Nos hemos levantado un poco más tarde. Cuando digo un poco es un poco (15 minutos tan solo), porque si perdemos nuestra disciplina militar acabamos saliendo a la calle a las 11 de la mañana, y a esa hora casi ha anochecido en este país. Sabiendo el horario de los trenes que nos llevaba a más de dos horas de camino de la gran urbe, es todo más sencillo (bendita Hiperdia). Unos más y otros menos, dormimos en los diversos trenes que nos llevaban hasta Nikkō.
Hasta que no llegamos a la estación de trenes principal no nos dieron información de la zona (yo tuve en su día un pase de bus y de templos que ya no se vende y no sabía llegar), y por suerte a tan sólo 20 o 30 minutos andando se encuentra el complejo de templo que comienza al cruzar un templo sagrado. Que ya puede ser sagrado de verdad, porque costaba 300 yenes llegar hasta él. Imagino que ese dinero irá destinado a comprar sal caústica para limpiar culquier residuo que los mortales dejamos en terreno sacro.
| El puente sagrado |
La mujer de información nos indicó, en un perfecto inglés, que teníamos que visitar dos templos. El complejo tiene muchos, pero esos dos eran indispensables. Al primero llegamos y nos encontramos que una parte estaba en reconstrucción (van a reconstruir cada pedazo de templo levantado en el territorio nacional para que todo esté perfecto para las Olimpiadas), pero no podíamos echarnos atrás. Era el gran templo que muchos conocen por los 3 monos que se tapan ojos, orejas y boca (vamos, los del WhatsApp, pero los genuinos) y también cuenta con una sala donde un dragón ruge si el monje se lo pide (realmente es un truco barato de física, pero los japoneses no paraban de decir "OHHH, OHHH"). Pero algo sorprendente de los japoneses es que hacen todo lo contrario que las setas, en cuanto comienza a caer la primera gota de lluvia corren como locos a soportales a guarecerse. Yo creo que la pesadilla de la lluvia negra de Hiroshima aún retumba en sus cabezas´y por si acaso, prefiren no jugársela. Nosotros, como el patio de mi casa, nos empezamos a mojar, pero nos permitió quedarnos solos en Nikkō durante unos minutos. La tormenta se acercaba y los goterones eran más grandes, y aunque no seamos japoneses no somos tontos, también fuimos a cubrirnos a la entrada de un templo. Más lluvia, más lluvia´menos japoneses y más lluvia. Calados hasta los calzoncillos (que alguno no lleva) tuvimos que salir a seguir con el recorrido cuando el tiempo nos dejó. Otro templo importante quedaba antes de volver. Los chicos subieron escaleras arriba. Y creemos que llegarían hasta el cielo, porque Hernán bajó con una flecha dorada de Buda.
| No escuches al demonio, no hables con el demonio, no mires al demonio |
| Empapados es poco |
Ya de vuelta a la estación, comenzó a caer la de Buda y, pese a que el sitio estuviera vacío (nos habíamos jurado no volver a hacerlo) Raúl vio una carta interesante y nos metimos a comer. La primera impresión: una anciana japones, mezcla de las abuelas de Ghibli y la bruja de Hansel y Gretel nos da unas toallas para secarnos (que luego nos regala, qué mujer más maja), y nos ofrece un menú. Narices, las 4 de la tarde, eso bien podría rozar una pronta cena japonesa... No había ramen u otras comidas autóctonas, pero la comida bien buena estaba. Al acabar, nos regala papel de origami y unas grullas como las que nosotros hicimos días antes. ¿Esa mujer no había tenido clientes en meses? Y por si fuera poco, corrió detrás de nosotros bajo la lluvia para devolver las gafas a Raúl...
