dinro que hay ahí dentro
LOCURA

Esta figura más grande que yo rondaba los 7.500 euros

A lo mejor en otro momento de mi vida podría, pero son las dos de la mañana y la mente empieza a fallar.
Así que es hora ya de cerrar esto.
Al menos, tenéis una larga historia que contar a vuestros nietos. Ah,no. Ésa seré yo.



y hoy, trnaquilamente con Sayaka ¡ya tenemos entradas para el museo Ghibli!




jueves, 11 de octubre de 2012

Shinjuku

Menos mal que Diana me ha mencionado el blog ¡ya se me olvidaba actualizar!

Estos días, tras el terremoto ficticio han sido divertidos. Aunque, ¿cuándo no?

Ya comienza a refrescar cuando el sol cae, aunque hay días que dan ganas de seguir con los pantalones cortos. Pero claro, mejor no arriesgar.
Después de la paliza de Ikebukuro y el gran regreso desde el NO New Otani Museum, pues decidí quedarme por aquí cerca. Además, Akihabara, la ciudad donde no se hace de noche, es un sitio que parece que siempre tiene algo nuevo que enseñarte.
Y como si tuviera toda la vida por delante (en Akihabara, se entiende) pues me fui con paz para allá. Un pequeño paseo de quince minutos.
Por el camino fui haciendo fotos de las pequeñas cosas que mi barrio tiene y que normalmente no te detienes a fotografiar; como las papeleras. Aquí no hay papeleras más allá de las casas de los japoneses (y eso es tterritorio privado ), y en frente de las tiendas de conveniencia que llaman aquí.
Esas tiendas son como 7 eleven donde te venden muchas cositas y la gente suele ir a comprar comida precocinada.
Pues ahí sí que hay papeleras. Y con varios depósitos para reciclar.
Es gracioso , porque aquí en cada barrio se recicla diferente. Aquí sólo separamos lo orgánico y las botellas de plástico junto a las latas, por otro sitio. Pero tres calles más allá, si es otro barrio, pues ya se hace de otra forma. Una locura. Además, por cada bolsa de basura que el camión se lelve hay que pagar una tasa.

Pero íbamos a contar cosas de Akiba, que así también se llama Akihabara. Fui a mirar la sartén para el pulpo, y para mi dicha era hiper mega barata. No llegaba a 12 euros la eléctrica; pero claro, el voltaje en España es diferente y un trasformador cuesta como 40 euros. Después teníamos dos opciónes. Ya sartén de toda a vida con semiesferas para el pulpo. Bien. Pero la mujer me dijo que para vitro no funcionaba (una pena, valía 8 euros), me tenía que lelvar una de hierro que pesaba un quintal y que valía 23 euros.
Así que por eso me lo compro por internet y un muerto menos en mi maleta.
Sin embargo, me habéis comentado que en casa tenemos tanto inducción como vitro, así qeu podré ir a por la de 8 euros; creo que no pesaba.
También fui a ver las muñecas articuladas que tanto me gustan, pero que cuestan dos riñones. Me embobé un rato y me fui a las recreativas.

nunca se hace de noche
Encontré unos purikura (máquina de las fotitos esas graciosas) que valían 300 yenes y encima te daban cosplay chachi, mejor (a mí parecer) que los de SEGA, que se parecían todos mucho más. Pero al ser fiesta * pues valían 400 y estaba a tope. Así que iré otro día cuando no haya tanta gente.
Estuve dando vueltas por las máquinas de gancho por si había posibilidad de algo, pero había mucha gente ( por ser fiesta estaba el juego a 100 yenes siempre) y no había nada que me llamara la atención. A excepción de una pareja de unos sesenta años con una bolsa a la espalda llena de peluches sacados de las máquinas del gancho. El hombre era un crack. En tres o cuatro tiradas conseguía tirar 3 muñecos pequeños mínimo. Vi a dos empleados reverenciarse antes él. Supongo que será habitual. ¿A dónde irán todos esos juguetes? ... Nunca lo sabré, pero cuánto peluche junto...

*en serio, era lunes y fiesta. Esto que dicen que no tienen vacaciones, ¡unas narices! Mínimo tres días de fiesta en lo que llevo de estancia. El día nacional, EL día del Ciudadano, fiesta de no sé qué...


