"21 días sin jugar al Pokemon Go". Buah, perfecto titular: consistente, impactante, conciso, directo, actual, y con la reiteración de elementos necesarios para que se quede en las cabecitas de los lectores.
Mucho me temo que no rondaremos el perímetro de los albergues donde tengan Wi-Fi para conocer los Pocket Monster que viven por aquellos lares.
Lo primero que quiero destacar es que hemos conseguido encontrar a un raro ejemplar. Una rara avis de esas que ves en una relación 1:1.000.000 ... una rusa sonriendo. Existen, la he visto y tengo testigos que pueden corroborarlo. Si bien es cierto que momentos antes se nos instigab a correr, a pasar controles de seguridad y casi a conseguir los 200 m. obstáculos en la terminal D del aeropuerto de Moscova porque faltaban cinco minutos para que el avión despegara. No para que las puertas se cerrarán y dentro hicieran un "¡nos hemos dejado a Kevin!" con medio avión vacío por falta de pasajeros; no, cinco minutos para que el avión de acero (o de fibra de carbono, de aluminio, entre otros) echara a volar y nos dijera "sayonara, baby", pero en ruso.
(Todo esto aliñado con la parsimonia de los hermanos Ruiz-Lopera porque aún seguían con los relojes en la hora española — -1 h. — y con el ansia de Nacho por encontrar un nicho en el que fumar).

Ya en el bus, Nacho sabía que serían casi 24 hs. las que pasaría sin fumar.
Lo que importa, no vayamos a regodearnos en que siempre que viajo con esta gente acabo corriendo por la terminal D, ¡es que una rusa nos ha sonreído! ¡Esos 200 músculos de su cara bonita se han distorsionado para hacernos la entrada al avión más agradable! ¿Acaso sabéis lo que significa? Oía las trompetas de los cielos sonar y un halo de iluminación en torno a ella, para que os hagáis a la idea.
Por si fuera poco, y antes de despegar, hemos visto un vídeo corporativo de Aeroflot. En él se nos han mostrado los impecables taconazos de aguja rojos de las azafatas, que avanzaban a paso seguro por una terminal (que seguro que no era la D porque estaba vacía) mostrando con orgullo los puños de sus uniformes engalanados con una hoz y un martillo de hilo dorado. Por si fuera poco, esa misma muchacha nos ha enseñado a buscar, colocarnos el salvavidas... a nuestro gusto, de manera un tanto erótica. Quién sabe. A lo mejor en Rusia un día te llaman para hacer un vídeo porno y al siguiente, uno corporativo. Claro, meterse en un papel, para salirse y volcarte al 100% en el nuevo rol puede ser complejo.
Otro logro desbloqueado en estas horas interminables de vuelo ha sido llevado a cabo por Hernán. Retozar su cabecita entre los gráciles senos de una azafata rusa. Con un ágil movimiento, y como si de un inocente niño se tratara, ha logrado tal hazaña sin recibir castigo alguno.

Angelical "el Hernán".
Hoy también hemos topado con la antítesis de la amabilidad hecha carne. Una japonesa mayor que ha ido echándonos sistemáticamente de la fila para pasar el control de inmigración porque no habíamos rellenado el reverso. Probablemente fuera rusa en otra vida... En serio, era digna de ver. Porque tras de ella todo han sido gestos de amabilidad: nos han indicado dónde podía fumar Nacho (en un cubículo donde pretendía fumar un cigarro y ha salido con siete de ellos en los pulmones), no nos han abierto las maletas en aduanas... ¿Qué maletas? Las de Nacho y Silvia, porque la de Hernán y la mía se han quedado en Moscova.
Lo cierto es, y mirando el lado positivo a todo ello, que mañana nos las llevan al hotel. Nada de cargar a nuestras espaldas de guerreros marciales con burdos equipajes de mochileros.
¡Qué suerte tenemos !
Tras rellenar papeles, preguntarnos color, tamaño, si tenía o no cremallera y otros detalles que ni recuerdo; muy amablemente (a la japonesa, vamos) nos han acompañado hasta la puerta. Poco más y nos dice adiós con un pañuelo.
Esto de llegar a sitios que desconoces en Japón suele ser complicado. Guiarte por una calle que no tiene nombre, sino que está enumerada y dividida por cuadrantes puede complicar la existencia de cualquiera. Ya tengo algo pendiente que aprender. Cómo leer las "direcciones" japonesas. Al salir del metro, y recordando remotamente cómo llegar al hotel... tuvimos que pedir ayuda a una buena mujer para llegar y no aparecer en Kuala Lumpur. Recordamos a nuestros lectores que por desgracia mi/nuestro amado Khaosan Ninja (a.k.a. mi casa en Tokyo) tuvo que cerrarse por reformas y obras... Así que buscamos otro sitio en el que estar.
¿Que a Nacho le gusta el sitio? Pues sí. ¿Que Hernán y yo lloramos por las esquinas porque no se parece a Ninja? Pues también... ¿Dónde quedará la amabilidad de Sho, Kumiko y Mine por las mañanas? ¿o ese precioso sótano donde te tirabas a ver la televisión en el tatami? ¿o esas habitaciones a las que he pasado tantas veces la aspiradora y hecho las camas? Pues en Taito-Ku. Ahí quedaba, señores.
Eso sí, una cosa que no tenía Ninja era un ventilador para los fumadores. Según entramos en Smile, que así es cómo se llama el albergue, hay a la derecha , y delimitado por una raya blanca en el suelo (como los cadáveres en CSI) un área de fumadores. Si quieres usarla, que fue de lo primero que Nacho preguntó al llegar, tienes que encender un ventilador extractor. Cosas de Japón, no fumas en el porche o fuera del área delimitada. En una calle se puede y en otra no. Misterios de la vida que ni la NASA ni yo llegaremos a comprender.
Lo importante es que llegamos sanos y salvos. Agarramos las maletas y salimos en busca del Senso-ji en Asakusa. Japón nos recibió con un chirimiri constante. De este que sólo existe para molestar, para mermarte la cordura poco a poco por las gotas en las gafas y el no poder ver del todo bien.

Entre la falta de sueño y el horario raro que teníamos en la cabeza, decidimos no alejarnos mucho de la zona (menos mal, porque yo me dormía de pie). Visitamos Senso-ji, Don Quixote (un centro comercial cercano donde resguardarnos un rato y donde dejar admirar a Silvia y a Nacho las bondades de la cultura comercial japonesa). De ahí decidimos visitar el Sky Tree. ¡Y qué espectáculo! De repente el Sky Tree está y de repente no... ¡Menudas nubes!

Ahí está el Sky Tree... ¡os lo prometo!
(No manejo la aplicación bien desde el móvil... Saldrán las fotos de seguido. Argh!)



