miércoles, 30 de julio de 2014

Hiroshima, el día histórico. Ōsaka, la cena histórica



Lo hemos llamado Histórico porque hemos aprendido un poco más de la vida. Y en varios aspectos: historia mundial, a hacer grullas japonesas, a usar taquillas electrónicas...

Con un despertar en el tatami, muy descansados por cierto, el mundo se ve de otra manera: medio metro por debajo.
Si ayer apagaron las luces de la habitación del albergue a las once de la noche, hoy no las encendían hasta las ocho de la mañana. Nosotros, como bueno mochileros-aprovechadores-del-día-en-curso a esa hora solemos estar en la calle. Pero nadie nos quita nuestro desayunito rico.
Antes de seguir, os cuenta Raúl dos grandes anécdotas que no deben perderse las siguientes generaciones:

En el tren, camino s los 1.000 toriis de Fushimi Inari; el metro estaba hasta arriba, cada uno a lo suyo. Todos hablando animada mente y... de pronto, Pablo lo ve. Rollizo. Encogido. Abstraído con su móvil a menos de cinco centímetros de su cara...
Pablo parpadea a cámara lenta, con si de un flechazo Disney se tratara. El hombre no parecía advertirlo. Sus ojos rasgados tras gruesos cristales... Esa cara regordeta de Bull dog francés... "Es tan adorable que le abrazaría..."- al final, sólo se llevó una foto. Lo que guarde para él, sólo Pablo lo sabe ¡Amores de tren japonés!



Kyoto. Domingo. Saliendo de un templo Pablo y Bea ven a un niño moreno. "Míralo, tiene las marcas de las gafas del moreno" dice él. Bea mira. El niño la mira. Se miran. El semáforo se pone en verde. Corremos sudando, desencajados del cansancio. Hernán en cabeza, sólo con el niño por delante. Pobre niño... "¡Páralo, Hernán, páralo!- grita Pablo. El niño se gira. Cara de terror. Aprieta el paso. - ¡¡PÁRALO!! - vuelve a gritar. El niño se gira de nuevo y echa a correr pensando tal vez "Que me viola ese "gaijin"" y se resguarda en un portal.
Al final Hernán lo para... Para el autobús que teníamos que coger. El niño, aún con miedo, parece que esa noche tocará cambiarse los calzones...




Con las mochilas a cuestas, nos hemos despedido de Miyajima. Todo muy diferente a como es de noche, claro. Ni color. Digo que ni color porque se genera una neblina blanquecina que impide la visión (lo que viene a ser calima). Bien, una vez en Hiroshima, hemos guardado los bultos en las taquillas electrónicas para ir más ligeros. Son taquillas modernas que te dan una clave para abrirla de nuevo.
Hirohima, para qué mentir, es una ciudad fea. Pero como cuando a una chica la dicen a la cara "pero qué fea eres", pues igual con Hiroshima, fea, fea. Eso sí, la hemos disfrutado de lo lindo.
Hemos cumplido el sueño de Hernán de visitar el castillo de Hiroshima con la música de Samurai Champloo. Dicho esto, hemos asumido que este viaje es el viaje de Hernán. Él es el soñador, luego está Raúl como el porteador de su agua, Gema que le da la información del tiempo y Pablo que es su cómico particular.

El castillo de Hiroshima con su preciosa madera oscura

Con un calor bastante interesante, hemos ido hacia la cúpula Gembaku (que significa bomba nuclear en japonés y que ha sido el único edificio que se mantuvo en pie tras el impacto). Muy grande y fantasmagórico, realmente. Apenas queda en pie una sombra de lo que fue. Junto a él estaba la escultura dedicada a la Paz donde se colocan miles de grullas japonesas en ristras de colores. Cómo no, nosotros hemos hecho la nuestra (cada uno a su ritmo) y la hemos colocado junto a las demás. Todo muy emotivo, claro. Tras visitar la llama que nunca se apaga (hasta que las armas nucleares desaparezcan del mundo), ver cómo montaban carpas para la gente para la celebración del aniversario el próximo 6 de agosto y el memorial de los niños, hemos entrado al museo de la paz. El plato fuerte del día y no el takoyaki que hemos comido por la noche.
Un museo donde se ha hablado de la evolución de la historia de la ciudad, de cómo esta fue elegida y por qué por los mandos aliados para que la bomba nuclear explotara a seiscientos pies sobre la misma, las consecuencias que hubo y las armas nucleares hoy día.
Maquetas de la ciudad, cartas de los niños, el famoso reloj parado a las 8'15 de la mañana, figuras a tamaño real de la gente deshaciéndose como cera por las calles tras el calor y la luz cegadora, pelo, piel y uñas reales... Vamos, que te quedas con el estómago como para ponerte a comer. Una delicia de museo.
Pero no vamos a mentir, comer comimos: un buen plato de udón. Dioses, recuerdo la primera vez que me sirvieron el udón frío y me sorprendió, teniendo la oportunidad, hoy no he podido dejarla pasar. El udón, sus cositas verdes, su huevo... Buah, la mar de satisfactoria la comida.
Y para seguir con buenas sensaciones hemos ido a un Daiso, tienda de 108 yenes que enamora a cualquiera con las mil historias que tiene. Y por supuesto, que ya iba siendo hora, a los recreativos. Mi sesioncita de Taiko. Oh, a puntito de abrazar los taiko al verlos... Cuánto tiempo separados...
Hiroshima, como hemos hablado antes es fea, pero fea. Sin embargo, hoy nos hemos ido con un buen sabor de boca, hemos aprendido y hemos disfrutado, que es lo esencial.