Pude encontrar, la tienda atestada de gashapon que tnato nos gustó a Dani y a mí. Pero esta vez no había tanto gashapon guay (menos mal), había mucho de animales realistas y qu eno me hacían mucha gracia. Pero ahora tengo un minnie-tarta que brilla en la oscuridad y un adorable gatito, para añadir a mi llavero.

Al día siguiente tuve clase con Sayaka, me llevó a un café italiano con música de piano de fondo muy agradable. Aquí tenéis la foto que lo atestigua, cómo no.
Esta vez tocó té con leche y miel
Sayaka se ha cortado el pelo para la ceremonia

Al acabar la clase habíamos quedado varios para ir a cenar "pinchos morunos japoneses" a una tasca típica. Por favor, qué sitio tan interesante. Además todo estaba riquísimo. Pinchos morunos de tofu, de cerdo, de ave... Sí, sí, sí. A quienes pedían saque se lo llenaban hasta rebosar el vaso y el líquido caía hasta el platillo sobre el que estaba. Así lo rellenabas luego. Yo, con mi zumo de tomate tan contenta. Aunque probé el sake no sé dé, mojándome los labios y dios santo, que uujjjjjj.

A la salida con dos espontáneos
Un lugar muy propio


con comida riquísima

y saque a rebosar 

Cuando salimos, Mine y yo pensamos en un postre... postre derivó en tortitas esféricas con chocolate. Ahí aprendí una nueva palabra en japonés Betsubara. Es como un segundo estómago para el postre, hacer hueco; vamos. Y entre pitos y flautas nos dieron las cuatro hablando... Qué tarde... Pero al día siguiente yo no trabajaba, así que un pensamiento menos.
¿ahora no os entran ganas de tomarlas?


Unos españoles trajeron queso curado ¡casi lloro!

Pero quería visitar Shinjuku, le tenía ganas a los rascacielos.
Lo primero, ver dónde estaba el museo histórico. Que tardé en encontrarlo media hora, menos mal que entré en un dentista a preguntar ¡Vaya caca de mapa viene en estos tickets de museos, dioses suizos! EL museo era pequeñito, normal, era historia de un sólo barrio. Pero estaba bien hecho. Lo malo es que todo estaba en japonés, así que sólo me dediqué a mirar.
Después de ello un gran paseo hasta Shinjuku, la sede de los rascacielos de Tokyo. Pero tuve suerte en darlo porque encontré una tienda de kimonos. 525, leo... ¿525 esto? Eran unas chaquetas kimono que llevaba buscando tiempo. Así que no lo dudé, pasé a cerciorarme y pregunté. No había leído mal, 525 yenes.
La mujer, un encanto vestido de kimono me dijo que por favor escogiera los que quisiera y me los probara. Elegí uno negro y otro gris azulado más gordito. Me encantan mis chaquetas. Como estábamos solas en la tienda comenzamos a hablar y resulta que su mejor amiga tiene un restaurante japonés en Goya. Me dio su tarjeta.
Y como no podía callarme, porque era una gran oportunidad con una muy maja mujer le pregunté si podría probarme un kimono. Ella encantada me dio a elegir varios, eligió el cinturón (que tiene que ser unos colores determinados para cada kimono) y me vistió. Y así quedó el resultado. Me dijo que por favor, volviera cuando pudiese y que me probara varios colores más.
Tan bonito
Aquí con la sensei 
Seguí mi andanza por Shinjuku entre tiendas y tiendas. Busqué postales para María, y encontré una preciosidad actual que me recordaban a los chôjûgiga del s.XI, unos personajes zoomorfos con metáforas. Así que María, tienes una cosa esperando.
También encontré una preciosidad de agenda de Mameshiba. Si bien me encantó la de Evangelion-kitty, esta me aprece mejor porque dura hasta marzo de 2014... y las tapas se pueden guardar para otro año.
Después de comer, y por supuesto de tomar mi batido McDonaldiano, intenté ir a donar sangre. Un centro de donación que se encontraba en una planta 9.
Yo según entré volví a salir, porque creía que me había equivocado. Una sala de espera de lujo con cabinas para guardar cosas, sillones, comida que te servías tú, bebida... pero la mujer me dijo que a lo mejor no podría donar por no llevar 6 meses en Japón. Me hizo pasar al me´dico y efectivamente, los que nacimos en unos años en Europa, tenemos que esperar cierto tiempo en Japón para donar. Pero bueno, yo lo intenté, ya a la vuelta. No pasa nada.
Luego fui hacia los grandes edificios del Gobierno Central para subir a ver Tokyo desde casi el cielo. Se me hizo de noche, llegué a las cinco y media, pero no me importó en absoluto, porque la vez anterior no lo vi así.
Todo un espectáculo ver las luces amarillas, blancas y rojas por todo lo que alcanza tu vista.
Subimos 45 pisos en 45 segundos
Ya eran las seis cuando salí, así que era hora de volver.
Se nota que cada vez atardece antes y amanece pronto. Yo a veces abro el ojo a las seis ya es de día.
Hoy ha tocado día de estudio, he avanzado la gramática, que falta me hacía. Y es que el examen está a la vuelta de la esquina. El 2 de diciembre, y aunque sea el básico, sea fácil etc.etc. Hay que estudiarlo, porque luego tienes traspiés, y te caes.
Y no queremos eso.


