martes, 26 de julio de 2016

"Eh, que hemos conocido la casa del Emperador"

Más bien ha sido al recinto donde el Emperador tiene su pequeño palacete a donde hemos ido. No sé lo monta mal, claro. Que si una explanadita para jugar al golf, un parquecito para las meriendas del cumple del niño, un estanquito para meter los pies en verano. ¡Incluso una torre desde donde ver el Fuji! Lo tiene todo el lugar éste. Eso sí, hemos visto que Nacho no tenía "ningún respeto" por el gobernante... ¡que si fumando en el recinto del Emperador, que si sentándose en su césped recién cortadito...! Maldito vándalo occidental.

Mari Carmen, pese a que tiene jardín japonés (que ya has visto) creo que te gustará más el que visitaremos en Kanazawa.

Como he hecho las veces anteriores, he ido a presentar mis respetos a los 47 ronin que están enterrados en Senso-ji.
Por cierto, definitivamente estamos rentando el pase de tres días de metro. Despreocuparse por qué línea de metro usar (hay dos empresas diferentes) es un lujo para no quebrarte la cabeza a la hora de realizar trayectos de mayor o menor distancia.
Con el incienso repartido por las 47 tumbas y el estómago cenando hemos dirigido nuestros pasos hacia Shinagawa, donde fui a ver hace cuatro años un desfile de geishas y donde Hernán se alojó cuando vino a trabajar en diciembre. El planteamiento era comer en una galería de tascas y restaurantes donde disfrutaron mucho. Para nuestra desgracia estaban cerrados, sólo habrían a partir de media tarde. Otra mujer nos había insistido mucho desde la puerta de un restaurante para que entráramos. Qué agobiante, casi nos tenía la mesa preparada. Nos acabamos alejando de la estación de metro, pero comimos un ramen bien rico.
Yokohama nos esperaba para ver "China town" de día y disfrutar de nuevo de su bahía por la noche. ¿Dónde cogemos el metro? Nuestro instinto nos marcaba una dirección, pero como aquí los planos, las distancias y los metros están donde Buda les da a entender, pues tampoco éramos conscientes de si elegíamos lo correcto. Un japonés de un bar español nos dijo en perfecto japonés (porque no sabía nada de nuestra lengua) que fuéramos a la estación de tren a preguntar a la policía. Un hombre de la calle se reía, ¿andando al metro? Id a la estación y de allí deberíamos tomar un tren para retroceder en el espacio y luego otro que nos llevaría a Yokohama. La opción de regresar hasta Tokyo central nos ha parecido una tontería absurda (a nosotros, que no somos de aquí, que no tenemos experiencia).
Hay que decir que a esta gente andar diez minutos o ir en bicicleta media hora (como nos ocurrió el otro día) parece una tortuosa pesadilla. Imaginas lo que sería el ponerse a dar vueltas buscando un metro. Impensable. Pero nosotros lo hemos hecho, y lo hemos logrado. Metro cogido hasta Yokohama.
¡Menuda siesta nos hemos pegado! Yo escribía y me quedaba dormida con el móvil en la mano. ¡Tres veces escrita la misma palabra en una frase! Una detrás de otra. Palabras que me como... un poco desastre, así que he dimitido. Con el beneplácito de Hernán para que me echara una cabezada porque él se quedaba despierto, he cerrado los ojos y a dormir.
"Yokohama" ha resonado en alguna parte de mi cerebro e ipso facto he abierto un ojo. ¡La siguiente parada! El centinela había caído en su guardia... aunque despertó en el segundo en el que yo iba a hacerlo.
Pronto hemos espabilado porque nos hemos encontrado en una estación atestada de gente. Hemos salido, entrado sin saber por dónde ir. Hace dos años vinimos en tren y no en metro. Era otra estación, hemos caído en la cuenta. En información tienen la manía de casi obligarte a usar un medio de transporte que no sean tus piernas. ¡Que no había nada interesante por la zona! Pero señora, usted deme posibilidades y yo ya elegiré yo qué hacer. Por si fuera poco ha llovido, pero estamos preparado para ellos. ¿Veis qué bien? Protegidos contra terremotos, incendios, lluvia y tsunamis (en Yokohama hay muchas señales y explicaciones sobre qué hacer en caso de...).
Os escribo esto desde el tren y no me deja de sorprender el "horror vacui" constructivo de esta civilización. No he dejado de ver edificios, centros comerciales, neones, carteles... desde que salimos de Yokohama (que está a 25 km. de Tokyo).
Si bien hace dos años estuvimos en la bahía, esta vez hemos empleado un poco más de tiempo y hemos llegado hasta "China Town". Un poco de mentirijilla, como dice Nacho, porque había poco chino y mucho japo. Obviamente la noche en la bahía no podía faltar, con sus licencias, su noria... esas cosas típicas que ves en la típica noche japonesa en Yokohama.
La vuelta ha ido peor: mucha gente, mucho cambio de tren, una chica hablando con Nacho y Hernán sobre el hijo y el marido que tenía en Francia y España... y diciendo que ella cuando se toma las pastillas no es así. Un show.
Teníamos ilusión por tomar Okonomiyaki hoy para cenar en un sitio muy chulo, a la antigua usanza, que me enseñó Hiro hace cuatro años. Lo hemos encontrado, pero era demasiado tarde, había cerrado. Esperamos que mañana sea el día, porque abandonamos Tokyo ya...

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