Saltamos en el tiempo hacia delante, lo que viene a ser un flash forward, que para algo tengo la Licenciatura de Comunicación Audiovisual, para decir nombres raros como flashback, McGuffin, música extradiegética, hacer un barrido, que si el fade in... Esas cosas.
Ya nos encontramos en un tiempo futuro, en Ōsaka. Tras volver sobre nuestros pasos, nos hallamos en otra ciudad fea, pero con cierto encanto que, pese a que la primera vez no aprecié, la segunda me llamó más la atención. Y es que la calle de Dotombori, donde hemos cenado, tiene una atmósfera inigualable, y fíjate que no creo que ni Tokyo pueda llegar a esto. El neón, las grandes reproducciones de la comida y los animaluchos en los edificios pegados... Que si el pulpo que echa humo, el cangrejo que se mueve... Los neones, el olor a comida de la rica rica (hay que ver cómo de bien hacen el "yaki" en Kansai, dioses), y que no sea una calle ni estrecha ni ancha, hacen de éste un lugar recomendable al 100%. Si vienes a Ōsaka, ven a comer aquí, por los dioses. Luego visita , si quieres, el castillo, y mañana os comentaremos qué opinión merece el acuario. Conociendo el de Tokyo, no pongo en duda que va a ser una experiencia de las buenas buenas. Ah, y si por algo volvería a Ōsaka además de por la comida, es para visitar los Universal Studios, un parque de entretenimiento que tiene una pinta más que asombrosa... Ahí queda.

Pese a que no tengo las fotos, el baño calentito ha hecho su trabajo,como ayer os advertí; y no he podido seleccionarlas personalmente (y luego se me ha ido de la cabeza, pedírselas a Hernán), hoy tenemos fotos de la niña de The Ring en el metro, del culito de Flanders japonés "como si no llevara nada" entre otras. Son las dos de la mañana y no quiero quedarme dormida frente a un tiburón ballena.
También ha cogido Pablo cierto deseo en el metro por grabar a un borracho muy borracho. Si Hiroshima era fea, fea; éste era borracho, borracho. Y es que para ir y volver a Dotombori hemos cogido el metro. Más fácil la ida que la vuelta, que he ido a coger otra compañía de trenes y así poco íbamos a hacer. El revisor número uno me contestaba mal a las preguntas sin mirarme a la cara, pero como buen trabajador japonés, el segundo revisor nos ha devuelto el dinero por la equivocación. Tras recorrernos la estación a por la otra compañía de trenes, caemos en la cuenta de que no estábamos equivocados. Qué cosas más interesantes cuento, madre, deberían darme el Pulitzer.




Y por supuesto, la experiencia del baño japonés. Calentito, muy calentito, es perfecto para irse a dormir. Pero la maldita responsabilidad no ha permitido que me fuera sin antes poder comentaros (con muchas historias que se me olvidan a estas horas en las que ni las chicas monas de Odombori están en las calles) lo bien que nos había ido el día.
¿Mañana cogeremos el tren en cuasi hora punta? ¿Podré tocar a un bichito del acuario a parte de los tiburones que ya toqué? ¿Llegaremos al concierto de Sayaka? Cuántas cosas nos depara el destino, y yo despierta y con estos pelos...



P.D. Fotitos que os debíamos


Amores que pueden no matar, pero sí 
morder

El ferry con mijayima el fondo



El ciervo enajenado que me quería arrebatar mi mapa




Contra viento y marea (nunca mejor dicho) conseguimos abrazar el torii 


Gema no quiso abrazar el sueño de Hernan, pero las fotos siempre son bienvenidas

3 comentarios:

  1. ¡Buenas noches, Bea!, ¡qué valor tiene que aun cansada, cansadísima, cada día nos cuentes qué habeis conocido, lo que visteis, las anécdotas, lo que comisteis, nos describes los lugares!,
    Ya te dije ayer lo que estoy disfrutando con vosotros, gracias a ti, incluso podría decir que yo también estoy conociendo Japón paso a paso.
    Si todo me resulta divertido, puedo decir que también lo pasé mal en el museo de Hiroshima. Menos mal que vosotros os recuperais pronto y así me ayudais a que pase en seguida el mal rato.
    ¡Por fin, Bea, te vemos en las fotos!. Ayer por primera vez, apenas asomaste la cabecita, pero hoy ya te decidiste a posar.
    A ver qué tal mañana en el acuario de Osaka ¿merecerá la pena?........... lo que si estoy segura que nos vamos a divertir. Advertencia para Pablo: no se te ocurra darle de comer al tiburón ballena de boca a boca. No quiero quedarme sin sobrino-ahijado.
    Gracias a Raúl también por las historias graciosas que nos contó, yo lloraba de risa con el niño que corría asustado mientras Pablo gritaba a Hernán para que parara el autobús, pero el niño era japonés ¿no?, así que no entendería lo que Pablo gritaba, solo oía los gritos y Hernán que corría detrás de él.
    Un fuerte abrazo para los cinco “españoles por el mundo en Japón”
    Maricarmen

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  2. Maricarmen, qué bien que te sirva el blog para aprender además de entretenerte. Agarraremos a Pablo paRA que no meta la cabeza en ningún tanque...

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  3. hola
    veo que estais disfrutando un monton
    dentro de poco os vemos en españoles por el mundo
    a ver que tal el acuario
    muchps besos
    tu tia

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