Shinjuku tocando el cielo


Y mañana fiesta internacional. Bueno, a ver quiénes nos apuntamos, porque veo que todo va a decaer y sería una pena, con el hambre de bolas de pulpo que tengo yo...






domingo, 7 de octubre de 2012

El día del terremoto

Llamo así a la entrada porque creo que fue lo que más me impacto de ese día, y porque es mi blog.
Además, hubo chascos de por medio (con museos) y no voy a poner como nombre de la entrada "Bea se da de morros con museos cerrados". No queda bien.

Pero todo a su tiempo, que os lo contaré.

Como a Nacho no le gustaba su CD pues me marqué en la cabeza que tenía que volver a pasar por Jimbocho para cambiarlo. Tampoco era seguro que me lo cambiaran, porque era una tienda de segunda mano y tal y tal... Pero por si acaso, y por si el chico se acordaba de mí, pues lo metí en la mochila.
Sí, ahora llevo mochila en vez de la bolsa de One Piece para los vijaes largos, así no cargo sólo un hombro. De momento me ha ido bien, pero al final del día, se nota.

Así que el viernes tenía el plan en mente de ir a Jimbocho y a un Museo de Ukiyo-e, pinturas antiguas japonesas, para enterarnos.
Como el museo "New Otani Museum", creo que se llama, está en un Super Hotelazo que se llama de la misma manera, obviamente sin Museum de apellido, pues allí tenía que ir. Más o menos por Asakasa, lo que viene a ser lejos.
Que sí, se parece a Asakusa, a 40 minutos andando, o Asakusa-bashi, donde vivo; pero no, se llama Asakasa. Y como no me apetecía caminar casi dos horas hasta allí a buen paso, cogí el metro. Creo que es la primera vez que cojo el metro esta vez. Siempre he ido en la JR, como el Cercanías, y resulta más barato en cuanto a km. recorridos, creo. Pero llegué en un pis pas.

Un crío de uniforme
Un bonito Hotel, claro. Pedazo de Hotel. Subí las 7 plantas, en ascensor. Que para eso es un cacho de hotel para tener no sólo un ascensor, sino 7 u 8 ascensores mínimo. Incluso con botones la mar de graciosa. Me hizo gracia porque en el 4 piso se bajó una señora y no sabía dónde estaría algo, así que la botones se salió para indicarla y se le cerraron las puertas; así que nos quedamos sin servicio (pero no puse ninguna reclamación, claro).
Y nada más subir, veo una reja que dice que el Museo se abre el día 5 por reformas... Bien, ese día era 5, ya debería estar puesta la nueva exposición. Pero no, sería el día 5 el último día que permanecería cerrado. Un fastidio ir hasta allí para nada, pero bueno. Espero poder volver, si mis planes me lo permiten.
Siempre se pueden cambiar si son peores, pero no por algo mejor, obviamente.
Y bajé pensando, ¿qué narices hago yo ahora en este barrio? Pues bueno, me voy andando a casa y paso por la tienda de CD. ¡En qué hora!
Menudo paseito me pegué. Tres horas y media hasta llegar al albergue. Y es que, cuando me crucé con el Palacio Imperial no me di cuenta pero fui hacia el lado equivocado, así que tuve que andar media hora más de lo normal; pues lo bordeé por debajo. Así que volví a hacer el recorrido que el otro día había hecho.
Aunque la verdad, estuvo muy bien ver el esplendor de los edificios llenos de luces y la estación de Tokyo, en comparación con la oscuridad de los Jardines del Palacio.
Ya comienza a llegar el rojo a los jardines
Cicuta por fin salió de paseo, pero se quedó sin ver Ukiyo-e

Él me decía¡llévame contigo! Su precio me decía ¡arráncate los dos riñones!


