jueves, 31 de julio de 2014

Osaka. Castillo, calor y tiburones ballena...










Ya de vuelta a la cosmopolita Tokyo. A la gran ciudad de los neones. Aún quedan dos días de excursiones, pero sentimos las recreativas, las luces y los karaokes muy cerca. Dejamos atrás la tierra del yaki por la tierra que vio a la primera generación Pokemon: Kanto.
Tras un relajante baño en el hotel, dormirmos como pudimos con la cabeza apoyada en un "saco de canicas" (Leed el libro, fin del spam).
Nos quedaba ver Ōsaka con la luz del sol. El castillo de la ciudad sería la primera visita. Dejando las maletas en el hotel, cogemos el JR (jei ar, como bien dice nuestra smsble recepcionista) para ir hacia el monumento. Al llegar a la estación central y situarnos frente al vagón, descubrimos que a nuestro destino son 90 minutos. ¿,Tanto? Algo no me cuadra... No recordaba que fuera un viaje tan largo, pero la memoria de una puede fallar... Entonces Hernán, da con la solución del evidente problema. Pretendíamos ir a Himeji, pero nuestro verdadero destino era Ōsakajō... Aún estaríamos en el tren si lo hubiéramos cogido. Pero no os creáis que no nos ha gustado la experiencia de los trenes...
Sin dificultad expresa (más allá de casi recorrernos medio kansai por confusión), hemos llegado al castillo de Ōsaka. Para ello, el espíritu de los Tokugawa nos ha hecho atravesar una dura prueba: conseguir pasar a través de un bosque con cientos de chicharras. Una party todo loca tenían montada. Una vez dejada de lado la maldición de los 10.000 bichos, hemos bordeado el castillo hasta llegar a su imponente base. No contento con verlo, Hernán nos ha hecho buscar una supuesta torre no para conseguir hacer la foto del castillo con la torre a su lado tal y como internet mostraba. A nosotros nos ha parecido harto complicado conseguir tal vistas, pero hemos seguido a Hernán para que lograra su caprichito. Obviamente no lo ha logrado, pero que luego no diga que ha sido porque no le hemos seguido. Ha resultado ser, que al igual que yo me iba a Himeji (por puro renombre), Hernán había visto fotos de este castillo en el bendito Google. Si lo que yo os cuente de Ōsaka es poco...

!locura de calor!
Nuestro siguiente destino era kaiyukan, el acuario. Y viendo que eran casi las once, hemos parado a comprar onigiri en un conbini para hacer el recorrido del acuario sin pasar hambre. ¡Quién sabía cuánto tiempo íbamos a estar contemplando al gran tiburón ballena, la gran atracción de este lugar! Aquí ha comenzado nuestro periplo por las lineas de ferrocarril japonesas: Hernán ha ido a preguntar cómo llegar, pero ha desconectado - según él- porque el trabajador del JR le hablaba del metro. Vamos a la vía uno, comenta. Bien, allá vamos, tiburón ballena.
Una tras otra las paradas pasaban, incluso el parque temático de la Universal. ¿Os he dicho ya que si vuelvo a esta ciudad es para ir a este lugar? Bien, pues ninguna era la del acuario. El tren se para. Mucho tiempo. Y más. Bien, lógicamente ése no era nuestro tren. Pero como de todo se sacan momentos divertidos, Raúl os cuenta éste:

Perdidos de camino al acuario. El metro parado. Solos en el vagón, salvo por tres japos más dormidos que despiertos. Grandes bolas de.pelusa rdsndo desde hace rato por el andén.
Raul y Pablo intercambian miradas y palabras. Desafiantes, se ponen en sus marcas con el temor de no poder volver. Tensan sus músculos y el caer sordo de una gota de sudor de la salida. Se lanzan raudes como el viento, paso a paso compitiendo por ver quién es el mejor. Sus zapatillas resuenan, enmascaradas por el zumbar del aire al pasar y el chirrido de sus dientes por el hercúleo. Entregan el testigo y vuelven patinando sobre sus suelas mientras hacen acopio de sus últimas fuerzas. El calor golpea inclemente mienta que el sudor nubla su vista. ¡Pum! El golpe de sus pies contra el suelo del vagón y el aire frío les da la bienvenida a la seguridad del tren. Quién ha ganado da igual. Quién empujó a quién n importa. Sólo no haber perdido el tren con un portazo en las narices. Lograron recorrer cinco metros con éxito hasta una papelera, tirar dos bolsas de basura antes de que el tren se fuer. ¡qué gran proeza! Luego hubo que esperar otros diez minutos, pero ¿quién cuenta eso?


Ya de vuelta a Betenchō y luego pillando el metro, alcanzamos nuestra meta bajo un terrible penar por el pesado calor. Todo sea por el mayor pez del mundo.




