lunes, 25 de julio de 2016

"Eh, que hoy hemos subido a lo más alto de Tokyo"

¡Guau! Menudo día. Tal y como decidimos, ayer compramos el pase de metro para poder desplazarnos con mayor agilidad por la ciudad. Nacho ha aprendido a moverse con ello. Dice que ya no tendría problema en regresar al albergue si le soltamos en un punto de Tokyo.
Para que no apretara el calor (por cierto, está siendo muy, pero que muy bondadoso con nosotros el tiempo) nos desplazamos hasta el Parque Yoyogi lo primero de todo. El templo Meiji, que es una preciosidad, ha sido lo que hemos visto antes de nada. Ya las chicharras nos han comenzado a acompañar durante el paseo hasta el complejo. Vamos, que el bochorno empieza a asomar.
Esta vez, y por extraño que parezca, no hemos presenciado una boda. Las anteriores veces parecía que nos la preparaban para nuestra llegada. “¡Oh, que llega un grupo de occidentales! Cada uno a sus puestos.”  Qué le vamos a hacer. En su defecto hemos intentado sustituir ese recuerdo por un sello del templo. He de comentaros que aquí hay sellos para estampar en muchos sitios: desde museos hasta templos. Los japos van sellando libretas. Me imagino hace cien años, que en vez de atestiguar que estuviste en un sitio a tus amigos en el bar con el Facebook, sacabas tu cuaderno cosido a mano y lleno de sellos estampados por ahí (como los sobres típicos de viajes que acaban con sellos hasta arriba). Y ahí iban los samuráis, sellito por aquí, sellito por aquí. Pues nosotros de la misma manera, sellito arriba, sellito abajo.
En un principio he ido a preguntar a una chica que vendía cosas en el templo si podía usar el sello que tenía ella al lado. Me ha mandado a un lado a no sé qué cosa. Como no nos ha quedado claro si no lo puedo utilizar, si es para las tablillas de oración o para qué narices guardaba con tanto recelo el sello; Silvia ha ido a preguntar en inglés. Misma contestación en japonés y movimiento de brazo indicando el sitio al que me había mandado. ¡Pero no os preocupéis! Podéis dormir tranquilos está noche porque hemos encontrado otro sello que estaba sin custodiar. Así que lo hemos utilizado a placer (y tapado para que la tinta no se seque. Que se note lo educados que nos tienen).
¡Por cierto! Hernán nos ha contado que hay unas marcas en las columnas que están junto al lugar de oración porque hay un rito en el que la gente lanza las monedas desde abajo de las escaleras. Muchos tienen la puntería donde Buda les da a entender y acaban golpeando la columna y todo lo que se le ponga por delante. Así está la arquitectura del edificio, con unas incisiones curiosas en la parte frontal.
Tras ello hemos ido al parque Yoyogi. Pese a que ha sido una vuelta pequeña, se ha disfrutado del verdadero encanto del parque: los cuervos. Esos bichos negros que, por su tamaño, pueden comer niños. Se colocaban en las copas de los árboles para picotear pequeños frutos y las ramas se vencían. No viven mal esos cuervos desde luego.
En nuestra ruta por la zona de Yoyogi no podía faltar Takeshita dori. Una calle con multitud de tiendas de ropa a los lados. Bien podría ser la Fuencarral tokyota. De unos años a aquí he notado un buen cambio. Cada vez tienden más las tiendas a lo kawaii, colores más pastel, más tiendas de crepes con nata... Más niñas con vestidos y can-can...
Era la hora de comer y como ayer nos quedamos con las ganas de ir a probar en los bomberos el simulador de terremotos en Ikebukuro, ¡para allá que hemos ido! La idea era comer primero y para ello encontrar el lugar donde estuvimos hace dos años. ¡Bingo! No ha sido complicado: ABC se llamaba.
Ya con el estómago lleno hemos ido a que Silvia y Nacho aprendieran a saber qué hacer en caso de terremoto, incendio, etc. El manual básico de cualquier turista que se precie, vamos. Y han terminado con un carnet de los bomberos de Ikebukuro, así que mal no lo han hecho. Claro, y con el sellito estampado en nuestro cuaderno.
En esta ocasión a todos los que hemos ido a esta experiencia (dioses, cada vez hay más turistas) nos han dado la posibilidad de experimentar el terremoto de marzo de 2011. ¡Nunca me dejaré de asombrar comprobando cómo desliza la tierra a cinco adultos agarrados a una mesa! A una familia, a quienes han dejado los últimos, les iban a poner un terremoto suave, para primerizos, pero el niño se ha puesto a berrear cosa mala.
El siguiente paso ha sido utilizar un extintor contra un fuego (que están dentro de un vídeo, no os asustéis, madres) y por último salir de una casa llena de humo. Entre Nacho yendo agachado con sus patas largas y Hernán dando saltos como una rana ha sido un espectáculo.
Mamá, siempre dices que de mayor quieres ser como los japoneses. Pues mira, al poner los sellos en la libreta me he dejado una bolsa en el mostrador de los bomberos. ¿Y qué ha ocurrido? Que apenas habíamos cruzado una manzana cuando una mujer ha llegado corriendo a devolvérnosla. Son todo amor.
Ya avanzaba la tarde y era hora de acercarse a ver la ciudad desde las alturas. Así que hemos tomado el chikatetsu (metro) desde el norte hasta Shinjuku, para subir al piso 45 del Tōcho y ver caer al sol. La ciudad se iba iluminando poco. Una maravillosa imagen para las retinas.



Cuando hemos vuelto a poner los pies en la tierra, Hernán nos ha llevado a Kabukicho. Se llama así porque era en este sitio donde se situaban los teatros de Kabuki, las fiestas, el jolgorio, las risas... esas cosas. Me ha impresionado gratamente, he de decir. Cuando llegué por primera vez, hace seis años (se dice pronto), estaba casi vacío, señores con chicas, japoneses mazados en las puertas y lo de las fotos no parecía que estuviera muy bien. Quizá fue un mal momento, una mala calle, un mal día. Hoy se respiraba un ambiente totalmente diferente. Lo definiría como un Akihabara para adultos. Hemos llegado a los cine Toho, que tienen un gran Godzilla en su tejado; hemos puesto el sellito de rigor dentro... cosas de samuráis, ya sabéis.




La última parada de hoy era Shibuya. El gran cruce de Shibuya.
La verdad, a estos dos no sé si después de ver toda la gente y luces de Akiba y Shinjuku les habrá impresionado el cruce de este barrio. Una pena también que hoy esté poco transitado (no sabemos por qué). Ni mucho coche, ni mucha gente.
Ojo, no mucha gente para lo que suele ser Shibuya, porque los plantas en Madrid y te cierran el tráfico.
Son cosas que ocurren que suceden. Hay que improvisar.





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