Llegué a la tienda en Jimbocho sin problema. Pero ya no estaba el chico majete que me atendió, sino un señor. Así que puse todo mi empeño en mi macarrónico japonés y le conté al señor que el lunes había estado en la tienda y había comprado muchos CD. Pero que mi hermano me ha dicho que Aerosmith no le gusta. Me dijo que no había ningún problema ¡menos mal!
Pero por más que rebusqué no vi ningún grupo de los que le gustan. Eso sí, yo encontré un CD de Yui por 10 yenes. Tan contenta que me fui.
También vi a un par de señores mayores comprando "porno lésbico", pero eso es otra historia.

Cuando llegué, estuve hablando con Mine de hacer una fiesta Internacioanl, porque lo habíamos comentado el día del sushi. Y hoy ya hemos cerrado fecha (12 de Octubre) y nos hemos apuntados algunos del staff. Además, el 22 tenemos torneo de bolos ¡qué divertido va a ser!

Ayer también fue un día la mar de entretenido. Por suerte, no tenía que trabajar ni andar hasta mi destino: Ikebukuro. A mí esa zona me gusta, la nueva o pequeña Akihabara, la llaman. Le queda muy muy lejos, creo yo; pero hay mucha gente y mucho ambiente por allí. Aún así, es más pequeñito.
Pues estaban de fiesta tradicional, y como tenía el día libre y más tiempo por delante ¡allá que fui!
Aún así, además de la fiesta, quería ver un museo de Arte Antiguo y un parque de bomberos donde enseñaban a protegerse contra desastres.
Al llegar las marchas de bailes ya estaban en la calle. Iban por equipos y desfilaban en un trozo de calle que estaba cerrada para ellos. De un extremo a otro iban bailando en grupo. Me llamó la atención que unos animadores les acompañaran, cadauno se llevaba el propio de casa, claro. Algunos con Taiko (tambores japoneses gigantes), o chicas que animaban, o cantaban. Muy llamativo todo. Y los bailes, alucinantes , por supuesto. Todos al compás de la música, y cambiándose... Os dejo un ejemplo, pero no os quedéis sólo con el primer minuto y medio... porque hay cosas impresionantes a partir de entonces...



Y aguantando cada grupo como unos seis minutos. ¡Me gustó mucho! Hay en algunas canciones que dicen "sore, sore,sore,sore" (venga, vamos; algo así); y me hace gracia porque a veces entiendo algo como... subidón, subidón ¡subidón! Aunque no tengo la más remota idea de lo que dirán en realidad, ni lo que significará.
También me gustó la idea de que en las primeras filas hubiera una lona para sentarte y que los de atrás vieran. Entrabas sin zapatos, claro.
Bueno, pues tras aguantar un cuarto de hora viéndolo, porque por la tarde habría más, así que fui al parque de bomberos.
El tipo muy muy amable, sorprendido porque fuera allí. Meimagino que no muchos occidentales se pasan por aquel lugar, pero a mí me apreció una muy buena experiencia. Se aprendió mi nombre y la mujer que nos guiaba también para poder preguntarme cosillas en lo que nos daba el japonés. Por ejemplo si los subtítulos en inglés estaban bien, o cosas así. Fueron de lo más acogedores. 
Mientras esperábamos, porque faltaba media hora para que comenzara la expedición me puse a ahcerme fotos con ropa del cuerpo de bomberos.


Era muy muy pesada, pero protegerá muy bien del fuego

Este elefantito (que en los dibujos hecha agua por la trompa), es la mascota del cuerpo de  bomberos de Tokyo

Aquí están muy concienciados con terremotos e incendios muy concienciados. Por los terremotos, ya se sabe, y no sólo por el del año pasado. Y en cuanto a incendios, en 1600-1700 hubo uno que se llevó por delante el 70% del antiguo Tokyo; y en 1923 el Desastre de Kanto (terremoto más incendio que dejó más de 140.000 muertos).
Así que enseñan a la gente a cómo combatirlos, cosa que deberíamos saber; porque en mi vida he asistido a un desalojo contra incendios en el colegio o trabajo.

