Si bien ayer el parte meteorológico que dimos fue de un calor de muerte y un bochorno que haría suicidarse a los peces, según Pablo; hoy hemos tenido lluvia. Hay que decir, que en un principio ha sido relativamente intensa, pero luego ha conseguido que la temperatura fuera la mar de apetecible.
Hemos decidido llegar a la estación andando para conocer la zona de la ciudad que recorrimos en bus. Como ciudad de contrastes, Kyoto es la repera: te encuentras en una zona de casas bajas, piqui paca, y al girar la vista en un callejón te cruzas con una casa, de lo que denominaríamos, "época", o un templito la mar de majo o un jard{in. Pero, ¿la zona merece ser visitada? Pues no.
Bien, seamos honestos y maticemos esto. No merece ser visitada si tienes el tiempo justo para ver la ciudad, pero si llevas un mes viviendo en un cuarto de mala muerte, hacinado con otros cuatro compañeros en una casa a medio camino entre Fushimi Inari y Kyoto (como nos han dicho unos en lo alto de Fushimi Inari), pues claro que merece la pena. Por merecer, merece la pena hasta que te tires frente a las puertas del Palacio Imperial y que hagas la media ponderada de las mujeres mayores de 40 años que pasean en bicicleta por el Parque. Pero, ni vas a saber a ojo la edad de las japonesas, ni nuestro caso es el que tengamos mucho tiempo en esta ciudad.
Resumen: hemos ido a la estación andando, pero sin nada que destacar.
Frente a la estación, encontramos uno de los mayores (o incluso el mayor.
De ahí, directos a la estación y a Fushimi Inari. Sorpresa al llegar: ha comenzado a llover. Lo que primero eran unas gotitas, luego se han vuelto goterones y pronto todos los japoneses estaban bajo los tejadillos de los templos y de las tiendas. Antes de comenzar la caminata entre toriis, hemos mostrado nuestros agradecimientos a Inari en el templo. A partir de entonces, empezaba la caminata.
Fushimi Inari era un templo donde se pedía por las cosechas a la diosa, y poco a poco se fueron llenando los caminos de toriis con los nombres de aquellos que realizaban aportaciones al templo. Imagino que serán unas GRANDES aportaciones, porque a mí nadie me ha pedido mi nombre cuando he aportado... Un senderito a lo largo de una colina que ha resultado muy idílico con la lluvia y los bosques enrededor de él. Entre fotos, vídeos, abrazos al sueño de Hernán y más fotos hemos pasado las 1.000 puertas que conforman la primera parte. Luego, la prueba final, llegar hasta arribota del todo. Gema ha sabido retirarse a tiempo, mientras el resto mirábamos como héroes de shonen las escaleras de subida con ganas de vencer (realmente Pablo ha sacado su cacharro del asma, yo iba muertica, Raúl con nosotros y Hernán ha hecho de "tete de la course" porque le exasperaba nuestro ritmo de culos pesados. Detrás de nosotros, hemos dejado atrás unos cuantos centenares de escaleras y de toriis, y al fin hemos llegado a la cima. Hemos vuelto a agradecer a la diosa la caminata (y que no nos despeñáramos colina abajo, que yo he visto la muerte muy cerca una vez) y hemos regresado a los templos para ir a nuestro siguiente destino.
Hemos llegado a la conclusión de que con hacer dos veces por semana este recorrido, cualquiera puede acabar con unas piernas muy tochas, así que es lógico que dieran las palizas que daban. Inari es un lugar que todo el mundo debería visitar, Según mi abuelo: las puertas del Paraíso.
| No son las puertas del Paraíso del baptisterio de Florencia, pero sí de nuestro paraíso personal |
Ya acabada esta excursión mañanera hemos cogido un JR dirección Arashiyama, con un japonés (muy majico el hombre) que quería ir a España a ver la Sagrada familia y a comer paella (de topicazos va el asunto).
| el bambú inmenso e intenso |
Ya estábamos junto al bosque de bambú, pero ¡dioses! hemos encontrado un restaurancillo de okonomiyaki y la tentación ha podido conmigo. Aún así, era hora de que estos 4 gaijin fueran presentados al mundo del "yaki" y qué mejor forma que con un buen pedazo de okonomiyaki y de yakisoba. Un manjar donde los haya. Benditos sean por todo el panteón de las deidades niponas. Ya con la barriga llena nos hemos metido en el bosque de bambú.Más corto de lo que creíamos, pero muy espectacular. Pero aquí hemos encontrado un problema, ¿cómo vamos al camino de la filosofía que ayer no acabamos? En Google nos indicaba que cogiendo el 93 nos quedábamos ,en la última parada´a escasos 500 metros del camino y del Ginkaku-ji.
Y busca el 93 para rriba, para abajo, pregunta a gente, gente que no tiene ni idea de su ciudad, gente que te manda a otro sitios ... Esa gente.
Así que hemos acabado en el bus no sé cuántos, en el que el conductor nos ha mandado
Hay cosas que nunca me dejan de sorprender. A mí se me acerca un extranjero hablando castellano lento y no le contesto rápido. Pues los japoneses de estos lares no sólo parecían hablarme como si fuera biling]ue, sino que el acento de kansai ha logrado retorcer un poco más la conversación.
Finalmente, y tras dos buses, hemos llegado al camino de la filosof{ia, y ha sido en ese momento cuando Hernán revela que el camino le importa dos pepinos (pero de estos que venden por aquí, fríos como una chucheria en un puesto de helados), que él quería ver el Pabellón Plateado, conocido como Ginkaku.ji.
Adiós a otro sueño del muchacho. El pobre va a acabar frustrado... Pero en compensación (que no lo ha sido) hemos caminado todo el caminito este. Es el día de los caminitos, como veis: el de los toriis, el de los bambús y el de la Filosofía empedrada.
Y como teníamos el pase de bus, pues a vivir que son dos días. Como marqueses, nos hemos dejado llevar por los autobuses para ver templos cerca de Gion, ver la preciosidad de la estación de Kyoto de noche y pasear por la "Gran Vía" de esta ciudad. Una aportación que hago es: si visitáis esta gran ciudad, tenéis que subir hasta el cielo en los infinitos tramos de escaleras de la estación. Una gran experiencia que las guías no muestran.
| La gran estación de Kyoto |
Mañana, una vez la maleta hecha iremos a dar un par de abrazotes a los ciervos de Nara antes de ir a Miyajima en Hiroshima a dormir. Here we go !!!
Me pierdo con tanto nombre...
ResponderEliminarAunque veo que todo sigue tan espectacular ... o más, si cabe...porque siempre hay algo nuevo: lo que no conocías o lo que viste con otros ojos.
Si tu abuelo dice que "aquello" es la entrada al paraíso, no le faltará razón.
Ayyy, me encanta Hernan y su pragmatismo (camino de la sabiduría) Claro que sí!
Seguid disfrutando mucho
un beso
¡Claro que sí, mamá! Todo sigue tan espectacular como hace dos años :D
ResponderEliminarMuy chulo todo!!! Lo único que no me dáis envidia es por el pesado calor, aunque por Madrid no andamos sobrados de fresquito... Que Pablo no encontrase el pase de transporte no me extraña demasiado, tiene su cabeza en Alpedrete..., que para mí viene siendo como Japón, no por la distancia, si no porque tampoco le veo. Y de Hernán que os voy a contar, él ha sido muy zen toda la vida, de ahí que intentase captar hacia su cultura al cangrejo (langosta, sic) que se cruzó en su camino. Besos y abrazos del papi-tío de Pablo-Hernán. Repartidlos por Japón para no volver con exceso de equipaje.
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