El acuario, una belleza. Entramos y encontramos unas mandíbulas que nos dan una pista de cómo es un tiburón ballena. Todo muy intenso. Subimos, como una atracción, una larga escalera mecánica para comenzar a descender alrededor de agua. Muchas zonas climáticas a nuestro alrededor, la tropical, japonesa, el fondo del océano... Peces, más peces, una pedazo de tortuga marina, delfines, pingüinos, focas... Y un enorme contenedor de 30 metros de largo con chorrocientas toneladas de agua. Por mi parte, mejor no pensarlo.
En el suelo mostraban cifras descendentes de los metros que quedaban... 500m, 300m. Y pasamos por la sala del "toqui-toqui". Cómo me gustan nos museos japoneses, dioses. En éste nos han dejado tocar dos tiburones prototípicos (uno de ellos musculoso y otro bastante áspero) y una raya. Experiencia que debería exportarse (como que te den vasitos con hielo y agua al entrar a comer, los mangas de segunda mano a un precio alucinante y muy bien cuidados, la educación de la gente...). Pablo ha tocado a un pingüino, hasta que le han dicho que estaba prohibido. Raúl ha ido detras , pero no ha tenido tanta suerte. ¡¿A quién se le ocurre meter a pingüinos que no se pueden tocar en la sala de "toqui-toqui" y con un cristal que llegaba hasta el techo? Los japoneses tienen cada idea...


Ahora, una sala con nutrias, perezosos y un monito. La cuenta atrás acaba. El tiburón ballena se acerca. Bajamos unas escaleras... Y sólo encontramos la tienda de la entrada. Fin del acuario. ¿Dónde se guarda un malditos tiburón de 12 metros de largo para que no lo hayamos visto? Pues se guarda bajo tierra, murió hace tres semanas. Bien, algún cartel avisando hubiera estado interesante. Apenas he podido contenerme cuando la mujer me contaba que había muerto, era como un chiste. ¡Qué bien, EH! El tiburón ballena mejor escondido de la historias. A la próxima vez a Okinawa, y si no hay tiburón hay playas paradisiacas. Mira que nos lo avisaban con la bocaza...

Pues ya no hay...
Después de este duro trance, hemos tenido que reponer fuerzas. Y ya iba siendo hora de presentarles al señor Batido de chocolate del McDonalds. No falla, claro.
De vuelta al hotel a coger la mochila e irnos de esa agradable ciudad que tantos bueno momentos nos ha dejado tener. Esta vez no nos hemos perdido y ya hemos ido directamente al tren bala hacia Tokyo. Un viaje interesantisimo del que he pasado 2 horas 50 minutos durmiendo de las tres horas que duraba.
Tokyo, estar en casita al fin. Pero de nuevo otra prueba de fuego. La línea directa estaba cerrada, tenían un retraso de unos cuantos minutos o no se podía utilizar (dependiendo del revisor la info era diferente). Dando un micro rodeo hemos llegado a Asakusabashi y de ahí al albergue. ¡Qué alegría ver a Mine y a Uramoto de nuevo!
Nuestra intención mañana es ver Kamakura, Enoshima y Yokohama (ésta de noche). Esperemos que el plan no nos salga rana como hoy..

7 comentarios:

  1. Nos gustan mucho tu relatos y nos da un poco envidia no poder estar ahí, pero lo cuentas tan bien que parece que lo vivimos desde aquí.
    Muy bonitas las fotos ya las veremos todas aquí, que serán muchísimas
    Aprovecha el tiempo que queda
    Besos de Nino y Co

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  2. ……….. los inconvenientes de hoy han sido varias confusiones en los medios de transporte y mucho calor……. Pero lo demás no ha sido tan negativo. Que el palacio que visitasteis no fuera el que tuvierais en mente pero ¡qué importa!, si era igualmente bello
    El acuario mereció la pena conocerlo aunque ya no hay tiburón ballena, pero si lo podeis ver en los documentales de la 2, ja, ja, ja. Además, Bea, tú conseguiste la foto con el feroz animal de peluche (estás muy guapa).
    Me sorprende Pablo y su amor por los animales ¡qué cambio ha dado!, da de comer a los ciervos boca a boca, toca a los pingüinos aunque esté prohibido, pero es tan grande la atracción que siente por ellos que no se puede contener.
    Y ya volvisteis a Tokio, para seguir pasando calor…….. pero también para continuar conociendo lugares interesantes y disfrutando del viaje.
    Yo os deseo que lo que visiteis os guste tanto como hasta ahora y os divirtais mucho, muchísimo. Besos. Maricarmen

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    1. Pablo está rozando el límite del amor hacia los animales, ¡si os descuidáis se lleva un ciervo a casa!

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  3. No me regañes, Bea, por el "sosismo" ¿? de este año.
    Prometo estar a la altura de las circunstancias a partir de ya.
    Siento la gran pérdida (aunque habeis disfrutado, según lo previsto, con la ciudad donde nunca hay noche y con toqui toqui esto no se toca.
    Qué pena que no hayas adoptado a escualito. En tu cama, donde caben 1000, caben 1001.
    Y cicutaaa?
    Un beso enorme, bea y cia.

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    1. Cicuta está entre esos mil peluches, aquí está Squirtle :3. El escualito era muy grande... Qué pena de adopción :(

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  4. Ya veo que entodos los sitios hay tiburones aunque los de aqui están en otro lugar y deberían servirlos en sopa.

    Me alegro que sigáis enteritos y viendo muchas cosas

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