Así que lo primero fue ponernos un vídeo sobre el terremoto del pasado año. Vi imágenes que ya había visto, pero otras que allí no se habían emitido y me ponían los pelos de punta. Obviamente, nada de muertos, radiación, Fukushima, etc.

Después de saber esto nos llevaron (éramos 20 personas aproximadamente) a una sala con una plataforma ambientada en una cocina donde íbamos de grupos de diez en diez. Primero una familia con un terremoto de grado 5 (el máximo en 7 en Japón), y ya imponía. Todos debajo dela mesa y a agarrarse a las patas. Luego mostraron terremotos de grado 7, de larga actividad sísmica etc. ¡Incluso nos pusieron un vídeo de cómo las torres de Shinjuku bailaban con el terremoto del año pasado!
Y en el último grupo me dijo la mujer que entrara yo. Una vez dentro en la pantalla ponía "Gran terremoto del Este de Japón", lo que esto suponía era que iba a ser el terremoto del año pasado; es decir, una escala 9 (en Japón la escala máxima como he dicho es 7)... Me dijo, mucho ánimo Bea-san; y al resto, es que es su primer terremoto. Y yo como la niña pequeña "oh, qué mona". 
El suelo comenzó a temblar, todos debajo de la mesa agarrados y aún con eso, botando y deslizándonos los cinco adultos con la mesa de un lado para otro. Yo tuve que hacer fuerza con los pies en una pata para no moverme, para que os hagáis a la idea. Una mujer mayor a mi lado me preguntaba ¿estás bien? Y yo, sí , sí; pero ella se golpeó en uno de lso botes con la cabeza en la mesa. Pero no le pasó nada.
Después me he intentado mover cómo lo la vibración de aquel momento, pero ni de lejos es lo mismo; porque en ese momento no te mueves tú, lo que se mueve es la tierra. Una muy buena experiencia. No sólo para vivirla, sino porque nunca se sabe cuándo puede pasar. Y por muy pequeño que sea, es bueno saber qué hacer; nunca viene mal.
Luego fuimos a una sala a aprender cómo apagar incendios con un extintor. También está bien saberlo, porque por mucho extintor que vea por los pasillos, si no lo sé utilizar... vamos finos. Pero calro, ya eso parecía un juego de niños en comparación con lo del terremoto. Eso sí, era gracioso porque tenías que gritar  "Kaji da", ¡Hay fuego! Y luego ponerte a apagarlo.
Por último, y después de hablar con la mujer, porque le hacía mucha gracia que hablara japo y que entendiera, fuimos a otra sala de humos.Yo sólo atendía y ponía cara de interesarme en sus explicaciones aunqeu sólo captara palabras sueltas. Pero con todo este mes a mis espaldas, me voy haciendo más a la idea de lo que van diciendo a mi alrededor. 
Esta sala de humos es un pequeño laberinto que nos enseña a salir de un incendio en una casa. Siempre tocando la pared, cerrando puertas a nuestro paso, cara tapada y muy agachados.
A cada grupo que pasaba, cosas nuevas ocurían. Que si nos apagaba la luz, que si más humo, que si puertas que no se abrían. 
Muy divertido, porque no tienes el fuego quemándote el culito, claro.

Al salir de la maratón de supervivencia me dieron un carnet de "superviviente" y yo les dije que había sido muy interesante y divertido (tal cual); que a esta gente seguro que les hace ilusión que les agradezcan cosas los extranjeros.

Ya en la calle continué mi día dirigiéndome al Museo de Arte Antiguo, que estaba en Sunshine City, un pedazo de edificio que bien era una ciudad de tropecientos pisos y no sé cómo de largo; más que Príncipe Pío; quizá el triple... Puede ser.

Pues una verdadera decepción. Un museo la mar de pequeñajo que tarde más en lelgar que en verlo. Creoque no estuve ni siete minutos allí. También es cierto que podía haberlo visto en media hora, pero tenía ganas de ir a ver las exhibiciones de bailes y era muy pequeño. Menos mal que con la Grutt Pass me salió gratis.
Esto vi en la calle y se me hacía la boca a agua

Cuando llegué a la fiesta, seguían con los bailes, y tenían para rato; pero yo a la hora me volví para casa. Ya era tarde y el cuerpo me lo pedía

Menudos vestidos ¡qué preciosidad!

Con todo el ímpetu necesario

Las animadora desde lo alto