Casi llegamos a la estación. Calados hasta los huesos, cómo no. Zasca, meto todo el pie en un pedazo de charco (donde seguro bien podría vivir el tiburón ballena) y no sólo me empapo, sino que salpico a una guiri que estaba "secando" con esmero el paraguas". No contentos con ello, Gema se acerca "!Rodea el charco! !Por ahí no!" le gritamos Raúl y yo. Zasca, con los pies juntos se mete de lleno en el charco, del salto rompe el bolso y ducha a la guiri ya nombrada (adviértase la cara de odio infinito de la mujer). Duchados de la cabeza a los pies, esperamos al tren de vuelta. Al menos no tenía el aire acondicionado puesto. Tendemos las toallas, como si algo fuéramos a lograr; y yo, me quito con toda mi gracia la zxapatilla, el calcetin y lo escurro en el suelo del vagón. Así, como si fuera la ducha de mi casa...
| Ni toallas, ni gorros nos han salvado de la ira de los dioses |
Ya en Tokyo nos toca lavar la ropa, un trabajo estúpido porque no hay ni que elegir el programa de la lavadora. Igualmente, agarramos nuestra ropa y los cincuenta pantalones de Gema y los metemos a la lavadora (y punto). Bah, sin ningún problema, esto entra. Entrar entra, pero las leyes físicas de los fluidos, líquidos y similares hacen que la lavadora nos deje tirados a medio lavado. Mientras que niños de varios grupos de f{utbol (pratocinados por ASICS) van y vienen de hacer su colada, nosotros nos quedamos mirando la lavadora.
Meanwhile...
Mientras tanto... Hernán, Pablo y yo vamos a un 7Eleven. Entonces, Mika-chan aparece con una amiga !pero qué maja que es Mika! Les presento a la pareja de primos y Pablo, con toda su buena educación saluda a un chico que andaba por allí. Todo random, pero ojo, educación ante todo.
? Y cómo arreglamos la lavadora? Pues no hay más narices a sacar la ropa, enjuagarla bien y meterla en la secadora. Al menos, al llegar a un peso, ha vuelto a funcionar. Sin embargo, no hemos logrado secarla, así que nuestro cuarto parece ahora el mercadillo de los miércoles de abril, por eso de la lluvia y de la ropa mojada.
Mañana amaneceremos, esperemos que con algo seco y sin ningún resfriado después de tanta agua entre pecho y espalda. Iremos a agradecérselo a la diosa Kannon del templo de Asakusa, pasear por sus mercado, al Parque de Ueno, y esperemos, al final, ir a Akihabara. Tengo mono de Purikura.
| Inu amoroso. Objetivo cumplido |
Por la foto y la descripción del lugar, debe ser un sitio precioso. Estabais rodeados de abundante naturaleza, tanto que hasta llovía…….
ResponderEliminarMe da la sensación que hoy ha sido un día más relajado, a pesar de tener que correr para refugiaros de la lluvia. Pero es que otros días vais a muchos lugares, subiendo y bajando de tantos trenes o metros, caminando, subiendo escaleras, colina arriba, cuesta abajo, que hasta yo acabo cansada. Muchas veces me pregunto ¿cómo lográis hacer tantas cosas en un día? Y yo misma me contesto es por la ilusión que teníais de hacer este viaje, porque si no fuera así, sería imposible de resistir por muy jóvenes que seáis.
Ayer se me olvidó decirte lo mucho que me había gustado la foto nocturna de Yokohama, me di cuenta nada más enviar mi comentario.
Que tengáis mañana un buen día paseando por Tokyo.
Besos para todos, con mi cariño
Maricarmen
Es verdad. Todo parece más relajado, el día, el lugar... sensaciòn de paz, en comunión con la naturaleza. Lluvia y bosques verdes que, en pocos meses serán rojos (he vuelto a ver las fotos 2012): qué belleza.
ResponderEliminarEstáis ya secos? Catarros? Y la ropa?
Y hoy qué tal? Por fin al parque de Ueno?
Deseando de que nos sigáis contando...
No sé lo que es Purikura. Bueno, en realidad no sé tantas cosas...
Un beso para todos